No es sorpresivo que la geografía, los hechos históricos del siglo XX, y el actual contexto global impacten la política exterior del Japón. Lo que es admirable es que esta política pueda afrontar con altos grados de responsabilidad los multidimensionales y multifacéticos desafíos que se le presentan.
La estratégica localización de Japón, lo enfrenta a múltiples retos. Ubicado al oeste del Océano Pacífico, Japón tiene acceso a 4 mares: el de Japón, el de Okhotsk, el de la China Oriental, y el de la China Meridional. Así, obstruye físicamente el tráfico marítimo de dos grandes potencias militares --China y Rusia--, y tiene como vecinos a las dos Coreas y a Taiwan, constantes centros de tensión militar.
Por ello, la primera responsabilidad del Japón es su seguridad ante las amenazas externas. Japón ha luchado con China y Rusia en el siglo XX, ha sobrevivido la guerra fría con la Unión Soviética, y está hoy expuesta a la rivalidad entre EE.UU. y China.
Por ello la alianza militar con EE.UU. es la piedra angular de su política exterior, e incluye la presencia de 15 bases y 55 mil militares norteamericanos en suelo nipón. Aunque la constitución japonesa renuncia al uso de la fuerza para dIrimir conflictos, se invierte en fuerzas de defensa al ritmo del 1,6% de su PBI, con la intención de llegar a 2% en 5 años, siendo así una poderosa fuerza militar.
Más aún, el gobierno de la primer ministro Sanae Takaichi propone elevar esta inversión a 3,5% en 10 años, lo que agrada a EE.UU. Takaichi ha ejercido una efectiva diplomacia presidencial y establecido una buena relación con el presidente Trump, algo siempre muy apreciado.
Bajo el ex-primer ministro Shinzo Abe, se “reinterpretó” la constitución para permitir defender a países amigos y/o aliados bajo ataque —principio de seguridad colectiva—. Se tomó consciencia de que Japón no podría defenderse solo ante un ataque de una superpotencia. A su vez, el vecino Taiwán representa un riesgo significativo a causa de su proximidad y la alianza militar con EE.UU. Abe sintetizó este riesgo afirmando que “una emergencia en Taiwán es una emergencia para Japón, y por ende una emergencia para la alianza Japón-EE.UU.”.
A pesar de la estrecha relación militar con EE.UU., Japón diversifica y expande sus relaciones internacionales económicas, para aumentar sus grados de resiliencia. Siendo la cuarta potencia económica mundial y gran defensor del orden internacional de la post guerra mundial, ve con preocupación cómo EE.UU. socava los pilares de este orden. Un episodio destacado ha sido la imposición de tarifas del 15% a sus exportaciones a EE.UU., luego reducidas a 12.5%.
Japón propone mantener un sistema económico internacional abierto y estable, basado en reglas, vital para su economía. Esta nación de 123 millones de habitantes y con un PBI de mas de 4380 mil millones de dólares, genera exportaciones de alto valor agregado, que representan un 22% de su PBI. Irónicamente, para este miembro del G7 y de la OCDE, su principal socio comercial es China, siendo también un importante destino de sus inversiones. China representa el 17% de sus exportaciones y el 25% de sus importaciones. Otros socios comerciales son EE.UU. (el 20% y el 12%), ASEAN, Corea del Sur, y Taiwán.
Buscando diversificar más aún su comercio, Japón impulsa el concepto del Indo Pacifico Libre y Abierto, para profundizar su relación con India, ASEAN, el golfo y Africa. Así, Japón es miembro del QUAD (junto a India, Australia y EE.UU), para asegurar la libre navegación del Indo-Pacífico.
Por otro lado, Japón asumió la responsabilidad de impulsar del exitoso CPTPP, luego del abandono de EE.UU.
Además de apoyar a sus empresas, la diplomacia japonesa procura dar mayor resiliencia a sus cadenas internacionales de aprovisionamiento. Un ejemplo es el de los semiconductores, o el “arroz de la industria”, de los cuales importa el 60% de Taiwán, buscando importar más de Malasia, Corea del Sur, y EE.UU. Otro ejemplo son las tierras raras, o “las vitaminas de la industria”, donde ha reducido su dependencia de China del 90 a 60%, importando de Vietnam, Tailandia y Australia.
En lo tecnológico, el alineamiento militar de Japón con EE.UU. determina las estrategias que Tokio implementa en cuanto a telecomunicaciones e inteligencia artificial (IA). Por ello, Microsoft invierte en infraestructura para la nube e IA, y en capacidades de ciberseguridad, mientras Nvidia provee semiconductores y también instala equipos para IA.
A su vez, participan las también norteamericanas IBM, Amazon y Cisco. En contrapartida no está permitido el uso de equipos de Huawei. Y existe un monitoreo constante de inversiones chinas y una restricción activa en el campo de la altas tecnologías, incluyendo las telecomunicaciones. En caso de inversiones chinas mayores a 1% en una empresa, intervienen los ministerios de Defensa y Finanzas, por razones de seguridad nacional.
En este multidimensional y multifacético contexto, es útil considerar las tres opciones estratégicas que Henry Kissinger consideraba posibles para Japón: un énfasis continuo en la alianza norteamericana, la adaptación al ascenso de China, o el depender de una política exterior de carácter crecientemente nacional.
La política exterior del gobierno de Sanae Takaichi, parece representar la simbiosis entre dos posturas, donde el alineamiento con EE.UU y nacionalismo japonés son compatibles. Esto tendrá consecuencias en las decisiones que se tomen en lo militar, en lo económico y en lo tecnológico.
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