Las operaciones de compra-venta, las consultas y la oferta de campos tuvo una pequeña merma durante marzo, como consecuencia de un aumento en la incertidumbre de los inversores debido a la “coyuntura política interna y las dudas sobre el rumbo económico”

Así lo indicó la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR), que sumó a los aspectos que determinaron una caída en la actividad del sector al contexto externo, donde la guerra en Medio Oriente y el aumento en los precios de los insumos básicos para el sector agropecuario impactaron en la “toma de decisiones”.

De esta manera, el índice elaborado por la entidad empresaria, que mide el nivel de actividad inmobiliario teniendo en cuenta la oferta, consultas y operaciones de compra-venta de campos, descendió 1,73 puntos en marzo hasta los 40,82 puntos, valor que se ubica 8,41 puntos por debajo del promedio de 2025.

En diálogo con Clarín Rural, el presidente de CAIR, Lucas Palma, indicó que este descenso tiene una explicación “multicausal”, en el que la actualidad política y económica juegan un papel fundamental en este sentido.

“En este último mes el Gobierno tuvo algún que otro traspié y esto se refleja. Cualquier movimiento político impacta en las inversiones”, indicó Palma.

Índice InCAIR.

Por el lado de los campos agrícolas, el directivo remarcó que hay una retracción en la oferta que “impacta que las ventas, porque cuesta conseguirlos y se informan pocas operaciones”.

Pero por el lado ganadero, es otro el motivo que muestra este enfriamiento: la necesidad de que el rumbo económico continúe, teniendo en cuenta que son inversiones de largo plazo que precisan estabilidad en las políticas.

Se espera mayore claridad política en este sentido y que continúe este signo político, porque cualquier nube que aparece hace que piensen en las políticas que se aplicaron en los últimos 20 años. La ganadería es muy promisoria y el negocio es bueno, pero la inversión - sobre todo la extra sector - necesita más claridad de que este gobierno va a continuar”, sostuvo Palma.

Según el presidente de CAIR, la política hacia el sector aplicada en las últimas décadas, que consideró “un ataque sistemático a la producción ganadera, haciendo retroceder el rodeo”, no solo impactaron en la actividad productiva, sino también en el valor de la tierra.

“Los campos valen entre la mitad y un tercio menos de lo que salen en los países vecinos”, esgrimió Palma. Hoy, la hectárea de un campo ganadero en la Cuenca del Salado esta valuado en US$ 4.000, en Corrientes entre US$ 1.500 y US$ 2.500 y en las zonas más marginales entre US$ 500 y US$ 1200. Por su parte, los campos agrícolas en zona núcleo alcanzan precios de entre US$ 18.000 y US$ 23.000 por hectárea.

Asimismo, indicó que hay políticas y reformas que se deben llevar a cabo para que las inversiones fluyan con mayor celeridad, como cambios en la “barrera impositiva” de la venta de vientres, que se gravan con un 35%, la quita de retenciones, rever la Ley de Bosques y reglamentar la habilitación para la compra de tierras por parte de los extranjeros.

Si bien remarcó que “los campos se siguen vendiendo”, indicó que el nivel de actividad en la compra-venta de campos “va a ir al ritmo de la política. La confianza es determinante, porque son negocios a largo plazo”.