Mao anunció el nacimiento de la República Popular China el 1 de octubre en 1949, en Pekín. Transformar el dragón asiático en una fuerza capaz de progresar y reducir la pobreza era una de sus prioridades. Pero, en un comienzo, los cielos fueron de tempestades, no de bóvedas radiantes.

La ciudad de Zhangshu en China es el principal productor de cerdos en la provincia de Jiangxi. Foto: Jingsheng Nie

Al principio, la pobreza en China fue un monstruo que creció en lugar de retroceder. Esto es lo que ocurrió durante el Gran Salto Adelante (1958-1962), el trágico fracaso maoísta en su proyecto de industrialización acelerada. Solo después de la muerte de Mao en 1976, la nueva política iniciada por Deng Xiaoping de apertura económica del país encendió la llama del progreso.

La victoria china ante la escasez es el gran tema de China. Muralla contra la pobreza: compromiso, organización, patriotismo, de Gustavo Ng y Néstor Restivo, de Editorial Corregidor y China International Press, y con prólogo de Fortunato Mallimaci.

En el libro se despliegan numerosos capítulos para analizar las estrategias de China, como parte de una política de Estado, para contrarrestar el azote de la pobreza en diversas regiones del país; y se atiende también a los vectores teóricos y filosóficos de este proceso dentro de la gestión del “socialismo con peculiaridades chinas”.

Shanghai. EFE/EPA/ALEX PLAVEVSKI

En sus discursos y documentos, Deng Xiaoping manifestó: “La pobreza no es socialismo; el socialismo es eliminar la pobreza”. Por su parte, el actual líder chino, Xi Jinping, expresó: “Salir de la pobreza no es un fin en sí mismo, sino el punto de partida de una nueva vida y una nueva búsqueda”.

A partir de la generación de riqueza por el proceso de “Reforma y Apertura”, desde 1979, la posibilidad objetiva de aumentar el bienestar recorrió China como un nuevo y benéfico viento. Sin embargo, la gradual bonanza no llegaría, en muchos casos, a la población de las áreas rurales y campesinas, ni a las minorías étnicas, perjudicadas por su relativo aislamiento.

China. Muralla contra la pobreza. Néstor Restivo y Gustavo Ng. Editorial Corregidor

Aunque China, desde 2010, ya movía alas como gran potencia económica, su renovada fuerza se veía lastimada por la contradicción de sufrir aún el lastre de la escasez en parte de su población. El Gobierno chino proclamó que esto solo se superaría “cuando se hubieran hecho realidad las ‘Dos Seguridades’ y las ‘Tres Garantías’: garantizar que los habitantes pobres de las zonas rurales no tengan que preocuparse por la comida ni la ropa, y que tengan acceso a la educación obligatoria, a los servicios médicos básicos y a una vivienda segura”.

El problema de la pobreza debía ser asumida solo como un estado transitorio “que podía y debía ser superado”. La superación no consistía en una mera transferencia desde los centros urbanos enriquecidos hacia las zonas marginales empobrecidas. La estrategia general se basó en el eje de la “creación de sangre” contra la “transfusión de sangre”; es decir, se debía encarar la lucha contra la pobreza privilegiando la creación de riqueza en las zonas afectadas antes que la simple transferencia de recursos hacia ellas.

La senda positiva era, entonces, maximizar los recursos locales para el aumento de producción mediante una nueva capacitación y la transformación de los hábitos de vida en muchos sitios. Esto incluyó relocalizaciones, pueblos convertidos en destinos turísticos, el fomento de nuevas industrias y mejoras en la agricultura, unidas a la incorporación del marketing, el manejo del comercio electrónico y el surgimiento de la industria del packaging.

El criterio para lidiar con lo pobre se amoldó al principio de la “lucha enfocada”, o la “actuación precisa en la prestación de ayuda contra la pobreza (Jingzhun fúpín), lo que supone que la gestión de la carencia no depende de una sola política para todas las regiones pobres, sino que se determinan soluciones para cada foco de necesidades, para así ayudar a sectores de población no alcanzados por el desarrollo económico general. Este enfoque fue propuesto por primera vez por el presidente Xi Jinping en noviembre de 2013.

La expansión del turismo, las industrias y la agricultura son esenciales para combatir la pobreza crónica; y esto se ajusta a una Civilización ecológica que busca reducir el daño para el medio ambiente.

Robots en Beijing, China. Foto: REUTERS/Maxim Shemetov

Y según los autores de la obra aquí comentada, los medios para contender con la vida pobre se asocian a las tres motivaciones principales de China en su logro de sustraer a más de 800 millones de personas de la pobreza. Primero: el deseo de no volver a las crisis pasadas y el impulso de que, aunque se esté bien, no se debe cejar en el esfuerzo de "estar mejor". Segundo, la herencia filosófica ancestral china: la influencia del Maestro Kong, Confucio, y una de las virtudes que siempre pregonó: la benevolencia. Y una tercera motivación vinculada con el patriotismo: “Los chinos aman a su país de manera ferviente y, por tanto, padecen que en su sociedad haya personas que vivan una vida miserable”.

La lucha china contra la pobreza continúa. Y en su vasta geografía de grandes ríos, cordilleras, montañas y desiertos, nuevas personas esperan su turno para nadar en las corrientes del bienestar.