Un depredador de hasta 24 brazos podría convertirse en una de las armas más importantes para recuperar los bosques submarinos de California. Científicos lograron que estrellas de mar girasol criadas en laboratorio volvieran temporalmente al océano, en un experimento que mostró resultados alentadores para el futuro de las algas marinas.
La especie, Pycnopodia helianthoides, no es una estrella de mar común. Puede alcanzar cerca de un metro de diámetro, tiene miles de pies tubulares y es un consumidor voraz de erizos de mar, precisamente uno de los animales responsables de convertir extensas zonas cubiertas de algas en terrenos submarinos casi desiertos.
El problema comenzó a adquirir una dimensión crítica en 2013, cuando la enfermedad conocida como síndrome de desgaste de las estrellas de mar provocó un colapso de sus poblaciones a lo largo de la costa del Pacífico. En California prácticamente desaparecieron.
Su ausencia coincidió con una expansión de los erizos y con otros factores, como las olas de calor marinas. En el norte de California se perdió alrededor del 95% de los bosques de algas en algunas áreas.
El experimento con 16 estrellas de mar que alimenta la esperanza
En 2026, el Sunflower Star Laboratory encabezó una nueva fase del proyecto junto con Reef Check, el Acuario de la Bahía de Monterey, los Laboratorios Marinos de Moss Landing, el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California y otras instituciones.
Estrella de mar girasol.
Los investigadores llevaron 16 estrellas de mar girasol criadas bajo cuidado humano hasta una zona dominada por erizos en la bahía de Monterey. Durante un mes permanecieron en recintos experimentales instalados en el mar.
La mitad recibió erizos desnutridos, similares a los que abundan en las áreas donde las algas ya desaparecieron; la otra mitad, erizos bien alimentados propios de ecosistemas más saludables.
El resultado fue llamativo: las estrellas que recibieron los erizos desnutridos consumieron muchos más y, aun así, aumentaron su masa corporal en más de un 50% en promedio. Esto es importante porque durante años hubo dudas sobre si los erizos de los llamados “desiertos de erizos”, con poco valor nutritivo, serían suficientes para sostener a sus depredadores.
Los científicos fueron incluso más lejos. Dejaron que algunos ejemplares realizaran recorridos de hasta dos horas fuera de los recintos, siempre acompañados por buzos. Fueron las primeras estrellas de mar girasol criadas en laboratorio que pudieron desplazarse temporalmente por un ecosistema costero de California y los primeros ejemplares conocidos en moverse libremente por la bahía de Monterey desde 2018.
La especie, Pycnopodia helianthoides, puede alcanzar cerca de un metro de diámetro, tiene miles de pies tubulares y es un consumidor voraz de erizos de mar.
Todavía no se trata de una reintroducción definitiva. El equipo necesita estudiar su resistencia a enfermedades, diversidad genética y supervivencia antes de liberar grandes cantidades.
Pero el mecanismo que buscan recuperar es sencillo: menos estrellas de mar significan más erizos; más erizos implican menos algas. Restaurar al depredador podría invertir, al menos en parte, esa cadena.
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