No existe una persona en el mundo que pueda llegar a la Argentina y movilizar a las multitudes que convocará el papa León XIV en los próximos días. Nadie.

Una fuerza que no podemos definir atraerá físicamente a millones adonde él vaya. Es importante reforzar esa imagen de convocatoria porque, si entendemos al poder como la capacidad de producir efectos sobre las personas, el papa demostrará con su llegada hasta qué punto el poder de la fe cristiana es firme y vigente en nuestro país.

Para los argentinos será un momento de unidad. Nadie mirará en la multitud quién es y qué piensa el que tiene al lado. Por un momento seremos un conjunto que cree en algo más grande que nosotros mismos.

El papa que viene representa los 2000 años de la Iglesia. También creo, de todo corazón, que su llegada trae consigo el halo del papa Francisco, a quien tanto quisimos. Nunca pudo volver a su casa. Tal vez Francisco sabía algo que nosotros ignoramos y por eso, con sabiduría, decidió no regresar. Murió en Roma. Lo extrañamos y con amor recibiremos a su sucesor.

La llegada del papa León marcará una época. Cada lugar que toque será un poco sagrado. Millones recordarán “el día que vi al papa”; habrá fotos, videos, placas y bendiciones que harán de esta venida algo inolvidable.

El papa en Argentina es, antes que nada, una oportunidad espiritual para asomarnos al verdadero propósito de nuestras vidas y sentir en nuestros corazones la serenidad que solo nos da la fe.

Le damos la bienvenida a aquel que viene en nombre del Señor.

Clara Muzzio es vicejefa de Gobierno de la CABA.