El economista Ricardo Arriazu, que suele ser a la distancia consejero del gobierno libertario, advirtió que la reconversión del modelo que persigue Javier Milei enfrenta un serio riesgo. Que la destrucción tenga una velocidad superior a la creación. Es decir, que se pierdan más empleos de los que se logren generar. Razón de un factible crecimiento de la pobreza y descontento colectivo. Nubes negras. Desafío en ciernes.
Arriazu circunscribió su explicación al Conurbano bonaerense. Se replica casi de igual manera en todos los suburbios de las grandes ciudades del país. Un fenómeno que tiene que ver con el molde que, diseñado o no, perfila el sistema productivo. El economista resultó ilustrativo: los sectores dinámicos revitalizados como la energía y la minería (el agro lo ha sido siempre) demandan divisas, pero absorben poca mano de obra. La industria y el comercio, motores de empleo masivo, continúan en franco retroceso.
La caída del 2,6% para febrero comunicada por el Indec desaira por el momento los pronósticos libertarios Desmenuzando esa información se descubre más de lo mismo. Los sectores pujantes fueron el agro, la minería, la pesca y la intermediación financiera. El comercio mayorista y minorista y la industria continúan en el tobogán.
La reacción de las voces prominentes del Gobierno estaría desnudando dos cosas ante la adversidad. Una clara afectación de la narrativa política. Además, una debilidad argumental. Milei celebró que la Justicia haya repuesto a pleno la reforma laboral que, según él, “impedirá que se detenga el crecimiento que se viene”. Muy parecido a una invocación a la magia. El haber político de la vigencia de la norma corre por otro andarivel.
Luis Caputo, el ministro de Economía, apeló a una de sus inagotables bufonadas para describir la realidad. Explicó que la caída económica de febrero habría obedecido a la existencia de dos feriados (Carnaval) y un paro de la Confederación General del Trabajo. (CGT). “Toto” no debe ignorar los números que dan vuelta en el mercado. Según la consultora W, de Guillermo Oliveto, en base a datos del Indec y otras cuatro fuentes, las cifras de la actividad mantienen un relato con el consumo. El primer bimestre del 2026 comparado con igual período de 2025 solo muestra una fuerte recuperación en la venta de motos (+39%). Habría 14 rubros con tendencia declinante. Algunos con marcas llamativas: supermercados (4,5%), despacho de cemento (5,5%), indumentaria (8,5%) e inmuebles (11%).
El paisaje podría ser completado con una encuesta de Pulso Research, sobre 1.300 casos nacionales. En ella se refleja que el 65% de las personas tienen dificultades para llegar a fin de mes; el 90% cuida más el dinero que el año pasado; el 75% carece de capacidad de ahorro, el 65% hizo recortes de gastos en relación a 2025.
La evidencia indica que el Presidente y su ministro exhiben muchas dificultades para sobrepasar lo que el politólogo Federico Zapata define como “la estabilización de la emergencia”. La gran carta que le permitió sortear a Milei los dos primeros años pese a su debilidad de origen y la herencia recibida. Para la reelección del 2027 deberá mostrar destreza a fin de establecer un nuevo contrato de representación y desarrollo. Superar su “propio éxito relativo”, de acuerdo con el planteo de Zapata.
El empantanamiento que se observa hasta ahora podría ser la explicación de varias cuestiones que atraviesan al Gobierno. El estado colérico de Milei. Su tropa sumergida en una guerra de guerrillas inacabable. El florecimiento de episodios sobre falta de transparencia en la gestión. La imposibilidad de hallar todavía alguna fórmula matizada en la administración de la economía que le evite pagar costos sociales que, de varias formas, están a la vista.
El Presidente asoma desesperado porque no logra reinstalar en la opinión pública la vigencia del riesgo kirchnerista (kuka) de excelentes réditos en otra época. Quizá los riesgos para los mercados empiecen ya a ser compartidos. Se prepara para el próximo acto en el cual el oficialismo utilizará todas sus baterías: la presencia de Manuel Adorni en Diputados. El jefe de Gabinete debe dar su informe acechado por la causa de enriquecimiento ilícito en la cual todos los días surgen novedades sobre sus gastos y realidad patrimonial bien opaca. El contador irá munido de información sobre sus adversarios recabada en organismos del Estado que, en su mayoría, dependen de facto de Santiago Caputo. La Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) y la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA). Parece haber sido un gesto benevolente del joven que mantiene un duro enfrentamiento con Karina. Adorni, del círculo íntimo de la hermanísima, debería estar precavido para no quedar expuesto a alguna trampa.
Frente al vacío kirchnerista, el Presidente decidió fortalecer la narrativa que coloca siempre al periodismo en el centro del ring. El líder libertario multiplicó descalificaciones personales y generalizaciones sobre “la casta periodística”. A raíz de una imprudencia laboral cometida por un cronista decidió cerrar la Sala de Prensa de la Casa Rosada. Dicen que temporariamente. Allí donde en su época de apogeo solía aparecer Adorni. El portavoz silenciado. Ni la dictadura lo hizo.
Había existido un intento fallido meses atrás cuando creyó detectarse una maniobra de espionaje orquestada por agentes rusos que hicieron publicar artículos perjudiciales para el Gobierno en medios nacionales. Ardid sobre el cual la SIDE, de gastos millonarios, jamás estuvo al tanto. Se enteró por las difusiones periodísticas.
El nuevo episodio desnudó uno de los rasgos distintivos de los hermanos del poder. La realidad se dobla para ellos bajo el peso de la sospecha constante. Milei y Karina fueron informados del incidente mientras estaban en Israel. Coincidieron, con el acicate de la dama, en que debían dar un escarmiento a la prensa. Pidieron a la Casa Militar que plantara una denuncia en la Justicia por presunto espionaje y eventual riesgo para la seguridad presidencial. Cabría una pregunta: ¿creen de verdad en la gravedad de lo sucedido o sobreactúan para retomar una agenda pública que desde mediados de marzo está signada por el escándalo Adorni?
La ofensiva de Milei se produce en un trance delicado. Cuando se percibe alguna voltereta negativa del humor social contra el Gobierno. La opinión pública suele acompañar los ajustes por miedo. O si los resultados económicos asoman. Es mucho menos tolerante con las formas del autoritarismo cuando el bolsillo aprieta.
Los hermanos Milei suponen que muchas desventuras que soportan desaparecerían si el periodismo no existiera. Hay una dosis de razón en ese pensamiento. La revelación del escándalo $LIBRA, en el cual están metidos Karina y el líder libertario, lo certifica. Las supuestas coimas por la compra de medicamentos en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) también. El caso Adorni podría empezar a tener el efecto que produjo en el tiempo de Alberto Fernández aquella celebración de cumpleaños en Olivos en pleno encierro por la pandemia. Un peligroso camino de ida.
Han impactado además la percepción social los créditos del Banco Nación del cual sacaron provecho varios funcionarios de “Toto” Caputo. Alrededor suyo siguen apareciendo sorpresas: se supo también a través del periodismo (La Nación) que el secretario de Infraestructura, Carlos Frugoni, posee siete propiedades en Estados Unidos que nunca declaró. “Fue un error”, atinó a excusarse. La vida sigue igual.
La arremetida de Milei contra el periodismo tampoco constituye una novedad en democracia. Siempre hubo momento de tensión con el poder, incluso de aquellos mandatarios, como Raúl Alfonsín, que impulsaron la auténtica libertad. Pero en este siglo, a partir del kirchnerismo, se produjo un salto cualitativo. Una alteración de la matriz. Se tomó a la prensa como enemigo predilecto para puentear su intermediación con la sociedad e intentar consolidar un poder hegemónico. La ex presidenta también está persuadida de que gran parte de sus desdichas por corrupción, a raíz de las cuales paga una condena de seis años con prisión y ejecución de sus bienes, tuvieron como gran estimulante al periodismo. Podría darse la mano con Milei.
Ninguno de estos cortinados que acostumbra correr el Gobierno alcanzan para ocultar otro dilema que enfrenta el líder libertario. Cómo hacer para mantener el superávit fiscal -a juicio suyo viga maestra para controlar la inflación- sin tener que activar de nuevo la motosierra en el Estado. O formulado de otro modo: cómo profundizar el ajuste sin verificar algún costo social.
La administración libertaria, por ejemplo, ha recurrido a la Corte Suprema para intentar frenar la aplicación de la ley de Financiamiento Universitario. Fue ratificada por el Congreso superando con más de los dos tercios de los votos el veto presidencial. La Justicia falló a favor de las universidades e intimó al Gobierno a implementar la ley actualizando presupuestos y salarios. Nada de eso se cumple.
Para eludir también la Ley de Emergencia por Discapacidad el Gobierno envió al Congreso una reforma profunda a la normativa con algunos aspectos controvertidos. Solicita un censo forzoso después que durante dos años el Gobierno aseguró haber hecho una depuración de las prestaciones irregulares. Pretende imponer la “incompatibilidad absoluta” de las pensiones con cualquier trabajo registrado. Las prestaciones se realizan ahora de manera extremadamente precaria.
El conflicto no estaría limitado únicamente a esos dos sectores. Ambos producen una enorme radiación en la sociedad. Una onda expansiva que quizá no provoque estruendo. Pero rompa inercias.
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