“Decís que sos sex coach y aparecen dos reacciones: la persona que se pone colorada, y la que empieza a contarte su vida sexual completa. ¡No hay término medio!”, asegura Flopi Peych, codirectora de la Escuela de Sex Coaching de América Latina y autora del reciente libro Acabar (Diana).
“Lo más divertido son las consultas que aparecen en los lugares más insólitos: de repente alguien se acerca en una cena, una reunión o cualquier encuentro social y te dice ‘vos sabés de estas cosas…’ y se abre una conversación de cuarenta minutos”, describe, y asegura que esto “demuestra la enorme necesidad que tenemos de hablar de sexualidad. A veces basta con que alguien abra una puertita sin juzgar para que aparezcan preguntas que estuvieron guardadas durante años”.
El recorrido de Peych empezó hace casi veinte años por “curiosidad”, cuando arrancó un emprendimiento comercial de vender juguetes sexuales en su país, Uruguay: “Lo que más se vendía era el famoso anillito vibrador (que en aquel momento era descartable) y los aceites para masajes. Por estas latitudes, recién empezaban a entrar los vibradores. Sex and the City había hecho lo suyo con aquella escena memorable de Charlotte y su famoso Rabbit, cuando sus amigas prácticamente tenían que rescatarla de su habitación”.
Cuenta que la venta de esos productos abría conversaciones que iban mucho más allá de las compras. Algunas mujeres preguntaban si el uso de un vibrador podía afectar su relación de pareja; otras contaban que nunca habían tenido un orgasmo, que desconocían dónde estaba el clítoris o que sentían culpa por masturbarse. “Había personas que venían a comprar un lubricante y terminaban conversando una hora conmigo”, recuerda. “Ahí entendí que no estaba simplemente vendiendo productos al estilo Tuppersex. Estaba abriendo conversaciones que nadie se animaba a tener”.
El deseo y los mandatos, dos temas centrales de su trabajo como sex coach. Foto: @Lele Ruete.
Qué hace una sex coach
¿Qué hace una sex coach? Según explica Peych, el trabajo consiste en acompañar procesos individuales o de pareja a través de preguntas, objetivos y ejercicios de autoconocimiento. Las consultas pueden abordar el deseo, la comunicación, las creencias sobre el sexo o la exploración del placer.
“Una sex coach no te dice cómo tenés que vivir tu sexualidad, sino que te acompaña a descubrir cómo querés vivirla vos”, define. La aclaración es importante porque el sex coaching no hace sexología clínica ni psicoterapia. Peych señala que su enfoque es conversacional y educativo, con herramientas de coaching, Programación Neurolingüística (PNL) y trabajo corporal.
“No diagnosticamos ni tratamos enfermedades o disfunciones sexuales”, aclara. Ante situaciones que requieren una evaluación clínica, como dolor, posibles causas hormonales, efectos de medicamentos o trauma, corresponde recurrir a profesionales de la salud habilitados.
"Una cosa es mostrar un cuerpo. Otra muy distinta es habitarlo", reflexiona sobre la intimidad. Foto: @Lele Ruete.
Más cuerpos a la vista, menos intimidad
En marzo de 2026, Peych llevó al escenario de TEDx Punta del Este una pregunta que parece un signo de época y asegura que es de las que recibe con más frecuencia: “¿Dónde está mi deseo que no lo puedo encontrar?”.
“O, mejor dicho, ¡¿dónde están las ganas de tener ganas?! Vivimos en una época en la que aparentemente tenemos más libertad sexual, más información y más estímulos que nunca. Pero, paradójicamente, muchísimas personas sienten que perdieron las ganas”, plantea Flopi, quien el 22 de octubre hizo una presentación en Erotique Pink, y luego estará en Rosario y San Luis.
Para ella, la pregunta por el deseo también exige mirar las condiciones de vida, los mandatos y las expectativas sobre cómo debería funcionar la sexualidad. “Quería cuestionar justamente esa idea de que el deseo aparece o desaparece por arte de magia. Porque ¡también está bien no tener deseo! No se trata de convertirlo en una nueva obligación. Pero si es algo que queremos recuperar, vale la pena preguntarnos qué está pasando”.
En su libro dice que “hubo un tiempo donde sacarse la ropa era considerado un gesto memorable”. Consultada por Clarín sobre esto, dice que “esa frase nació cuando diseñé mi primera página web hace tantos años: las pin-ups. Me fascinaba ese universo donde la sugestión, el juego y la seducción tenían tanto protagonismo; donde no hacía falta mostrarlo todo para despertar el deseo. Hoy mostramos muchísimo y quizás nos encontramos bastante menos”.
La comparación con el presente, aclara, no implica idealizar el pasado. Mientras antes había más represión, culpa y silencio en torno al sexo, hoy la exposición de los cuerpos convive con una paradoja: ver desnudos en una pantalla no garantiza una mayor conexión con la propia intimidad.
“Una cosa es mostrar un cuerpo. Otra muy distinta es habitarlo. Y una cosa es ser deseado. Otra es desear. Para mí, ahí está una de las grandes conversaciones pendientes de nuestra época: recuperar el juego de la seducción, la sugestión, el misterio, ¡lo inesperado!”
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