Antonio Lorente dice que los ojos son el espejo del alma. Y dibuja en consecuencia. Sus personajes tienen siempre ojos grandes. Transparentes pero misteriosos, son un sello de su obra.

Ahora Lorente viajó de España a Buenos Aires para presentar, entre otros libros, su reinvención de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, una de cuyas máximas es, ya saben, “lo esencial es invisible a los ojos”.

¿Importa esa supuesta contradicción? Sí, porque permite confirmar que Lorente no traduce textos clásicos a imágenes sino que los interpreta, para expandir sentidos, para ayudarnos a mirar más allá de lo evidente, para que abramos los ojos, grandes.

El arte propone espejos y abre ventanas.

Lorente nació en Almería, Andalucía, en 1987. Estudió Bellas Artes en Valencia. Vivió en Londres y en Portugal. Trabajó en animación. Y finalmente decidió dedicarse a trabajar sobre clásicos con herramientas del arte contemporáneo.

Su obra, editada para coleccionar, incluye Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu; La leyenda de sleepy Hollow, de Washington Irving; dos tomos de Mujercitas, de Louisa May Alcott; Las aventuras de Tom Sawyer, de Mark Twain, Peter Pan, de James Barrie y Ana la de Tejas Verdes, de L. M. Montgomery, bestseller, entre otras maravillas, como 13 de fantasmas, de varios autores, y Grandes amores de la literatura, de Espido Freire.

Antonio Lorente. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

El estilo de Lorente combina lecciones de la academia y del arte popular. Por ejemplo, la exaltación de la subjetividad frente al realismo que marcó a los pintores simbolistas (como Odilon Redon) y los ojos gigantes de los chicos que pintó la norteamericana Margaret Keane, cuya historia contó Tim Burton en la película Big Eyes.

Claro que lo real se cuela en el universo de Lorente. O bien lo deja pasar. Se inspira en conocidos, familiares. Incluyó un autorretrato suyo, de su papá y de su hermano en su obra sobre Tom Sawyer (aparte de empezar su carrera ilustrando textos de su hermana María Jesús).

Pero justamente lo contrario le pasó con El Principito, cuya primera edición fue en 1943. “Es un niño especial y no encontré a nadie que me pudiera prestar ese alma”, cuenta en esta entrevista con Clarín Cultura.

Tapa. Por Antonio Lorente

"Un embarazo deseado"

-¿Cuando leíste por primera vez El Principito?

-La primera vez fue de pequeño, sería a los ocho o diez años, en el colegio. Fue una lectura obligatoria pero me encantó. Lo vi principalmente como un libro de aventuras. En la adolescencia empecé a comprender la magia del Principito, cuya lectura siempre es distinta, según el momento en el que lo leas. Cuando terminé la carrera y me fui a vivir a Londres, fue el primer libro que me compré en inglés. Un libro que ya conocía. Un libro que ya me era familiar. Y ahí tuvo otra lectura: me ayudó en el momento en el que estaba viviendo solo y añorando.

Tapa. Por Antonio Lorente

-Y cuando estabas por ilustrar El Principito, ¿qué te generó?

-Lo he estado esperando mucho tiempo. Es como un embarazo muy deseado y un parto bien bien avenido. Yo ya sabía que lo iba a hacer. Solo había que respetar los plazos de los derechos de autor.

-¿Qué es lo que más te gusta del texto?

-Me llega todo porque es filosofía pura. La importancia de cuidar…Todos los planetas, lo que va encontrando en su viaje, toda la crítica que hace a la sociedad, es alucinante. A no ser que seas un lector muy avispado y con previa explicación, creo que es muy difícil que le des todos los sentidos que puede ofrecer.

El Principito. Por Antonio Lorente.

-¿En quién te inspiraste para dibujar? Te retrataste con tu papá y tu hermano en el libro sobre Tom Sawyer.

-Ese Tom Sawyer existe. Es un niño de mi pueblo. Eso me pasa mucho. Lo conocía porque es el sobrino de una amiga de mi hermana. Cuando lo vi, dije: “Necesito a tu sobrino, Carmen”. Le saqué fotos charlando para poder encontrar gestos y trabajar. Te diría que la mayoría de los personaje de mis libros existen.

-¿Y El Principito?

-Es fantasía pura. Es tan alucinante que no encontré a nadie real para inspirarme. Tuve clara la sensación que quería que la gente tuviese cuando viera a El Principito y está en su alma más que en su fisionomía. Me inspiré un poco en Eduardo Manostijeras (también popular por Tim Burton), en su mezcla de cierta indiferencia y de ternura.

El Principito. Por Antonio Lorente.

Entre líneas y rosas

-Por la nostalgia y su inmersión en la naturaleza, tu trabajo en El Principito recuerda a las obras de los pintores simbolistas.

-Sí, tiene esa mirada de nostalgia y de niño especial, porque es un niño especial. Eso era lo que quería transmitir. Pero no encontré quien me pudiera prestar ese alma. Entonces dije: “Nada, de mi imaginación”. Y apareció.

-¿Cómo te das cuenta de que un personaje está listo?

-Mmm... Hice varias pruebas de El Principito. Cuando di con la cara y di con la mirada me faltaba el pelo. Estaba demasiado peinado. Era poco bohemio. Así que empecé a soltar mechones, a sumarle libertad. Y al final el pelo, tanto el pelo como la forma de su fular, de su deseo, tienen vida propia y se mueven casi todo el rato, conforme van leyendo mis ilustraciones.

-Decís que el fular simboliza los deseos de El Principito. ¿Por dónde va la lectura que proponen tus ilustraciones?

-Que lo digan los lectores. De lo que estoy seguro, tras haber ilustrado tantos clásicos, es de que las ilustraciones deben aportar significados, otras lecturas, al texto. La tarea del ilustrador es invitar a los lectores a observar. Te diré que pueden ir viendo cómo se siente El Principito, según tiene su pelo y su bufanda, más caídos, más al vuelo. Tiene casi un aspecto vegetal la bufanda.

-¿Qué es lo que más te gusta de este libro?

-¡Haberlo ilustrado! Para este libro tuve dos cosas muy claras. Una, que iba a ser todo muy blanco, como el original. Es decir, que el espacio que todos conocemos como negro se transformaría en blanco como es en los dibujos de Antoine (De Saint-Exupéry). Lo que pretendí fue darle alma a esas líneas que escribió y dibujó de Antoine, respetando su imaginario. Entonces hay muchas ilustraciones que, aunque están súper acabadas con mi estilo, muestran de dónde vienen.

El principito. Por Antonio Lorente

-La multiplicación de las rosas en el libro es un aporte tuyo.

-Sí, tengo algo muy especial con ellas. Cuando El Principito toca la rosa, cuando la huele, cuando descubre las espinas… Es una escena imborrable.

-¿Qué te gustaría que pase con esta versión de El Principito?

-Lo tengo claro. Y me gusta que me lo preguntes. Creo que los niños se están formando de una manera muy diferente a nosotros. Todo es tan visual, tan rápido, que captar su atención es complejo. Están acostumbrados a muchos estímulos. Acercar a un niño pequeño al original es más complicado que acercarlo a este Principito, porque a lo mejor se aburre.

-¿Y qué esperás que ocurra entre los lectores que descubren El Principito con tu libro y el original?

-Regresarán al original. Estoy seguro. Volverán porque ese libro funciona solo. De hecho, fue una de las cosas que hasta el último momento me hizo preguntarme si era buena idea ilustrarlo. Lo pensé hasta que dije:¿por qué no? Solo puede sumar.

Tapa. Mujercitas, por Antonio Lorente.

Quién le teme a la IA

-Me das pie para hablar del auge de los libros ilustrados y los libros álbum en la era digital, en el marco de la multiplicación de imágenes de la que hablábamos y el imperio de la inmediatez.

-Estos libros te hacen parar, parar y descansar. No son para un consumo rápido, sino para atesorar, para tocar, para guardarlo y cuidarlo. Por otra parte, veo algo importante en la gente que viene a las firmas de ejemplares. Muchas veces los padres quieren que los hijos lean un clásico porque desean que vivan lo mismo que han vivido ellos. A la vez, al padre o a la madre trato de hacerlos volver a su infancia. Es súper bonito fomentar esa experiencia.

-Contaste que le pediste a un modelo de Inteligencia Artificial que dibujara con tu estilo y te defraudó. ¿Volviste a probar?

-No. Lo que recibí fue una criatura desalmada. Pero creo que es importante decirles a los ilustradores que están empezando que no teman perder su trabajo. Es un miedo que yo ya no tengo. La mano humana le gana a la frialdad de la máquina. Volvamos a las bellas artes. Retrocedamos.

-Hay una competencia feroz de imágenes, inédita.

-Claro, tienes mogollón de gente que no sabe quién ha hecho qué. Esto es real. Entonces, mete alma, mete proceso, mete mano y la gente ya te empieza a respetar sabiendo que sabes hacerlo.

-Igual no renegás de lo digital.

-Me da igual que pintes con pintura digital, muestra tu proceso, que la gente vea, porque eso se valora. La Inteligencia Artificial se va a quedar y servirá para muchas cosas. En el arte habrá que restringirla para que no infrinja ninguna norma. Cuando yo terminé Bellas Artes en Valencia viví la llegada de la pintura digital y para mí fue una pasada, porque venía de pintar con óleo y de mancharme las manos y de repente descubrí el mundo de la tableta gráfica. Justo me había mudado a Londres. Y me salvó la vida la tableta porque podía pintar y podía dibujar sin comprarme materiales, cuando no tenía un duro.

-¿Cuál será tu próximo libro?

-Estoy haciendo algo muy personal y muy, muy diferente a lo que a lo que la gente está acostumbrada. Trabajo sobre la figura de Federico García Lorca, porque yo compré una casa donde él vivió en Almería. Empecé a investigar sobre su vida, obra, el personaje. Y decidí crear un diario. Por ahora te puedo decir que es una cosa caótica a la que le estoy buscando forma.

Antonio Lorente firma ejemplares hoy 2 de mayo, de 17 a 20, en el stand 1717 del Pabellón Amarillo, en la Feria del Libro.