Frente al semáforo y a la espera de cruzar la avenida Santa Fe, la pareja debatía: "Todos los años, decimos que no vamos a venir más y volvemos", decía él. "Odio las multitudes", respondía ella. Pero cuando la luz pasó a verde, ya habían organizado la recorrida y listado los libros que iban a buscar este año en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que tiene como país Invitado de Honor a Perú y este sábado parecía una trama de filas: para firmar, para entrar a una sala, para pagar el libro comprado, para tomar un café y para entrar al baño.
Feria del Libro este sábado. Foto: Fernando de la Orden.
La jornada, es cierto, reunía a varias de las celebridades más amadas de la literatura, todas juntas, más o menos a la misma hora. El español Arturo Pérez-Reverte seguía de pie a las 20 firmando ejemplares de Misión en París (Alfaguara), que había presentado a las 16 en una sala José Hernández colmada.
Luego de la charla, se repartieron 200 números para acceder al combo de dedicatoria y autógrafo, más beso y selfie. Dos lectoras, en la cola que superaba los 150 metros, coincidían en que el autor se había mostrado un poco pesimista en la charla. Pero lo comprendían. Y lo esperaban, sobre todo, porque tenían números que rondaban el 150 y tenían como una hora y media más de fila.
Un poco más allá, la cola era para lograr una foto con el historiador y escritor Eduardo Sacheri, que presentó a las 17.30 también en la sala José Hernández la novela Qué quedará de nosotros, el segundo volumen de un díptico con el que abordó desde distintas perspectivas la Guerra de Malvinas. Libro en mano, eran decenas y decenas los que se acomodan en los pasillos, esquivando visitantes y expositores a la espera de la foto y la firma.
La argentina Viviana Rivero también sumó a sus lectores y lectoras, sobre todo, en otra fila que a las 20 también exhibía la fidelidad de la autora de El alma de las flores, luego de la presentación que venía de terminar en la sala Julio Cortázar. Era el momento de las fotos y las dedicatorias que decenas de personas esperaban con el libro en la mano. Y estaban el humorista Nik recibiendo chicos y la periodista María O´Donnell autografiando ejemplares de su libro Montoneros. Una historia visual.
Viviana Rivero presenta "El alma las flores" en la Feria del Libro. Foto: Fernando de la Orden.
Pero había más. Esas filas se cruzaban, se juntaban, alternaban, se enredaban con las que se formaban delante de los stands para pagar. La del grupo Penguin Random House daba más vueltas que una calesita, de tal modo que era casi imposible saber quién estaba antes y quién después sin ayuda de las azafatas de la editorial, que organizaban todo con un cartel de un pingüino en la mano. En Planeta la situación no era diferente, como en el espacio de la librería Cúspide, lleno de lectores.
Tomar un café o comer un tostado también implicó esta tarde una dosis importante de paciencia. Los más rápidos eran los food trucks del ingreso, aunque en algunas cafeterías era necesario esperar bastante para alcanzar el preciado mostrador. Otro tanto sucedía en algunos de los baños en los que la fila se desplegaba entre pasillos y stands. Fue una jornada solo apta para gente paciente.
Miedo a ofender
En el espacio cultural de Clarín-Ñ, la jornada la inició la humorista Dalia Gutmann, que fue entrevistada por la editora del diario Diana Baccaro y la periodista Marina Zucchi. Ante un auditorio colmado, la actriz, que además es columnista de Clarín, recordó que durante muchos tiempo el humor había sido un territorio sobre todo masculino: "Nosotras tenemos más miedo a ofender y eso nos limita", explicó.
Baccaro compartió con el público algunos datos sobre la llegada de las columnas dominicales de Gutmann: "Las más leídas son las que hablan de pareja, de sexo y de aplicaciones de citas", reveló. Y la humorista elaboró una teoría: "Hay un público jeropa que se excita con eso. Aunque tengo que decir que no es lo que más me interesa, aunque esté bueno hablar de eso porque son temas de los que no se escribía, por ejemplo, la masturbación femenina", apuntó.
Dalia Gutmann fue entrevistada por la editora del diario Diana Baccaro y la periodista Marina Zucchi. Foto: Fernando de la Orden.
Consultada sobre si aplicaba sobre sus textos algún tipo de censura, Dalia Gutmann aseguró que en ocasiones admiraba a los varones, "que son menos enroscados que nosotras. Le dedico un montón de tiempo a cada columna porque me enrosco y, si estuviéramos en la era analógica, creo que arrancaría el papel y lo haría un bollo. Pero no es que me autocensure, sino que es parte del proceso creativo que suele tener un momento de duda, en el que pensás que todo es una porquería. Pero sigo y lo termino", contó.
La actriz recordó a su padre, atrapado el 18 de julio de 1994 entre los escombros de la sede de la Amia después del atentado terrorista, haciéndole chistes a otro compañero que había sobrevivido milagrosamente como él. "Mi lado comediante nace de mi padre, que no tenía nada que ver con el humor, era sociólogo, pero tenía un estilo disruptivo y el humor es muy disruptivo", explicó.
Entre la gente estaba Luisa, la mamá de Dalia, que siguió la entrevista con atención y fue consultada por Baccaro y Zucchi al final sobre su hija. "De chica era igual que ahora –dijo–. Se ponía delante del televisor y nos pedía que la miráramos a ella", contó mientras la actriz se tapaba la cara con las manos.
Dalia Gutmann fue entrevistada por la editora del diario Diana Baccaro y la periodista Marina Zucchi. Foto: Fernando de la Orden.
Por su parte, Dalia contó que, cuando le preguntan qué cosas la hacen reír a ella, suele responder que se ríe de su madre: "No con ella, sino de ella. Es profesora universitaria y no es una persona graciosa, pero me divierte mucho el costado indignado de mi mamá. Ella no se da cuenta de lo graciosa que es y de lo gracioso que es lo que está diciendo cuando se enoja. Es desopilante", la elogió.
Luego, fue el turno de las fotos y los abrazos del público, mientras Luisa la esperó pacientemente al costado. Un poco más lejos, ya eran 200 las personas que esperaban a Pérez-Reverte. También había filas para sacarse una foto con la copa del mundo en el stand de la AFA y los que esperaban para jugar.
Dos novelistas Premio Clarín
A las 17, fue el turno de dos ganadores del Premio Clarín Novela: Luciano Lamberti, que se lo llevó en 2023 con Para hechizar a un Cazador, y Roberto Chuit Roganovich, que lo recibió en 2024, por Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores. Ambos analizaron algunas zonas de contacto entre sus obras, las tensiones del género terror y las maneras de crear monstruos (literarios, pero no solamente).
Charla "Nuestro mundo y el género weird" con Robi Chuit Roganovich Luciano Lamberti ganadores Premio Clarin Novela, en el espacio cultural de Clarín-Ñ. Foto: Fernando de la Orden
Entrevistados por la crítica Alejandra Rodríguez Ballester, Lamberti recordó que en novelas clásicas como Frankenstein y Drácula "no figuran los reyes o presidentes, son libros que no están pegados a lo inmediato y todavía las podemos entender. A mí me interesa la capacidad de lo fantástico para ser un espejo en el que cada uno pueda ver significados distintos".
"Me gustan los monstruos en lo que tienden a condensar miedos y temores de una época específica –conectó Chuit Roganovich–. Porque, por fuera de ese tiempo, terminan condensando temores que pertenecen a la especie humana. Hay miedos que están en Frankenstein y Drácula que siguen aquí".
Los autores recorrieron las características de los monstruos que sus novelas premiadas proponían. Una planta en la de Chuit Roganovich; un zombie, en la de Lamberti, que además aborda la violencia de la dictadura militar. "Tiene que ver con mi generación. Yo soy del año 1978 y nos tiraron muertos por la cabeza. Por eso, cuando apareció la idea del zombie, pensé en escribir un libro que pudiera conectar con quienes sabían qué había sido la dictadura", explicó.
Ambos escritores son cordobeses y eso los llevó a plantear la tensión entre centro y periferia. "Los escritores que nos interesaban nacían en Buenos Aires", recordó Chuit Roganovich. Pero entonces, aparecieron algunos nombres: Teresa Andruetto, Lamberti, Camila Sosa Villada, Carlos Búsqueda."No sé qué pasó en Córdoba que hizo que la presencia de ellos tuviera un efecto fantasmagórico que nos hizo entender que teníamos una oportunidad", completó.
Chuit Roganovich y Lamberti elogiaron a las escritoras Mariana Enríquez y Samanta Schweblin. "Las leo y trato de robarles lo que puedo --dijo Lamberti--. Distancia de rescate es un libro que debo haber leído diez veces y es el ejemplo de que el armado ya genera temor". Por su parte, Chuit Roganovich, aseguró que de su compañero de entrevista y de esas dos colegas "me interesan mucho. El mundo de la literatura es un asco y la gente que escribe también es un asco, pero ellos tres se quieren, son tres autores que funcionan como un tríptico muy raro, que revitalizaron la relación de la literatura con lo popular", consideró.
Y antes de irse, contaron que trabajan cada uno en un libro. Lamberti fue más específico porque, dijo, es un texto que tienen avanzado: "Es un libro sobre Fernando Sabag Montiel, como si él lo estuviera escribiendo. Me gusta la literatura que no se conforma con ser bien pensante y que trata de indagar en el mundo de los otros", cerró.
Historia de una editorial
Las filas para conseguir autógrafos, café o un toilette no habían mermado cuando subieron al estrado del espacio cultural de Clarín-Ñ el editor Andrés Hax y el director de revista Ñ, Héctor Pavón, para recorrer el nacimiento de una editorial: Queequeg Press y sus tres primeros libros. "Siempre he querido ser escritor pero no me sale", se presentó el editor. Por eso, dijo, buscó alguna manera de mantenerse en contacto con la literatura: "La editorial nació de la desesperación de no poder escribir y la necesidad de buscar mundos raros", compartió.
El editor recorrió los tres primeros textos publicados por Queequeg Press. Primero, fue el turno de Luckenbooth, de Jenni Fagan: "Es un orgullo y un privilegio editar a esta mujer en la Argentina", dijo sobre la autora, que tuvo una vida de abandono e incomprensión.
Hax contó que el protagonista de la historia es el edificio en el que confluyen tiempos y personajes: "Es una novela que se puede leer una vez y muchas veces", la definió.
El editor Andrés Hax y el director de revista Ñ, Héctor Pavón. Foto: Clarín.
El segundo título es Dandelions, de Thea Lenarduzzi, una escritora que recorre la historia de su familia italoinglesa, en diálogo con su abuela: "Habla mucho de lo que significa ser migrante y lo que esa condición determina en el ser", apuntó. Y contó que un amigo suyo le dijo, después de leer el libro, que parecía la historia de su familia. Y le pasó una segunda vez. Y otra. "En este país, todos somos inmigrantes", concluyó.
Sobre el tercer texto, Primero el cuerpo. Apuntes de una ensoñación de carnaval, dijo que era "único en el mundo" y explicó que, además de dos textos bilingües, el volumen incluye un recorrido fotográfico de Kevin Rabalais registrado en un festival que se realiza en Louisiana, Estados Unidos, en una comunidad que se reúne, viste y marcha sobre su pueblo con unos trajes y capuchos que remiten al Ku Klux Klan, aunque no tienen nada que ver con eso. "Los tres son libros que no existen en América Latina", los definió.
Y antes de irse, retomó algo de la charla previa para responder: "Me molestó mucho que se dijera aquí que el mundo es una mierda porque este proyecto no existiría sin la ayuda de diez o doce personas del mundo editorial", reivindicó.
Avanzaba la noche, pero las filas no daban tregua. Pérez-Reverte seguía sonriendo delante de cada celular que se le posara delante con una integridad envidiable, mientras que Eduardo Sacheri no paraba de estampar dedicatorias y el español Antonio Lorente dejaba en cada libro que se le acercaba en el stand de Edelvives un diseño original, trazado con tinta, que secaba abanicando con las manos. La cola, mientras, esperaba pacientemente.
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