El neurocientífico argentino Gustavo Deco, investigador de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) con sede en Barcelona, asistió a un seminario internacional sobre educación en Girona y habló del innovador "mapa global del cerebro" que confeccionó junto a un grupo de científicos suizos, británicos y canadienses.
Nacido en la provincia de Santa Fe y oriundo de la ciudad de Rosario, actualmente reside en Europa, donde realiza múltiples investigaciones sobre la salud cerebral.
El catedrático y director del Center for Brain and Cognition, lideró un nuevo estudio que fue destacado por Advanced Science y ya empieza a causar revuelo a nivel internacional.
"Los resultados marcarán un antes y un después", expresó Deco en diálogo con la agencia EFE. Junto a colegas de la Universidad de Oxford y la Universidad de Budapest, desarrolló un nuevo mapa cerebral, basado en su investigación, registrada y publicada en su libro, Whole Brain Modelling Cartography Dynamics.
"Es un modelo global del cerebro, un mapa cartográfico de la actividad cerebral, sobre todo a nivel funcional, que permite observar cómo el cerebro se organiza, cómo está orquestado en diferentes situaciones y cómo cambia dinámicamente durante las distintas etapas del desarrollo", detalló Deco.
Gustavo Deco es un exponente de neurociencia con prestigio internacional. Foto: Universidad Pompeu Fabra
Se analizó incluso la influencia de la educación y la docencia en el cerebro infantil. "Combinamos neurociencia y pedagogía para entender qué aspectos del sistema educativo se pueden cambiar para que tenga un influjo más positivo en la reorganización del cerebro", indicó.
Cerebro estresado vs. cerebro feliz
El experto definió las emociones positivas como "el lubricante del aprendizaje" y aseguró que los estados de bienestar aumentan la conectividad global y la flexibilidad de la red cerebral, lo que facilita que la información se asiente mejor en la memoria a largo plazo.
En otra entrevista con el medio Educación 3.0 lo resumió en una sola frase: "Un cerebro estresado está en modo supervivencia; un cerebro feliz está en modo aprendizaje".
Dividió los diferentes sistemas educativos existentes entre rígidos y flexibles. "La influencia más positiva que detectamos en los sujetos de estudio fue en la educación del tipo flexible, que se aleja de modelos más clásicos", aseveró.
Un grupo de neurocientíficos creó un "mapa global" del cerebro humano. Foto: Pixabay
El denominado "sistema Montessori", en el que se han formado destacadas figuras de las artes y de la tecnología, se comparó con uno tradicional suizo "bastante riguroso".
"Hay una diferencia física y funcional en cuanto a la forma en la que el cerebro funciona cuando recibe la información, según cómo se la presenten", precisa el neurocientífico.
El objetivo, una vez confirmada las diferentes influencias que provoca en el cerebro la formación flexible y rígida, será avanzar para extraer conclusiones claras en el ámbito práctico educativo.
Anticipó que este las conclusiones definitivas requerirán de más investigación, con la colaboración de educadores, pero la iniciativa está puesta en transformar la educación y adaptarla a los ritmos reales del cerebro.
Los mitos del cerebro infantil: "El cerebro adolescente no es un cerebro casi adulto"
Pese al desconocimiento que existe sobre el funcionamiento del cerebro, Deco asegura que la neurociencia evoluciona constantemente y se han realizado avances en torno a la comprensión de cómo se comunican las distintas regiones cerebrales durante el crecimiento.
Los métodos de enseñanza tienen impacto directo en el cerebro de los niños. Foto: ilustración Shutterstock.
Al inicio de la investigación, muchos de los participantes, que eran adolescentes, atravesaron la pandemia de coronavirus. "El confinamiento por el Covid-19 y el efecto que tuvo en los adolescentes que formaron parte del estudio fue muy grande, mucho mayor que el efecto que tiene la exposición a un celular", indicó.
Consultado sobre la intención de impedir el acceso a las redes sociales en España a los menores de 16 años, Deco aclara que no hay suficientes estudios científicos que respalden la medida. "Sin embargo, como padre y boomer que soy, me parece bien la medida", respaldó.
"Hoy día nos preocupamos muchísimo por la alimentación y el deporte de nuestros hijos, porque sabemos que influyen en su bienestar físico, pero más nos tendríamos que preocupar por la educación, que influye en la parte más importante de ese físico: el cerebro", señaló.
Contrario a lo que el sentido común podría indicar, aseguró que el cerebro de un adolescente no es un "cerebro adulto incompleto". "Un cerebro adolescente está en estado de alta plasticidad y reconfiguración, optimizando sus rutas de transmisión de información", explicó sobre las particularidades que caracterizan esa compleja etapa de la vida.
A nivel educativo, aquella afirmación sugiere que no enseñar conceptos aislados a los adolescentes no sería el enfoque más eficaz. "Teniendo en cuenta que el cerebro adolescente es, ante todo, un órgano social, el aprendizaje debe ser colaborativo", remarcó.
"El aprendizaje efectivo ocurre cuando el entorno educativo permite que el cerebro integre información de abajo hacia arriba, y de arriba hacia abajo, creando una armonía entre la atención y la curiosidad", sostuvo.
Los adolescentes tienen un cerebro en constante transformación. Foto ilustración Shutterstock.
Los modelos como el Montessori fomentan una exploración activa que podría fortalecer las conexiones neuronales, las mismas que fomentan la organización jerárquica dentro del cerebro.
"Menos repetición mecánica y más contexto enriquecedor parece ser la clave", sostuvo. Y aclaró: "No soy educador, pero recomendaría respetar los ritmos circadianos y la necesidad de movimiento; y dar margen de elección para activar los sistemas de recompensa intrínseca".
El cerebro humano es más eficiente que la IA
El método del Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) también mostró que podrían tener efectos positivos en los alumnos. "Representa un desafío significativo para ellos, su cerebro activará redes de asociación global que le permitirán generalizar ese conocimiento a nuevas situaciones de forma casi instintiva", explica.
"El cerebro humano es increíblemente eficiente y a diferencia de la IA actual, no necesita millones de datos para aprender un concepto", comentó Deco.
Las capacidades y el funcionamiento neuronal de los humanos es muy distinto al de la IA. Foto ilustración Shutterstock.
"Mientras que la IA actual se basa en la fuerza bruta estadística y el ajuste de billones de parámetros para predecir patrones, el cerebro opera bajo principios de eficiencia y orquestación jerárquica radicalmente distintos", indica.
Esas diferencias son las que establecen la "superioridad biológica" del ser humano, propiedades que al Inteligencia Artificial aún no puede imitar. "A diferencia de las redes neuronales artificiales que requieren muestras masivas para converger, la arquitectura del cerebro le permite generalizar conceptos abstractos a partir de una fracción mínima de ejemplos", describió.
"La IA, por definición, es un sistema de interpolación de datos pasados, mientras que el cerebro humano es un sistema de proyección de futuro", distinguió.
"Nuestra capacidad de crear no nace de la probabilidad, sino de una estructura biológica que integra emociones y estados de conciencia para darle sentido al mundo", destacó.
"En definitiva, la IA es un espejo de nuestra producción de datos, pero el cerebro es el generador de la complejidad funcional que permite la vida y la cultura", sentenció.
Con información de la agencia EFE.
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