Estar felizmente en la cama a las diez de la noche puede parecer poco emocionante a los 20 y convertirse en un plan perfecto décadas después.
Hay una base biológica para parte de este cambio. Las Academias Nacionales de Estados Unidos señalan que el envejecimiento suele acompañarse de un adelanto del ciclo circadiano: los adultos de entre 65 y 75 años tienden, en promedio, a acostarse alrededor de una hora antes que los jóvenes de 20 a 30.
No significa que todas las personas mayores prefieran acostarse temprano ni que las generaciones jóvenes desconozcan estas ideas. Se trata, más bien, de ocho actitudes que pueden aparecer con la experiencia.
Qué cambia con la edad
1. Acostarse temprano hace más fácil empezar bien el día
Dormir a una hora razonable permite despertar con más tiempo y, cuando se consigue un descanso suficiente, afrontar mejor las actividades del día siguiente. La clave no está simplemente en madrugar, sino en proteger las horas necesarias de sueño.
El miedo a "quedarse afuera" puedde llevar a aceptar planes que a uno no le diviertan. Foto: Shutterstock.
2. Está bien perderse algunas cosas
El famoso FOMO -miedo a quedarse afuera- puede llevar a aceptar planes que en realidad no apetecen. Con el tiempo, algunas personas descubren que perderse una salida no equivale a perderse la vida.
3. Dormir bien termina siendo una prioridad
El sueño participa en procesos como la memoria, la resolución de problemas y diferentes funciones cardiovasculares, hormonales e inmunológicas. Una revisión científica sobre el sueño y el envejecimiento también señala que los cambios en la calidad y la estructura del descanso pueden afectar el funcionamiento cognitivo.
4. Una pareja no necesita tener exactamente el mismo horario
Uno puede querer acostarse a las diez y el otro quedarse leyendo o viendo televisión. Aprender a respetar ritmos distintos puede ser más útil que obligarse a compartir cada parte de la rutina.
5. No estar disponible todo el tiempo puede ser saludable
Teléfonos, mensajes y trabajo hacen posible que otras personas accedan a nosotros casi a cualquier hora. Cortar esa disponibilidad antes de dormir crea un límite claro entre el día y el descanso.
6. La tranquilidad también puede ser un plan
No todos los momentos libres necesitan entretenimiento, conversación o una pantalla. Para algunas personas, descubrir el valor del silencio y de una rutina nocturna tranquila llega con los años.
7. Quedarse en casa no debería dar vergüenza
Hay etapas en las que decir “me voy a dormir” parece aburrido. Con mayor seguridad personal, puede importar menos parecer divertido ante los demás y más hacer aquello que realmente resulta agradable.
8. Las amistades no dependen de verse todo el tiempo
Con los años, algunas personas descubren que una amistad puede mantenerse aunque no haya encuentros constantes. Decir que no a una salida o preferir quedarse en casa no significa dejar de cuidar esos vínculos.
No estar disponible todo el tiempo puede ser saludable. Foto: Shutterstock.
La idea común detrás de las ocho lecciones no es que dormir a las 10 sea psicológicamente superior. Es que, con los años, algunas personas dejan de organizar su vida alrededor de la posibilidad de perderse algo.
La noche deja entonces de ser una competencia por aprovechar unas horas más. Irse a la cama temprano puede convertirse en algo mucho más simple: elegir aquello que el cuerpo y la mente necesitan sin sentir que esa decisión requiere aprobación.
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