¿Cómo leer un libro sobre el sueño, interpretar el significado de cada palabra, cada frase, cada onomatopeya que arroja la ciencia a través de magníficas ilustraciones y no dormirse en el intento? De eso se trata Abecedario del sueño, el libro del biólogo, investigador del Conicet, docente y divulgador argentino Diego Golombek que Editorial Siglo XXI lanzó este año.

La ciencia sueño para toda familia. Diálogo con Diego Golombek autor de Abecedario sueño en el espacio cultural Clarín-Ñ.Foto: Mariana Nedelcu.

Una idea original para toda la familia, para que chicas y chicos y, por qué no, personas de cualquier generación puedan descubrir el verdadero significado de las palabras vinculadas al “arte de dormir por naturaleza”, de la “A” hasta la “ZZZZ”, como así suena. Viene con ilustraciones de Juan Dellacha y un método científico para explicar el por qué de cada palabra.

Golombek presentó su libro anoche en el espacio Clarín/Ñ en el Pabellón 9 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en una entretenida charla que compartió con la periodista Judith Savloff. El biólogo dio una clase magistral sobre cada una de las terminologías que empleó sobre el sueño en todas sus facetas. El tema en cuestión es: ¿Qué nos pasa cuando dormimos? La ciencia y el sueño para toda la familia.

“El libro no se me ocurrió tanto a mí, fue una idea más conjunta con Laura Leibiker, editora de la serie infantil y juvenil de Siglo XXI. Entre los dos pensamos que un lindo formato sería un abecedario. Sería contar palabras del sueño porque cada una es un mini-cuento. Por eso, el libro es una gran ayuda para dormir, sobre todo los libros de cuentos porque son cortitos y podés terminarlos. Y si estás con mucho sueño, por lo menos un par de palabras podés leer”.

No es apagarse

¿Por qué dormimos?, indagó Savloff, editora del diario Clarín. “Sabemos que el sueño no es apagarse, por el contrario, tenemos que prestarle partes del cerebro al cuerpo para poder dormir. Sin dudas, el sueño es fundamental para estar vivos. Si privás al animal del laboratorio de sueños probablemente se muera en dos semanas, lo mismo tarda en morirse si no come. O sea, dormir es tan vital como comer”, argumentó Golombek.

Y amplió: “Además, preparás el cuerpo, aprovechás la energía, consolidás la memoria. Son cantidades de funciones que todavía hoy en día se están conociendo que lo hacen tan vital y tan fundamental. No es un lujo, es una necesidad. Por eso, la importancia de hoy de hablar del sueño cuando hace unos 20 años en el campo se dormía poco: entre 4 y 5 horas”.

Si realmente dormís tan poco, salvo en algún porcentaje muy pequeño de la población, te va a ir mal. También te vas a enfermar, vas a estar de mal humor y vas a tener más accidentes. Entonces, a dormir que se acaba el mundo”, completó el biólogo, divulgador y también escritor.

“¿Qué fue lo que más te sorprendió cuando te pusiste a trabajar en este libro sobre el sueño? Ahora tenés un público mucho más exigente: son los chicos que no te dejan pasar medio error”, quiso saber Savloff.

“Son extraordinarios científicos porque hacen preguntas”, respondió Golombek, y siguió: “Ese es el origen de la ciencia, es la cantidad de preguntas inagotables sobre el sueño que inmediatamente genera interés. Empezás a hablar del sueño y a todo el mundo le pega a cualquier edad: ya sea chicos, adolescentes, adultos y adultos mayores.

“Hay un tema con el sueño. Si haces el cálculo, estarías durmiendo unos veintipico de años. Esto genera preguntas, pero, encima, si lo enfocás desde el punto de vista biológico, no solamente los humanos dormimos, sino que todos los bichos están dando vueltas, y vas a preguntarte ¿Qué le pasa a una mariposa, a un delfín o a una planta? ¿También duermen? Ahí aparecen las preguntas de los chicos y chicas, son extraordinarias y se atreven a hacerlas.

“Cuando eras niño y pensaste alguna vez que ibas a ser científico, ¿qué te atrajo del sueño?”, preguntó Savloff.

“En realidad me vino de grande, ya que de chico iba mucho más por humanidades. Por supuesto que de chico tenía preguntas sobre el sueño, creo recordar algo parecido a los sueños o primeras memorias. Pero el interés por el sueño, por el que tenemos un reloj y estamos hechos de tiempo, me vino de grande, cuando estaba en la Facultad”. Y agregó: “Después apareció el cerebro, el sueño, apareció el tiempo”, comentó el investigador del Conicet.

Hablar sobre el sueño a los chicos en términos científicos no es una tarea para nada sencilla. Sin embargo, Golombek logró hacerlo gracias a las ilustraciones de Juan Dellacha.

“¿Cómo es el desafío de hablar del sueño para un público tan amplio, para la familia? Te apoyaste en las ilustraciones, también en la organización a través del abecedario. ¿Qué fue lo más difícil y lo más lindo que te ha pasado?”, preguntó Savloff, que ofició de moderadora en el stand Clarín-Ñ.

“El desafío de contar la ciencia siempre es contarla en el sentido de hacer un cuento que sea fascinante y que quiera saber después qué pasa en la parada del bondi cuando estás leyendo, pero sin perder cierto rigor científico”, aseguró Golombek.

Precisamente, Abecedario del sueño contiene palabras, términos y onomatopeyas que más de uno quisiera conocer. Entre ellas, figuran “Ajum”, “Bostezo”, “Cronotipo” y también “ZZZZZ”, la última de este singular abecedario. Cada una tiene su explicación.

“Algunas son muy obvias. Por ejemplo, pis. ¿A quién no le pasa que alguien tenga ganas de hacer pis a la noche? Me levanto, pero el médico me dice que tengo que dormir 7-8 horas. ¿Cuenta hacer pis? Está todo bien, hagan pis tranquilos, ¡No hay ningún problema!”, exclamó Golombek.

La ciencia sueño para toda familia. Diálogo con Diego Golombek autor de Abecedario sueño en el espacio cultural Clarín-Ñ.Foto: Mariana Nedelcu.

“¿Qué ocurre con las palabras que comienzan con las letras ‘K’, ‘X’ o ‘W’?”, indagó Savloff.

“En la letra ‘K’ es verdad que el kiwi tiene algunos principios que promueven el sueño”, dijo Golombek, y siguió: “Spoiler: es verdad, pero tenés que comprar unos kilos, después te puede dormir bastante la panza hasta que terminás haciendo caca en cubos”, explicó entre risas compartidas con los visitantes de la Feria.

“Respecto a la ‘W’, elegimos la palabra wombat: es un bicho australiano que duerme muchísimo y tiene como característica hacer caca en cubos”.

Con la ‘X’ hicimos un curro porque ‘X’ en realidad es cromosoma ‘X’ para hablar si hay un componente genético, sobre todo, de género determinado cromosómicamente con el sueño; por ejemplo: si las mujeres duermen igual o no que los hombres. La respuesta es sí, incluso, las mujeres tienden a dormir un poquito mejor, pero son mucho más sensibles a los problemas del sueño. Duermen igual, pero tal vez se despiertan diciendo ‘no dormí del todo bien’ porque son más sensibles a eso que perdieron”.

También dijo que “Ahum” es una onomatopeya de bostezo. “Así como zzzzzz (la última de las letras), también es onomatopéyica y tiene una historia: apareció por primera vez en una historieta a principios del siglo XX, que supuestamente ‘zzzzzz’ es como una sierra. Cuando un personaje está durmiendo no sólo le ponen ‘zzzzz’, sino que le ponen una sierra que está cortando el tronco. Supuestamente, es el sonido del ronquido. Tal vez en inglés la gente ronca diciendo ‘zzzzz’, pero nosotros roncamos distinto. Es una de las particularidades de las palabras que tienen que ver con el sueño”, afirmó Golombek.

Los argentinos y el sueño

Judith Savloff quiso saber de qué manera duermen los argentinos y cuánto tiempo tardan en despertarse, entre otras cosas.

Según Golombek, “hay mucho trabajo, muchos colegas argentinos trataron de entender qué pasa acá. Se habla mucho de esto porque las personas pueden ser más matutinas o vespertinas. En la jerga se habla de alondras (personas muy matutinas) y búhos (personas muy vespertinas)”, argumentó.

“Esto tiene dos componentes: el que traés de fábrica, lo hereditario, y si sos muy extremo matutino y te levantás muy temprano y a las 6-7 de la mañana estás pidiendo pista, posiblemente haya un componente hereditario. Si te cuesta mucho levantarte y recién estás bien a la tardecita, posiblemente también lo haya”, añadió el biólogo y divulgador científico.

“Pero no solamente lo que traemos de fábrica, somos lo que hacemos con lo que traemos de fábrica. Somos nuestra cultura, nuestro ambiente, lo que comemos, el colegio, los amigos... La culminación de estas dos cosas es todo lo que hacemos, incluyendo cómo dormimos”, explicó.

Además, citó a Hebe Uhart como “una gran escritora argentina, una gran cuentista realmente extraordinaria. Una vez, en una entrevista, le preguntaron: ‘¿dígame, Hebe, se nace escritor?’. Su respuesta fue: ‘no, se nace bebé’. Entonces, uno podría preguntarse, ¿se nace alondra o búho? No, se nace bebé y sobre eso construís una persona muy matutina o muy vespertina”, analizó.

Según el relato de Golombek, la Argentina y, en particular, en las grandes ciudades como Buenos Aires, Córdoba, La Plata, “son ciudades búho: donde todo ocurre tarde”.

“El prime time de la tele es tarde, cenamos muy tarde y además, la cena es el momento de la unión de la familia. Nos jactamos de ser la ciudad que nunca duerme y las disquerías están abiertas toda la noche. Son maravillosas, pero conspiran mucho contra la posibilidad de dormir porque no es que hacemos todo muy tarde y entramos al colegio más tarde o vamos a trabajar más tarde. ¡Minga! El colegio sigue empezando a las 7:30 de la mañana, el horario para ir a la oficina comienza a las 8:00-9:00 de la mañana, con lo cual esta sociedad búho hace que comprimamos las horas de sueño”, sentenció.

La ciencia sueño para toda familia. Diálogo con Diego Golombek autor de Abecedario sueño en el espacio cultural Clarín-Ñ.Foto: Mariana Nedelcu.

¿Cuántas horas duermen los argentinos?

Golombek señaló que compartió una encuesta “muy extensa” con colegas de la Universidad Di Tella que arrojó lo siguiente: sobre 30.000 casos en todo el país, la gente duerme de 6 a 7 horas en promedio en adultos. “El mínimo recomendado para adultos es de 7 horas”.

También señaló que los adolescentes tendrían que dormir por lo menos unas 8 horas. “¡No las duermen! ¿Cómo van a dormir 8 horas si los que van al turno mañana tienen que levantarse a las 6 de la mañana para ir al colegio?”, justificó el autor de Abecedario del sueño.

En cambio, en los niños y niñas nos dio un promedio de 9 horas. Ahí tenemos buenas noticias: en general, duermen muy cercano o están en el promedio que se considera saludable”.

“También somos búhos”, subrayó. “¿Cómo te das cuenta de eso? Porque uno tiende a dormir más los fines de semana que los días de semana. La diferencia entre el horario en el cual dormimos los días de semana y los fines de semana se llama jet lag social. Esto es cuando volás, atravesás husos horarios, llegás a Europa, Asia, etc... para el mundo es una hora y para vos, es otra. Estás medio zombie, durante unos días no sabés si fuiste a Eurodisney o al museo del Louvre hasta que te acomodás. Eso te puede pasar sin moverte de tu casa porque tu horario de adentro, tu relojito de adentro, marca una hora y tu reloj pulsera, es decir, tu despertador, marca otra”, analizó.

“Otra relación interesante es la relación entre la ciencia y el arte. Acá hay dibujos e ilustraciones. ¿Cómo se hace más accesible el conocimiento? Para los chicos, a veces este acceso se da a través de la ilustración”, cuestionó Savloff.

“Juan Dellacha fue recibiendo las palabras y devolviendo cosas maravillosas. Con él tuvimos pocas idas y vueltas para corregir o cambiar algunas cosas. También estuvo Laura como editora. Fue todo tan hermoso lo que se iba dando que fueron muy pocos los cambios”, reconoció Golombek.

Y cerró: “También estoy muy de acuerdo con el arte como vehículo de comunicación científica, en este caso, en un libro ilustrado. Se puede utilizar el teatro, la música, la literatura de ficción. Hay un formato, un género literario que se llama ciencia y ficción. No ciencia ficción, no estamos hablando de viajes espaciales, estamos hablando de ficcionalizar la ciencia o agregar elementos científicos que le dan mayor credibilidad a una trama, como lo hacen Guillermo Martínez y Jorge Volpi: eso lo leés como un caramelo porque hay algo detrás, pasó mucha ciencia y recontra funciona”.

La ciencia sueño para toda familia. Diálogo con Diego Golombek autor de Abecedario sueño en el espacio cultural Clarín-Ñ.Foto: Mariana Nedelcu.

Mitos y verdades sobre el sueño

El primero consiste en saber si el sueño se recupera. Golombek se basó en un experimento realizado en la década del 70: “Pusieron a un sujeto experimental de una especie, de una raza muy particular que se utilizan en estos estudios, se llama estudiante. Lo pusieron a no dormir. Básicamente, a los cachetazos limpios. ¿Cuánto les parece que aguantó sin dormir?”, preguntó a los presentes.

“Estuvo 11 días sin dormir, fueron casi 12. El pibe estaba muy mal, con alucinaciones. Cuando se fue a dormir, ¿cuánto durmió la primera noche después de estar 11 días sin dormir? Durmió 14 horas en la primera noche, en la segunda noche durmió 12 horas y en la tercera noche, 8. Es decir, lo que perdió en esos 11 días no lo recuperó más. El mito de que te recuperás con una siesta o con un fin de semana es un mito”, completó, contundente.

El segundo mito es que a nadie se le niega una siesta de 3-4 horas. “¡Es un mito!”, respondió Golombek, y argumentó: “Si te da ganas de dormir 3-4 horas, adelante. Sobre todo, aquellas poblaciones que están muy cerca de los trópicos, donde hace mucho calor. Se duerme mal cuando hace más calor porque para mantener tu temperatura interna, entonces dormís. Por eso, las provincias del norte argentino o en países que están cerca del Ecuador duermen más siesta”.

“Pero la siesta que garpa, la que realmente ayuda es la siesta corta. En inglés se llama power nap (siesta poderosa), que dura unos 20, 25 o 30 minutos”, sentenció el biólogo y escritor.

“También tenemos una receta para la siesta: es el famoso ‘napuchino’. La cafeína despierta, interfiere con los circuitos neuronales que dan sueño, los que generan cansancio. La cafeína da la sensación de que estás más despierto, más alerta. Tarda entre 20 y 30 minutos en actuar”.

La ciencia sueño para toda familia. Diálogo con Diego Golombek autor de Abecedario sueño en el espacio cultural Clarín-Ñ.Foto: Mariana Nedelcu.

“Pero si te agarra sueño a las 14:00 y tenés que parar un cachito, te tomás un Nespresso, un café, te vas a dormir y ponés la alarma a la media hora. Ahí tenés dos ventajas: te vas a despertar de una siesta corta, que es la que realmente ayuda y no tiene efecto rebote, y la cafeína va a empezar a actuar”, explicó.

“Como segundo consejo es que los últimos cafés te los tenés que tomar durante el día. Hay gente que metaboliza la cafeína rápidamente y otros que lo hacen lentamente. Tomás un café a las 16:00 y durante horas te va a estar dando vueltas la cafeína en sangre. Si querés ir a dormir a las 23:00, por ahí tenés cafeína en el sistema. Si sos de esas personas, entonces a la tarde tendrás que tomar poco café y a la tardecita o a la noche ya nada de eso”, concluyó.