La figura de Roque Alberto Avallay cubrió más de una década de nuestro fútbol de Primera, entre mediados de los 60 y de los 70, en plena transición desde aquellos campeonatos ultradefensivos hasta la apertura hacia un juego más audaz que desembocaría en la conquista delLuis vinke título mundial. Avallay -llegado muy joven desde su Mendoza natal- tendría sus momentos estelares con un fugaz (aunque exitoso) paso por Independiente, disfrutó al máximo con el mejor Huracán de la historia -campeón 1973- y algunas pinceladas y muchos goles para Racing, donde la hinchada alternó entre la aceptación (casi como ídolo) hasta la reprobación.
Pero su estilo de juego -un centrodelantero nato y con capacidad de gol, pero que a la vez tenía la soltura y manejo para conectar con los armadores- hacían de Avallay un jugador muy valorado por los técnicos. Astuto, veloz, peligroso. Y Menotti aquellos técnicos lo tuvo como uno de sus puntales en aquel Huracán campeón. También fue convocado a la Selección Argentina en distintos momentos, pero allí terminaría con un dejo de frustración: muy joven para el 66, no habría oportunidad en el 70 ya que Argentina no clasificó. Podía ser Alemania 74, pero una lesión en los amistosos previos lo dejó afuera.
Su llegada a Independiente también alternó con algún infortunio -su caída al foso en el estadio durante un partido de Copa- con una alegría de las mayores, la conquista de la segunda Libertadores consecutiva a las pocas semanas, la del 65.
Avallay había nacido el 14 de diciembre de 1945 en San Rafael y desde chico alternaba su pasión futbolera con el trabajo para ayudar a la familia: participaba en las cosechas de frutas. Y también trabajó en Bodega Giol, donde estaba su padre. Algunos “ojeadores” de Capital lo vieron en los campeonatos provinciales y tras su paso por Deportivo Maipú, se lo llevó Independiente en marzo del 65. Para el equipo mendocino había marcado 20 goles en 22 juegos del torneo del 64.
"Como mi papá Manuel jugaba de número dos yo también elegí la función de primer marcador central en la época que jugaba al baby fútbol. De chico estaba entre Maipú y Gutiérrez, que era el clásico del departamento y elegí Maipú para jugar como central. Hasta que un día vino el delegado del semillero y me preguntó: 'Nene… ¿No podés jugar de ocho, porque tengo muchos centrales?'. Le contesté que sí y esa tarde marqué dos goles. Cuando me quisieron poner otra vez de zaguero me negué de manera terminante y entonces me hicieron jugar en otros puestos: de diez y de nueve. Debuté con 18 años como centro delantero en la Primera en 1962, hasta que exploté en 1964, cuando fui el goleador del campeonato con 20 conquistas”, describió sus comienzos en una nota en Los Andes.
Apenas pudo participar en veinte juegos de esa época donde surgía el “rey de Copas” con toda la personalidad de aquellos hombres, vencedores del Santos, Peñarol y otros grandes de la época, campeones de la primera Libertadores en el 64 y protagonistas de la Intercontinental con el Inter. Allí estaban los Santoro, Navarro, Mura, Acevedo, Maldonado, Mario Rodríguez, Savoy, Mura y tantos protagonistas más de las primeras gestas, en Avellaneda, Río, Montevideo o Santiago. Todos, bajo la conducción técnica de Manuel Giúdice.
Enzo Trossero, Roque Avallay, Omar De Felippe y Francisco Sa, en un evento de Clarín en 2013. Foto: Marcelo Carroll.
Osvaldo Ardizzone, en El Gráfico, describió su llegada: “Era por el verano... Aquel mendocino de la figura delgada, extremadamente delgada. La herencia cobriza en la piel. Los antepasados indios en los rasgos. La mansedumbre de los ojos oscuros. Y el aire de desamparo. Y su idioma de monosílabos. El "sí, señor" de su respetuosa y preocupada timidez. Apenas veinte años. Pero es que eran, apenas, los veinte años de Roque. Dolía Mendoza La casa paterna, allá en el pueblo de Maipú. El paisaje familiar de los viñedos y las bodegas. La vida simple, sin contrastes. Las horas iguales, sin grandes acontecimientos. Pero la confortable seguridad de sentirse allí, entre los suyos... Y de pronto, la ciudad imponente y toda su desconcertada incertidumbre provinciana. ¿Son muchos veinte años? Sí, tal vez, sí... Pero ésos, los de aquel verano del sesenta y cinco, eran, apenas, los veinte años de Roque. Con toda la timidez de aquel Roque. Con todo su desamparo. Con todo su silencio. Y de pronto, Independiente. La abrumadora fama de aquel Independiente campeón. La inminencia de la Copa. Las caras nuevas. Los compañeros célebres. Rolan, Navarro, Ferreiro, Bernao, Acevedo, Santoro, Mura, Mario Rodríguez, Savoy, Maldonado... Y su minúsculo equipaje de goleador, el que traía de allá, del Maipú de toda su vida. Por eso lo habían comprado en Buenos Aires, cuando lo fue a buscar el Turco Simes, allá a Mendoza. Por eso lo había pedido Manuel Giúdice, después de verlo en Mar del Plata, en los partidos del Campeonato Argentino. Por eso estaba allí en esa ciudad de Avellaneda... Huésped solitario de aquel pequeño hotel próximo al Riachuelo..”
El Club Atlético Huracán lamenta profundamente el fallecimiento de Roque Avallay, uno de nuestros campeones del 73.
— CA Huracán (@CAHuracan) May 2, 2026
Saludamos afectuosamente a sus familiares, amigos y seres queridos en este duro momento.
Hasta siempre, Roque ♥️ pic.twitter.com/awj7D2fFs3
Al mes de su llegada, lo colocaron de titular en una durísima semifinal contra Boca, el campeón local. Atacaba Independiente y la pelota quedó para la corrida larga hasta el arco de Roma. Avallay esperó que un compañero le tirara el centro y se la bajó de cabeza a Mario Rodríguez para que hiciera el gol. Una y mil veces Avallay relataría lo sucedido aquella noche: "Como la cancha estaba resbaladiza, y seguí de largo después de pegar el salto. En el alambrado bajo de la cancha de Independiente me enredé las piernas en el alambre de púa, di una vuelta y caí dentro del foso. El agua me llegaba hasta el pecho y encima me hice un tajo enorme en la pierna. Igual seguí jugando". La revista Así es Boca tituló: "Avallay, sobre llovido, mojado". Avallay guardaría por siempre aquel ejemplar…
Tantas veces -y ya lejos de las canchas- tenía que recordar aquella noche de Avellaneda: “Es el día de hoy que hinchas que me cruzan para saludarme me aseguran que estuvieron aquella noche en la popular de la doble visera. A esta altura, son como un millón y medio de personas que dicen haber estado ahí”.
Independiente ganó ese partido 2-0 con goles de Mura y Mario Rodríguez. Boca, a través del Tanque Rojas, se llevó la revancha 1-0. Y el desempate en el Monumental, con un planteo muy cerrado de ambos, terminó sin goles. Pasó el Rojo a la final con Peñarol por diferencia de goles.
Y allí estaba Avallay, con un lugar entre los campeones, que le ganaron la ida 1-0 a los uruguayos, perdieron 3-1 en el Centenario y tres días más tarde liquidaron todo con un 4-1 en el Estadio Nacional de Chile: Acevedo, Bernal, Avallay y Mura (en una formidable apilada al estilo de “Capote” De La Mata) fueron los anotadores.
Roque Avallay, en una producción de Clarín.
Pero no se pudo asentar. Se marchó a Newell’s (1966-1969) hasta que Huracán lo incorporó a principios de los 70, en canje por el “Mono” Obberti. “En Newell's estuvimos cuatro años peleando el descenso. Entonces de local jugábamos con tres delanteros y de visitante jugaba yo solo arriba. iba, iba, iba y tenía que embocarla solo, por eso me acostumbré a la velocidad, la misma que traía de Mendoza. En Huracán me compraron el pase en 1970 por consejo de Menotti”, recordaría Roque. A la llegada de Menotti sería ubicado como el definidor en aquella formación memorable del Globo. La que se asentaba en la personalidad del Coco Basile en la defensa central y la solvencia de Carrascosa, un medio con talentos como Brindisi y Babington y el trajín de Russo, el despliegue de Larrosa del medio hacia adelante y la genialidad de un juvenil Houseman por el andarivel derecho. “Toque, toque, toque / los goles los hace Roque” cantaban los hinchas del Globo, que saborearon el título profesional desde fechas antes de la conclusión del Metro 73.
Así lo describieron Pedro Uzquiza y Oscar Barnade en Clarín sobre aquella etapa tan especial con Huracán: “El Coco Basile aportó su enorme personalidad, Brindisi y Babington la jerarquía de su capacidad individual, la pegada, el ingenio, la imaginación, el talento. Pero tal vez el hecho más significativo de la evolución de un jugador lo logró César Menotti con Roque Avallay. Había llegado desde Newell''s en trueque por Alfredo Obberti. Nadie le podía quitar el rótulo de chocador, cuando jugando para Independiente cayó al pozo perimetral. El entrenador lo convenció que tenía buenos atributos técnicos y fue tomando confianza. Siguió imprimiéndole velocidad a su juego, pero fue tomando sentido de la pausa y se tiró atrás para arrancar con Larrosa, Brindisi y Babington y llegar con poder al arco rival”.
También en diálogo con Ardizzone, Avallay se refirió a ese momento estelar: "¿Sabe que ye siempre tuve confianza en mí? Es que yo era bastante buen jugador allá en Mendoza... Entraba como volante, mire usted. Y era hábil, tenía manejo y llegaba... Así, de volante era goleador... Esto que usted y mucha gente me elogia ahora, siempre fue mío... Y hasta le digo que en Newell's llegué a andar bien... No como en estos últimos partidos de Huracán, pero bastante bien. ¿Independiente? No sé... Tal vez el cambio brusco... Tal vez porque era muy joven... El encontrarme demasiado solo, quizá... La obligación del gol que yo mismo me había impuesto... Y chocaba. Reconozco que chocaba... Que así concluían todos mis piques. Dan Adolfo Pedernera fue el primero que trató de serenarme, de animarme a que arrancara desde más atrás... Y anduve más o menos, pero siempre con problemas, sobre todo con la gente... Casi siempre entrando en el segundo tiempo o saliendo cuando entraba en el primero... Una cosa rara... Bien en los entrenamientos. Mal en los partidos... Olvidándome la pelota. Chocando. Perdiendo goles ya convertidos, Y los silbidos. Y los gritos apenas me nombraban en el equipa... Y banco, siempre banco... Ahora, no sé... Hasta la gente me aplaude, aunque me equivoque, aunque haga una chilena... Menotti también me hace jugar libre, que ande por toda la cancha... Y creo que la posición más adelantada de Miguel, que me acompaña arriba, es lo que más me ha favorecido".
Roque Avallay y René Houseman, para siempre en el corazón de Huracán.
Y el propio Menotti sostenía en ese momento: “Lo único que le faltaba a Roque era serenarse... Después, tiene todo... Le pega bien con las dos... Va bien arriba al cabezazo. Salada con los dos perfiles. Corta con las dos piernas. Tiene buen manejo. Y además, pique... ¿Sabe lo que es en los picados? No se la saca nadie ni en un metro cuadrado. ¿Y quiere que le diga una cosa? Y no es exageración... En algunas jugadas resuelve hasta como Pelé, cuando engancha de aire y cuando sale en velocidad del amague. Y le digo que no sé si ahora hay aquí un delantero mejor que Roque..."
Dentro de la desorganización que campeaba alrededor de nuestras selecciones de esos tiempos, Avallay fue citado algunas veces (por Renato Cesarini, entre ellos) y llegó a jugar 15 partidos. Un ejemplo de aquel clima de desorden fue un amistoso, programado para el 15 de abril del 73 ante Palmeiras, preparatorio para las Eliminatorias. Se jugaba en River y el DT, el gran Enrique Omar Sívori, había renunciado la noche anterior, agotado por las discusiones con los dirigentes. Lo tuvo que reemplazar… el preparador físico Jorge Kistenmacher.
Empataron 1-1 en el estadio de Racing y Avallay ingresó como titular, en un plantel de grandes nombres: Carnevali al arco, Quique Wolff, Buzo, Pena y Rosl en defensa, Brindisi, Telch y Chazarreta al medo, Houseman, Avallay y Rocha adelante. En el segundo tiempo entró Alonso -la estrella de la época- en lugar de Roque y marcó el gol del empate… “La Selección más huérfana del mundo” tituló El Gráfico.
Después de la campaña con Huracán parecía un nombre más seguro con vistas al Mundial de Alemania y el DT Cap llevó a Roque Avallay a la gira previa. Sin embargo, el delantero arrastraba una lesión sufrida en sus partidos de Copa, entraba poco y con molestias. Su último juego sería en el 1-0 ante Francia en el Parque de los Príncipes, cuando entró en el segundo tiempo por su compañero del Globo, Houseman.
Roque Avallay, símbolo del Globo.
Después que la “máquina naranja” de Holanda, con Cruyff y sus lugartenientes exhibiera su poderío con una goleada sobre nuestra selección, pocas semanas antes del Mundial, Cap envió a Avallay de regreso. “Necesita recuperarse de su lesión”, explicó. Quedaba una sola plaza en el equipo y fue para otro de sus compañeros, Babington, en otra función. “Tenía la ilusión de recuperarme y de quedar en el plantel y jugar un Mundial. Esa era mi última oportunidad estoy muy triste”, dijo Roque. Aquella lesión sufrida ante Unión Española de Chile terminaría en una operación de meniscos que le demandó una larga recuperación.
Avallay pasó en el 75 a Racing. La última pincelada sería el 3-0 ante River en el comienzo del Nacional 77, cuando el Beto Alonso retornaba al “millonario” después de su paso por Francia. Avallay marcó dos de los goles de esa victoria y terminaría como el máximo anotador de la Academia en aquel período (12 tantos en el Nacional 77, 17 más en el Metro del año siguiente). Pero sufrió la intemperancia de algunos hinchas. “Después de un partido, quisieron apretarme… no volví más. Sentí mucha ingratitud”. Había pasado también por Atlanta y Chacarita. Tras un breve retorno al Globo (79-80) decidió su retiro luego del partido con Talleres, el 22 de noviembre.
Había totalizado 570 partidos en la división superior, con 220 goles. Después de hacer el curso de técnico, formó una dupla con Hugo Villaverde y, a lo largo de su trayectoria en distintas escuelas de fútbol siguió transmitiendo los valores que siempre acompañaron su carrera: compañerismo, actitud, juego limpio.
Todavia no hay comentarios aprobados.