La Armada de Estados Unidos destinó 1.840 millones de dólares a reparar y modernizar cuatro cruceros lanzamisiles de la clase Ticonderoga, pero ninguno volvió a ser desplegado después de ingresar al programa de actualización. Los buques terminaron retirados sin que la inversión permitiera recuperar su capacidad operativa.

Los barcos involucrados fueron el USS Hue City, USS Anzio, USS Cowpens y USS Vicksburg, que formaban parte de un proyecto iniciado en 2015 para extender la vida útil de siete unidades. Según la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO), el programa completo demandó aproximadamente 3.700 millones de dólares y sufrió importantes problemas de planificación y supervisión.

El USS Cowpens, en un dique seco durante trabajos de restauración. Foto: Wikpedia

El fracaso quedó reflejado en unas 9.000 modificaciones contractuales, necesarias para abordar daños y desperfectos que no habían sido identificados inicialmente. El deterioro de las embarcaciones resultó considerablemente mayor al previsto, lo que multiplicó las tareas de mantenimiento, provocó retrasos y elevó los costos de manera sostenida.

Por qué fracasó la modernización de los cruceros Ticonderoga

Los cruceros de la clase Ticonderoga comenzaron a prestar servicio durante la década de 1980 y fueron diseñados para proteger grupos de portaaviones mediante el sistema de combate Aegis. También podían desarrollar misiones antisubmarinas, combatir otras embarcaciones y atacar objetivos terrestres mediante misiles de largo alcance.

El USS Vicksburg, parte de un proyecto iniciado en 2015. Foto: Wikipedia

A partir del USS Bunker Hill, estas unidades incorporaron 122 celdas de lanzamiento vertical Mk 41, capaces de transportar diferentes combinaciones de misiles, incluidos los Tomahawk. Esta capacidad convirtió a los cruceros en plataformas fundamentales para las operaciones navales estadounidenses.

Sin embargo, el envejecimiento de las embarcaciones complicó los trabajos de recuperación. Las inspecciones realizadas durante las reparaciones revelaron daños adicionales que obligaron a ampliar repetidamente las intervenciones previstas. La GAO identificó deficiencias en las estimaciones iniciales, la planificación y los mecanismos de control.

El USS Hue City. Foto: Wikipedia

De los siete cruceros incluidos en el programa, solamente USS Gettysburg, USS Chosin y USS Cape St. George completaron satisfactoriamente su modernización. La Armada extendió posteriormente sus períodos de servicio, mientras que los otros cuatro fueron retirados sin volver a participar en despliegues operativos.

La pérdida de capacidad militar que preocupa a Estados Unidos

El retiro de los Ticonderoga representa un desafío adicional para la Armada estadounidense porque reduce la cantidad de celdas disponibles para lanzar misiles. Los destructores de la clase Arleigh Burke, encargados de asumir buena parte de sus funciones, disponen de entre 90 y 96 celdas, frente a las 122 de los cruceros.

La diferencia resulta especialmente relevante para los misiles Tomahawk Block IV y Block V, cuyo alcance aproximado es de 1.000 millas (1.609 kilómetros). Estas armas permiten atacar instalaciones militares, sistemas de defensa aérea y centros de mando desde posiciones alejadas del territorio enemigo, sin depender inicialmente de aviones tripulados.

Estos busques fueron restaurados para cargar misiles Tomahawk. Foto: US Army

A esta reducción se suma el retiro progresivo de los cuatro submarinos lanzamisiles de la clase Ohio. Cada uno puede transportar hasta 154 misiles Tomahawk, una capacidad considerable que también desaparecerá de la flota cuando finalice su servicio.

El escenario adquiere importancia ante un eventual conflicto en el Indo-Pacífico, donde las enormes distancias y los sistemas defensivos chinos podrían exigir ataques desde posiciones alejadas. Aunque los destructores Arleigh Burke continuarán desempeñando misiones esenciales, su menor cantidad de celdas impide reemplazar individualmente toda la capacidad de lanzamiento de los Ticonderoga.

De esta manera, los 1.840 millones de dólares invertidos en los cuatro cruceros que nunca volvieron a desplegarse representan no solo un fracaso presupuestario, sino también una oportunidad perdida para conservar capacidad militar en un momento de creciente importancia estratégica de los misiles de largo alcance.