Los faisanes asiáticos en la Patagonia son parte de una historia que comenzó hace más de siete décadas, cuando Argentina decidió incorporar animales extranjeros a una isla del sur del país.
En aquellos años, trasladar especies de un continente a otro no despertaba las mismas preocupaciones ambientales que existen actualmente. Al contrario, se consideraba una forma de aprovechar los espacios naturales y darles nuevos atractivos.
Todo ocurrió en la Isla Victoria, en el lago Nahuel Huapi, frente a las costas de Bariloche. El lugar, que actualmente forma parte del Parque Nacional Nahuel Huapi, tiene una superficie aproximada de 31 kilómetros cuadrados y pertenece a Neuquén.
Sin embargo, su transformación había comenzado mucho antes de 1950. A principios del siglo XX, precisamente desde el año 1907, Aarón de Anchorena impulsó la llegada de animales y plantas extranjeras, una práctica que posteriormente continuó bajo la administración estatal.
La intención era convertir la isla en un atractivo turístico y, al mismo tiempo, comprobar cómo respondían determinadas especies a las condiciones del sur argentino. Por esta razón, se plantaron árboles exóticos y se incorporaron animales que no pertenecían a la fauna regional.
Preocupación: hace 76 años Argentina liberó faisanes asiáticos en la Patagonia y hoy dominan el ambiente.
En la década de 1950 llegaron distintas variedades de faisanes, además de pavos reales y gallinas de Guinea. Sin embargo, la estación zoológica cerró en 1959 y buena parte de aquellos animales no consiguió mantenerse con vida en libertad.
Sin embargo, el faisán plateado, conocido científicamente como Lophura nycthemera fue la excepción. Esta ave originaria del sudeste asiático encontró condiciones favorables para reproducirse y terminó ocupando diferentes sectores de la isla.
Los machos son fáciles de reconocer por su plumaje blanco y negro, su larga cola y la piel roja que rodea los ojos. Las hembras tienen colores más discretos, principalmente marrones, que les permiten pasar inadvertidas entre las plantas.
El estudio del CONICET que reveló cuántos faisanes viven en la Isla Victoria
Entre junio de 2011 y mayo de 2012, investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional del Comahue instalaron ocho cámaras trampa para conocer qué animales habitaban la isla y con qué frecuencia aparecían.
El relevamiento reunió 710 registros independientes de aves y mamíferos terrestres. De ellos, 222 correspondieron a faisanes, una presencia destacada dentro del conjunto de animales detectados.
Pero el dato que más llamó la atención surgió al calcular cuántos ejemplares había por superficie. En los ambientes más intervenidos por el ser humano se estimaron 5,69 faisanes por hectárea, frente a 1,77 en las zonas menos modificadas.
El estudio que reveló cuántos faisanes viven en la Isla Victoria. Foto: Dick Daniels / Wikimedia Commons
Para dimensionar esa diferencia, basta mirar hacia Asia. En el Parque Nacional Khao Yai, en Tailandia, otro relevamiento había registrado una densidad de apenas 0,15 faisanes plateados por hectárea.
A diferencia de otras especies que necesitan condiciones muy específicas, estos faisanes encontraron alimento y refugio en los ambientes intervenidos. Su dieta incluye semillas, frutos, raíces y pequeños invertebrados que buscan entre las hojas del suelo.
Por qué preocupa la presencia de faisanes asiáticos en los bosques patagónicos
El problema no es simplemente que haya muchos faisanes. Lo que intentan determinar los investigadores es qué efectos puede tener una población tan numerosa sobre el bosque y las especies que viven allí.
También hay una diferencia importante con su ambiente original. En Asia, los faisanes plateados tienen depredadores naturales, como el gato leopardo y la comadreja siberiana, que forman parte de las relaciones habituales entre las especies.
Por qué preocupa la presencia de faisanes asiáticos en los bosques patagónicos.
En Isla Victoria, en cambio, no existían esos mismos depredadores. Aunque se confirmó la presencia de pumas, los faisanes siguen siendo abundantes, por lo que no está demostrado que estos felinos puedan controlar su población.
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