La marca argentina de confección y venta de bikinis y ropa deportiva Class Life entró en concurso de acreedores. Su dueña, Planeta Agua S.A., recurrió a la Justicia el 22 de septiembre, cuando radicó la presentación formal para negociar una deuda superior a $ 1.580 millones con bancos, proveedores y el fisco, tras informar dificultades para sostener el negocio por la caída del consumo, costos crecientes y la mayor competencia importada.

La causa recayó en el Juzgado Nacional en lo Comercial N° 17, Secretaría Nº 33, que autorizó la apertura del concurso el 14 de octubre, según se desprende del expediente, luego de que la empresa decidió ir a la Justicia en su reunión de directorio del 9 de septiembre.

En relación con los próximos pasos que siguen en la causa, el tribunal fijó plazo hasta el 28 de diciembre para que los acreedores de la concursada soliciten la verificación de sus créditos, mientras que el órgano concursal tendrá tiempo para presentar las impugnaciones y observaciones correspondientes hasta el 23 de febrero. En tanto, la realización del informe individual de créditos vence el 20 de abril y la empresa tendrá tiempo hasta el 17 de diciembre de 2027 (periodo de exclusividad) para hacer una oferta de reestructuración del pasivo en el marco del concurso.

Actualmente, Class Life tiene un plantel de 30 personas, la mayoría con más de 30 años de antigüedad, y siete locales operativos: tres en la Ciudad de Buenos Aires, uno en la localidad bonaerense de Rojas, otros dos en la Costa Atlántica y uno en Corrientes, de acuerdo a la información de su sitio web. Sin embargo, en el texto judicial se aclara que es locataria, actualmente, de dos locales, a lo que se agrega la venta al consumidor final por canales digitales y a mayoristas.

Class Life tiene siete locales operativos, según su sitio web. Foto: archivo

En el escrito, la pyme explicó que, luego de la pandemia, tuvo una caída en los márgenes de ganancias, que persistió hasta los últimos ejercicios. Así, los balances 2023, 2024 y 2025 (tomando el rubro de ventas netas, menos el costo de estas, y restando los gastos de comercialización y administración) arrojaron una pérdida de $ 90.033.229,60, $ 315.881.475,24 y $ 130.616.106,09, respectivamente.

En el texto cargado en el sistema del Poder Judicial, la compañía afirmó también que pudo sobrellevar esos resultados negativos recurriendo al auxilio del crédito bancario, pero, a inicios de septiembre, se agotó esa posibilidad.

Asimismo, culpó a las compras online en el exterior. “Un ejemplo claro es la competencia que genera la plataforma Shein, dedicado al comercio electrónico, con ropa de temporada y precios con los cuales es muy dificultoso competir. También el caso de Temu, que vende en forma directa desde los fabricantes, sin intermediación alguna”, explicó.

Class Life tiene deudas con ARCA por $ 400 millones. Foto: archivo

“Ante la contracción de la demanda, si bien disminuyó sus costos operativos, las ventas proyectadas para este año fueron menores, y la planificación y el flujo de caja esperado se descalzó de los compromisos de pago, lo que derivó en el actual estado de iliquidez crítica e inestabilidad financiera, que provoca un estado de cesación de pagos”, profundizó.

Sobre las deudas con ARCA, en torno a $ 400 millones, señaló que la Sociedad, “a raíz de los aumentos de las tarifas, sumados a los incrementos en los costos, y con escaso volumen de ventas, comenzó a atrasarse en el cumplimiento a las obligaciones fiscales para lo cual se acogió a planes de facilidades, lo cuales también incumplió”.

La historia de Class Life

La marca nació vinculada a trajes de baño femeninos y, con el tiempo, sumó indumentaria fitness. Fue creada en 1985 por el matrimonio de Norma y Alberto Pardo, que desarrolló el negocio con producción propia en un taller de confección de 2.500 metros cuadrados en Palermo, locales y presencia en el exterior.

Mientras que Alberto presidió la compañía, Norma participó en el desarrollo. En los '90, su hija Ariana Pardo se incorporó como diseñadora de las colecciones.

La firma fue creada por Norma y Alberto Pardo. Foto: archivo

Así, la empresa fue construyendo una identidad asociada al diseño de bikinis y mallas enterizas, con modelos que combinaban tendencias internacionales y un estilo propio. En sus primeros años, tuvo una orientación exportadora, dado que en el mercado nacional la actividad se concentraba en solo tres meses del año, durante el verano.

Con la crisis de 2001, Class Life aventuró a ampliarse para no depender exclusivamente de la venta estacional de trajes de baño e incorporó indumentaria de deporte y tiempo libre. Tras esta diversificación, abrió locales propios en shoppings porteños y del Conurbano, y después avanzó hacia el Interior mediante socios y franquicias.

Su red comercial se extendió luego al extranjero y llegó a tener 25 sucursales en Uruguay, Chile, Colombia, República Dominicana y Aruba. Llegó a evaluar su ingreso a México y otros mercados latinoamericanos, donde la idea no era competir con la impronta más estridente de marcas caribeñas y estadounidense, sino con la estética europea, algo que, según había detectado la compañía, funcionaba bien entre los turistas que compraban en el Caribe.