Cada vez que lo veo, pienso lo mismo: el lobo feroz ya no es lo que era. ¡Por suerte! Hace justo 10 años que anda en calzoncillos en una serie de libros que desarman miedos, prejuicios y juicios, a carcajadas.

Hablo de El lobo en calzoncillos, saga escrita por Wilfrid Lupano (1971), filósofo de la Sorbona, e ilustrada por Mayana Itoïz (1978), ambos franceses. Un bestseller en su país que acá edita Libros del Zorzal.

Todo empezó cuando Mayana dibujó un lobo para ponerlo en un cuadro de la habitación de su hijo, quien estaba asustado por el personaje que conocemos de las versiones clásicas de Caperucita Roja y Los tres chanchitos.

Cuando Wilfrid, el papá, vio al depredador en paños menores se le prendió la lamparita: ¿se puede ser el malvado de la historia en calzoncillos?

El Lobo en calzoncillos. Libros del Zorzal.

La razón de sus vidas

Es que, en el primer libro, los animales viven en una psicosis permanente. Todo en el bosque se organiza contra el lobo. Libros. Alarmas. Snacks. Y hasta hay una brigada que aparece al grito de “Antilobo la brigada, duerman todos sin frazada” (la traducción también es una belleza).

Pero este lobo yerra buscando calmar algunos achaques y mantener sus nalgas abrigadas.

"Quisimos mostrar cómo funciona el miedo y cómo se utilizan fobias colectivas para vender cosas o imponer reglas", resumió Wilfrid.

También lo dice claro el propio lobo ante los animales que no puede creer que no sea la fiera que se supone que debe ser y se preguntan qué van a hacer: “Lo siento, quizá el miedo no sea la única razón para vivir”.

El Lobo en calzoncillos. Libros del Zorzal.

Que los hay, los hay

No vamos a spoilear (más). Pero sí hay que aclarar que este lobo no pregona nada y menos, que los monstruos no existen. Hace algo más tenebroso: llevarnos a pensar qué, quiénes serán.

Además, este lobo habla de otros temas, entre ellos, la moda y de la identidad (si los calzoncillos hacen al lobo o el lobo a los calzoncillos o cómo es) y las trampas del conocimiento (a través de Tío Peluca, quien con su lana tibia, suave y un poco sucia puede abrigar y, cuidado, encantar hasta paralizar).

Y, si le hace falta, el lobo se las toma: "En el bosque, es sabido que la rutina diaria difícilmente te lleva muy lejos. Pero a veces alcanza con dar un pasito al costado, seguir una melodía contagiosa de un bote que se desliza en el agua y…"

Otro punto es que mientras los chicos se destornillan de risa ante el absurdo de los animales humanizados (y sus expresiones gigantes, desorbitadas), los adultos, también. Y además podemos leer una sátira política y social implacable.

¿Qué monstruos no pudimos todavía desnudar?

Para sostenerse, el miedo necesita solemnidad, sombras y distancia. Acá los calzones de lana roja y rayas blancas alcanzan para que esa estructura empiece a temblar.

Sabemos que la parodia funciona. Que las carcajadas son antídotos, y este lobo saca miles. Pero, si hace falta, se pone los pantalones, literalmente.