La interacción entre los humanos y el fuego fue clave en nuestra evolución. Según un revelador estudio científico publicado en la revista Nature, la evidencia más antigua confirmada del uso de fuego intencional se remonta a 400.000 años atrás. Sin embargo, puede que los homínidos no hayan sido los primeros.

A fines de 2025 los científicos Nick Ashton y Rob Davis, del Museo Británico, junto con Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, compartieron sus conclusiones tras analizar restos claves en un yacimiento de Barnham, en Suffolk.

Recuperaron hachas y herramientas de sílex fracturadas por efecto del calor, arcilla enrojecida y calcinada a más de 700 °C, fragmentos de pirita de hierro transportados de forma intencional, que datan de 400.000 años de antigüedad, por lo que atribuyen su uso a neandertales primitivos.

Las primeras fogatas marcaron un hito en la evolución humana. Ayudó a alumbrar, cocinar alimentos, protegerse y también cazar. Pero investigaciones paralelas estudiaron indicios aún más antiguos que sugieren que otros animales también aprendieron a "controlar el fuego" a medida que evolucionaron.

Otro estudio publicado en la revista Journal of Enthnobiology en 2018 se centra en un grupo de aves rapaces que habita en Australia que puede que se hayan relacionado con las llamas antes que los propios humanos.

El "milano silbador", un ave rapaz que caza en los incendios

Estudiaron tres especies de aves rapaces que agruparon con un particular nombre, "firehawks australianas", es decir, "halcones de fuego". En diálogo con la BBC, el ornitólogo Bob Gosford, coautor de la investigación, detalló que se trata del milano negro (Milvus migrans), el milano silbador (Haliastur sphenurus) y el halcón berigora (Falco berigora).

El milano silbador toma una ramita encendida que traslada con el pico o las garras y la deja caer en algún lugar que no haya sido alcanzado por las llamas. Su motivación es cazar presas que huyen del fuego.

"Las aves rapaces han estado en el planeta millones de años antes, con lo cual es posible que lo hayan descubierto antes de que aparecieran los humanos", le dijo a la revista New Scientist, Alex Kacelnik, experto en inteligencia de aves de la Universidad de Oxford.

Esta idea ya estaba latente desde la década de 1980, cuando Dick Eussen, jefe de un equipo de bomberos en el Parque Nacional de Kakadu, al norte de Australia, observó una escena que lo alarmó.

Trataban de impedir que un incendio de pastizal cruzara una carretera cuando de repente apareció un nuevo foco del otro lado. Entonces vio pasar frente a él a un milano silbador, que llevaba entre sus garras una rama humeante.

Cuando el ave soltó el palo sobre el pasto seco, empezó a salir humo. Esa tarde Eussen tuvo que apagar siete pequeños nuevos focos. En los cielos revoloteaban unos 25 milanos, pero solo dos parecían tener desarrollada la habilidad de transportar ramas encendidas con agilidad.

Algunos animales aprendieron a utilizar el fuego a su favor a lo largo de la historia evolutiva. Foto ilustrativa: Pixabay

Estas aves luego se concentran alrededor de las llamas para cazar presas vulnerables, como saltamontes, pequeños reptiles y roedores que intentan huir del fuego, y una vez que las cazan vuelan alto para protegerse del calor.

Aquel relato se complementó con los testimonios de distintos pueblos aborígenes del norte de Australia, que contaron lo mismo que Eussen durante varias generaciones.

En 2017 otro equipo de investigadores reunió los avistajes de 12 grupos aborígenes, además de relatos de bomberos, y todos coincidieron en la capacidad de las firehawks australianas.

El escarabajo "Melanophila acuminata", un pequeño amante del fuego

La naturaleza y sus ciclos en cadena son sorprendentes. Mientras el incendio sigue activo, empiezan a llegar otros animales. Uno de los que suele entrar en escena es el pequeño escarabajo Melanophila acuminata, que pertenece a un grupo de insectos conocidos como "pirófilos".

Su nombre significa "amantes del fuego", porque para esta especie un incendio no representa un peligro, sino un lugar cálido e ideal para reproducirse.

Melanophila acuminata, escarabajo. Foto: Wikimedia Commons/Udo Schmidt

Resulta que su ciclo de vida y reproducción dependen de la madera recién quemada. Los especímenes adultos llegan a los incendios forestales gracias a compuestos del humo que detectan con sus antenas.

Además, a ambos lados del tórax poseen pequeñas fosas con receptores sensibles a la radiación infrarroja. Esos diminutos receptores activan su sistema nervioso y les permiten orientarse para saber cuáles troncos calientes son peligrosos y acercarse a los que ya tienen las llamas apagadas.

Las hembras depositan allí los huevos debajo de la corteza de los árboles quemados. Las larvas nacen y se encuentran en un árbol que resulta un alimento ideal: madera debilitada.

Los pájaros carpinteros "Picoides arcticus", cazadores de larvas en troncos carbonizados

Algunas semanas más tarde, cuando las larvas de escarabajo crecen escondidas bajo la corteza de esos árboles quemados, llegan al lugar sus depredadores.

Uno de los más característicos es el pájaro carpintero pico dorsinegro (Picoides arcticus). De plumaje mayoritariamente negro, suele habitar los bosques boreales y de montaña, pero tiene predilección por aquellos que acaban de arder.

Trepa hasta los troncos carbonizados, retira fragmentos de corteza y perfora la madera hasta alcanzar las larvas de escarabajos que se esconden en su interior.

Una pareja de "Picoides arcticus", especie pájaro carpintero. Foto: Wikimedia Commons/Dominio público

Pero el ciclo de fuego forestal no termina allí. En 2024 otro equipo de investigadores estudió el comportamiento de algunos herbívoros en las interminables llanuras del Serengueti, un vasto ecosistema en África que abarca el norte de Tanzania y se extiende hasta el suroeste de Kenia.

El estudio, publicado en el portal científico del Ecology Society of America, aseguró que los herbívoros más pequeños muestran consistentemente una mayor preferencia por las zonas recientemente quemadas que las especies más grandes.

Lo denominaron "teoría de optimización energética" y postularon que existe un patrón que indica que algunos animales buscan maximizar su ingesta energética eligiendo pastos de alta calidad recientemente quemados.

Tras meses de observación en Serengeti, descubrieron que los primeros en aparecer son los herbívoros pequeños: especies como la gacela de Grant que buscaban parches quemados para mordisquear los primeros brotes.

Después llegan los búfalos y, paulatinamente, a medida que aumenta el tamaño del pastizal, también acuden animales de mayor tamaño que pueden digerir cantidades más grandes. Esta interacción entre el fuego y los grandes herbívoros se denomina "herbivoría pírica".

El ciclo finalmente queda establecido: llegan las aves que cazan entre las llamas, luego los insectos que buscan dónde reproducirse y colonizan la madera quemada con larvas que otros pájaros buscarán para alimentarse. Cuando entre las cenizas empieza a abrirse paso la vegetación, entran en escena los herbívoros. Casi como un relevo continuo, el fuego les marca el ritmo y los mecanismos de supervivencia.