Con una puesta en escena inédita en los más de 30 años que llevan haciéndose estos informes, el Gobierno buscó convertir la presentación del Jefe de Gabinete ante el Congreso en una apuesta por mantener vivo el relato que acompañó a Javier Milei en la campaña que lo llevó a la Presidencia. Fue una operación riesgosa, porque implica atar el peso de todo un Gobierno a la suerte de un solo funcionario, que, para agravar el cuadro, está pasando por su momento de mayor debilidad desde que decidió saltar a la arena pública.

Arropado por el apoyo del Presidente y de prácticamente todo el Gabinete, Adorni dio su primer informe ante la Cámara de Diputados. Una y otra vez se ajustó a un libreto que ya había traído por escrito y que leyó en varias oportunidades con pequeñas variantes. En resumen, lo que dijo fue que no estaba dispuesto a dar explicaciones ni detalles sobre cómo consiguió los más de 100 mil dólares que gastó en efectivo en más de un año y cómo financió sus costosos viajes familiares y las compras de dos departamentos en la Capital Federal y una casa en un country club de Exaltación de la Cruz.

Tal vez haga falta recordar que las explicaciones que no quiso dar Adorni son las mismas que no pudo recibir la población que lo estaba escuchando en forma directa -a través de las transmisiones televisivas- y por medio de los diputados nacionales, que son, según postula la Constitución, los representantes del pueblo.

En contraste con el muy visible operativo de apoyo que le armó Javier Milei -que no hace otra cosa que resaltar y darle mayor visibilidad al momento por el que está pasando su Jefe de Gabinete- Adorni está convencido de que su mejor estrategia es callar y esperar a que el paso del tiempo lo vaya corriendo del ring.

Su presentación en Diputados, cree Adorni, será el pico de sus problemas, y a partir de ese momento comenzarán a perder fuerza las críticas que le llueven desde hace semanas y que tienen congelada a la Jefatura de Gabinete. En ese esquema no entra el cálculo sobre el daño que su calvario personal le está ocasionando al Gobierno en general. Esa cuenta, por supuesto, se incrementa cada vez que Milei hace publicar una foto, un abrazo o una reunión dedicada a sostener a su funcionario.

Aún no queda claro qué papel le asigna Milei a Adorni en ese futuro que él imagina un poco más amable. Ya no podrá ser el vocero que se peleaba con los periodistas, un rol que nunca dejó de desempeñar. Tampoco será, según admite el Jefe de Gabinete, un candidato posible para el oficialismo en las elecciones del año próximo en la Ciudad. Adorni tendrá que encontrar una salida al laberinto que él mismo se armó.