El libro se titula Gestor mínimos, fue publicado en Chile por la Editorial Diego Portales y esta noche fue el centro del diálogo entre el crítico y escritor Matías Serra Bradford, editor de la revista Ñ, y la autora: María Sonia Cristoff, en el espacio cultural de Clarín-Ñ de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. "Si hay algo que se complica a la hora de hablar de los libros de María Sonia, es poder definirlos justamente. Y creo que es una de sus varias virtudes”, la presentó el periodista.
'Una literatura de gestos mínimos'. La escritora María Sonia Cristoff en diálogo con Matías Serra Bradford. Foto: Antonio Becerra.
“Los ‘gestos mínimos’, como los llamó la propia autora, son prácticas ínfimas de resistencia en los territorios que habita. Muchos de ellos circularon primero en revistas de distintas latitudes; no surgieron de la urgencia periodística ni de la coyuntura inmediata, sino de un tono deliberadamente reposado, fiel a un proyecto hecho de digresiones, desvíos y exploraciones. Leídos en conjunto, ofrecen un mapa atractivo de obsesiones, gustos y sensibilidades que confirman a Cristoff como una narradora imprescindible en el panorama hispanoamericano actual”, presentó la editorial el volumen.
Cristoff aseguró que escribe porque “es algo que le da muchas capas de vitalidad a esta experiencia de la vida” y agregó que esa es una conclusión a la que llegó “después de batallar mucho contra la escritura”, porque, al revés de lo que suele pasar con muchas escritoras y escritores, ella “no quería ser escritora”.
En rigor, la autora de Mal de época (2017) confesó que escribir profesionalmente no le parecía “un buen plan. Siempre fui lectora y toda la vida me pareció que es un lugar mucho más atractivo por miles de razones de las que podemos hablar. De hecho, fui lectora adicta toda la vida, leí desde los 3 años y leí toda la vida. Después, me vine del sur a hacer una carrera universitaria, que es Letras en Puan, que es una maravilla de lectura porque, básicamente, es una carrera para leer y yo estuve feliz ahí”, compartió.
Solo una lectora
El problema, aseguró, fue cuando terminó sus estudios: “Pensé en la tragedia de tener que dejar de ser solo una lectora”. En esos tiempos, Cristoff escribía, “pero una cosa es escribir y otra cosa es escribir para ser escritora”. Ese proyecto profesional era intolerable para ella y lo resistió con entusiasmo durante mucho tiempo.
'Una literatura de gestos mínimos'. La escritora María Sonia Cristoff en diálogo con Matías Serra Bradford. Foto: Antonio Becerra.
“Ser una escritora, esta cosa del personaje público, es una cosa con la que estuve muy peleada de entrada y sigo un poco peleada en este momento, ahora ya un poquito más domesticada”, dijo. Entonces, pasó de un empleo a otro: periodista, editora, redactora publicitaria, profesora de nivel medio... “Diez trabajos distintos, que me aburrían y me desesperaban, porque claramente lo que necesitaba era encerrarme a escribir”, recordó con una sonrisa.
Consultada por su paso a la novela, Cristoff explicó: “Mi insistencia con la no ficción tiene que ver con alguna manera de asumir el lugar de donde vengo. La escritura te obliga a asumir cosas del mundo y tuyas con las que no estás de acuerdo. Me peleé muchísimo conmigo, en la escritura, y con el mundo, ni te cuento”. Además, recordó que siempre le parecía que la novela “era el mundo de los otros. Primero, era el mundo de los autores y autoras extraordinarios que yo había leído durante décadas. Luego, había algo como del canon masculino en la novela, era el terreno de los muchachos. Y una tercera cosa, también la novela era el terreno de los porteños”.
Pero en algún momento, un clic le permitió “empezar a adentrarme en el universo de la novela con curiosidad y placer y siento que ahí realmente estaba un modo de escribir que me provocaba. Pero lo hice llevándome conmigo la no ficción, por eso todas mis novelas están atravesadas por fragmentos no ficcionales o historias no ficcionales y tiene que ver con cómo se arma la subjetividad cuando escribís”, puntualizó.
Sobre su rol docente, aseguró que confiaba en la experiencia de compartir, pero que no estaba segura de que se pudiera transmitir algo sobre la escritura. “Las verdades más importantes de la escritura se juegan fuera de los espacios institucionales, esto está claro, yo no le miento a nadie, empiezo los cursos hablando de eso”, explicó.
'Una literatura de gestos mínimos'. La escritora María Sonia Cristoff en diálogo con Matías Serra Bradford. Foto: Antonio Becerra.
Sin embargo, opinó: “Me parece que tener un espacio institucional en la universidad pública para abrir el juego es sumamente importante”.
Antes de terminar, la autora de Desubicados (2006) y Falsa calma (2005) explicó la relación entre las caminatas que realiza y su escritura: “La escenografía es importante, la escenografía del escritorio me parece maravillosa en momentos, días u horas y otros lo odio. Entonces, para procesar esas contradicciones, la caminata es como un escritorio ambulante”.
Una vida, dos historias
La actividad de cierre en el espacio cultural de Clarín-Ñ de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires fue una entrevista con la escritora y guionista Teresa Donato, a propósito de su libro Desaparecida dos veces (Seix Barral) y la obra de teatro Mi vida anterior, que ya fue vista por ocho mil personas y se presenta hasta este fin de semana en Dumont 4040, aunque regresa en agosto.
Donato, que fue periodista en las revistas Claudia y Elle, recordó que conoció a Ana María Massochi en un restaurante de San Pablo: "Ella empezó a contarme que había sido oficial en Montoneros y detalles de su historia, pidiéndome que no le dijera nada a nadie porque nadie sabía cuál había sido su pasado. Vivió 50 años sin contar a nadie su historia", reveló.
Esas conversaciones se multiplicaron en el tiempo y así fue como la periodista y guionista comenzó a hacerse un panorama general sobre esa vida: Massochi había comenzado a militar como estudiante de Asistente Social desde las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) hasta que confluyeron en Montoneros, donde ella alcanzó el grado de oficial segunda.
Su marido, Jorge Livieres, fue asesinado en 1975 durante la toma del Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa y, desde ese momento, ella pasó a la clandestinidad, que la llevó a deambular entre Rosario y Buenos Aires hasta que fue detenida y luego secuestrada en 1978. Fue violada, torturada y finalmente liberada. Desde entonces, hizo silencio. Hasta que se cruzó con Donato.
Teresa Donato presentó 'Desaparecida dos veces' en el espacio cultural de Clarín-Ñ. Foto: Antonio Becerra.
"En 2022, su hijo le pide que le cuente ese pasado, pero como no tenía el coraje de escucharla en primera persona, ella me pregunta si yo podría escribirlo. ‘Vos sos la única persona con la que hablé de este tema, es con vos o no es’", recordó la periodista. Desde ese momento, las charlas se transformaron en entrevistas.
La idea era escribir un libro, pero entonces apareció el teatro. "Le cuento a una amiga lo que estoy haciendo y ella me dice que debería escribir una obra de teatro. Al día siguiente, me encuentro con el actor y director Dennis Smith y me pide que lo hagamos juntos. Habíamos pensado en una actriz, pero él terminó diciendo que lo quería hacer y, como yo confío en su talento, acepté", reconstruyó Donato.
Escribir dramaturgia no era algo nuevo para ella, ya que se formó con Mauricio Kartun, Javier Daulte, Marcela Citterio y Andrés Di Tella, entre otros maestros. De hecho, ella está detrás de producciones televisivas como Patito Feo, Chica vampiro, Viudas e hijos del Rock & Roll, Nina, El elegido, Amor en custodia y Herencia de amor.
"Así salió Mi vida anterior, que estrenamos en el Festival Internacional de Buenos Aires de 2024, que ya vieron 8000 personas y todas las funciones han estado agotadas. No digo esto con soberbia, sino con esperanza, porque quiere decir que hay 8000 personas que pagaron una entrada para escuchar esta historia y reflexionar sobre los sobrevivientes que fueron tratados como traidores. A nosotros nos hace sentir menos solos en este momento tan áspero que vivimos", explicó Donato.
Pero antes del estreno, hubo una función especial: "Vino Ana María con su familia, con la familia de Jorge Livieres que vive en Paraguay y vinieron amigos de todos lados. Fue muy emocionante porque eran 40 personas que descubrían la historia de Ana María y le decían: ‘No sabíamos nada’".
Teresa Donato presentó 'Desaparecida dos veces' en el espacio cultural de Clarín-Ñ. Foto: Antonio Becerra.
Donato contó que Massochi vivió esas experiencias con felicidad y miedo. Mucho miedo: "La presentación del libro en febrero fue con invitación cerrada, porque ella todo el tiempo tiene miedo a que aparezca su captor. De todos modos, yo siento que para ella es, no sé si un perdón, pero sí un reconocimiento".
Donato valoró que aquella generación, a la que pertenece Massochi, quisiera un mundo mejor. "Tal vez con unas herramientas equivocadas, pero había algo de lo colectivo y lo que dice Ana María en una entrevista a Clarín: ‘Nosotros peleamos por un mundo mejor cuando había un 4% de pobreza’. ¿Qué nivel de pobreza tenemos ahora?", concluyó la escritora.
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