El agua baja con fuerza arrolladora desde Puerto Iguazú y Yacyretá, ya inundó la ciudad de Itatí y pronto llegará a toda la cuenca del Paraná. Ante este panorama, los productores ganaderos de Corrientes, Chaco, Entre Ríos y Santa Fe comenzaron a movilizar la hacienda de las islas y los campos bajos, en un escenario que, entre otras cosas, podría sumar presión sobre los establecimientos de engorde a corral.
La dinámica de los traslados responde a una práctica habitual de los ganaderos que producen en zonas inundables: anticiparse al avance del agua y trasladar los animales desde los sectores bajos hacia terrenos más altos. Mauro Bravo, productor ganadero de Resistencia, Chaco, contó que hace varios días comenzó a mover las vacas con cría de las partes más comprometidas de su campo, algo que suele hacer para esta época, pero comentó que en su zona se observa mucho más movimiento que otros años.
En el norte de Santa Fe, los productores estiman que hay entre 120.000 y 200.000 cabezas en producción en las islas y las zonas inundables del departamento General Obligado, mientras que en San Javier el stock alcanzaría otras 30.000.
Un estudio del INTA Paraná advirtió que anticipar la salida de la hacienda ante una creciente del río Paraná puede reducir significativamente los costos operativos. Para un establecimiento de la localidad entrerriana de Villa Urquiza, los investigadores estimaron que retirar 500 animales en condiciones normales, en lugar de esperar hasta una evacuación generalizada, permite ahorrar unos 9 millones de pesos, equivalentes a 18.000 pesos por cabeza.
En este escenario, los feedlots cercanos a la cuenca se preparan para recibir un mayor flujo de animales, pero sin poner en riesgo el funcionamiento de las instalaciones ante la inminencia de meses con excesos de humedad. La situación representa una oportunidad para recibir hacienda que necesita salir de las zonas anegables, pero también un desafío operativo. La capacidad instalada no siempre coincide con la cantidad de animales que se pueden incorporar en condiciones adecuadas, sobre todo si las lluvias deterioran los pisos y complican el manejo diario.
Roberto Guercetti, presidente del establecimiento Conecar, ubicado en Carcarañá, Santa Fe, explicó que ya comenzaron a recibir consultas y confirmó que hay transportistas trasladando animales de urgencia hacia feedlots y campos particulares. Conecar cuenta con margen para recibir entre 4.000 y 5.000 animales adicionales, detalló Guercetti, pero advirtió que no necesariamente utilizará toda esa capacidad.
“Al feedlot, el barro no le gusta”, resumió. El problema es que una ocupación excesiva, combinada con lluvias persistentes, puede deteriorar los corrales, dificultar la circulación de los animales y generar costos posteriores para recuperar los pisos. El empresario considera que la decisión de sumar animales debe contemplar no solo la disponibilidad de espacio, sino también la capacidad de mantener las condiciones de alojamiento durante un período de mayores precipitaciones.
Adaptar animales y reforzar controles sanitarios
Después de un invierno seco, Conecar destinó buena parte de los últimos tres meses a limpiar canales y corrales con retroexcavadoras, camiones y palas. Ese trabajo permitió absorber sin inconvenientes una lluvia de 120 milímetros registrada recientemente. Sin embargo, Guercetti advirtió que el escenario puede cambiar si las precipitaciones se vuelven más frecuentes durante el verano.
La planificación también debe considerar que las crecidas de los ríos no responden exclusivamente a las lluvias locales. El agua que llega desde las cuencas superiores y Brasil influye sobre el nivel del Paraná y condiciona la salida de los animales de las islas. Así, los feedlots enfrentan dos desafíos simultáneos: responder a la demanda inmediata de recepción y prepararse para que los excesos hídricos no comprometan su propia operatoria.
Además de las instalaciones, el manejo de la hacienda que llega desde las islas exige precauciones específicas. Guercetti señaló que los animales suelen arribar en buen estado general, porque permanecen en condiciones aceptables hasta poco antes del traslado. Sin embargo, el tiempo que pasan con las patas en el agua, la carga, el transporte y el cambio de alimentación y ambiente pueden provocarles estrés.
“El tema más importante es el estrés”, remarcó. Por eso, recomendó reforzar la observación y los controles sanitarios durante los primeros días posteriores al ingreso, con una evaluación individual de los animales. La adaptación al corral requiere prestar atención a posibles complicaciones derivadas del traslado y evitar que un manejo uniforme desconozca las distintas condiciones en las que llega cada lote.
Una ocupación elevada por factores previos
La posibilidad de que las inundaciones incrementen la entrada de animales se presenta, además, en un momento en que los feedlots ya mantienen niveles de ocupación importantes. Según el último relevamiento de la Cámara Argentina de Feedlot, al 1° de octubre la ocupación se ubicó en el 72,16%, levemente por debajo del mes anterior, pero en septiembre el índice de reposición fue de 0,97 animales ingresados por cada animal que salió, un importante incremento frente al 0,74 de agosto.
El presidente de la Cámara, Fernando Storni, aclaró que esos indicadores responden principalmente a una tendencia previa de retención de hacienda y extensión de los ciclos de engorde, y no a los efectos de la coyuntura climática. Antes de que se intensificaran las preocupaciones por las crecidas, el sector esperaba una salida mayor de animales de los corrales. A esto se suma la posibilidad de que parte de la hacienda destinada a exportación permanezca en los establecimientos a la espera de que se normalicen las condiciones para la faena.
En el plano comercial, Guercetti consideró que los productores que anticiparon la salida de sus animales pueden aprovechar los kilos ganados a pasto en las islas y completar la terminación a corral. “Mientras ya lo tenés, como ahora, que le ganaste muchos kilos en la isla prácticamente gratis, este negocio cierra por todos lados”, afirmó. No obstante, advirtió que la ecuación puede cambiar cuando llega el momento de vender la hacienda terminada y comprar animales para reponer el stock.
El aumento de costos será inevitable para los ganaderos del Litoral y de otras zonas afectadas por los excesos hídricos y el achicamiento de campos. Habrá que ver si la demanda está lista para absorver esos aumentos o sí tendrán que ser los productores los que resignen rentabilidad.
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