El malestar entre los uniformados de las Fuerzas Armadas es creciente dado que en muchas localidades deben concurrir como indigentes al hospital público a pesar de que mensualmente siguen pagando como afiliados del IOSFA (desde el 1 de abril por decreto presidencial, se reorganizó y se denomina OSFA). La opción de reintegros adolece de la dificultad de que muchos estudios y particularmente prácticas quirúrgicas exceden ampliamente el haber mensual de los titulares, que revistan a menudo en zonas distantes de los hospitales militares en los que no deben abonar o muy poco, con el agregado de que los mencionados reintegros demoran meses en efectivizarse.
La percepción general es que el IOSFA fue un invento de los políticos que quitaron la gestión de las obras sociales a las fuerzas, lo colonizaron, usufructuaron y, finalmente, fundieron (desde “Los Fernández”, el PRO y LLA). Y ahora les dejan este regalo envenenado a las castigadas FFAA cuyos salarios muy inferiores a los de las fuerzas de seguridad son parte del problema por sus aportes limitados. La tranquilidad que animaba a la tropa a dar todo (horarios, mudanzas, etc.) porque su salud propia y de la familia, como la percepción de un ingreso digno, estaban asegurados, se ha perdido con el tiempo.
En los últimos 40 años hemos sobresalido en Latinoamérica por nuestro “inteligente” hallazgo de que las FFAA no son necesarias, cosa que nuestros “pobres” vecinos limítrofes no han tenido la genialidad de descubrir, y siguen destinando un porcentaje interesante de su presupuesto para las mismas. El tema no está cerrado... lamentablemente.
Antonio Mascardi
OTRAS CARTAS
Menos IA y algo más de inteligencia humana
Suecia es el país que instauró el Premio Nobel. Quizás Suecia hoy por hoy debería otorgarse un Nobel a sí mismo como país que podría denominarse a la “sensatez”. Ha adoptado medidas donde los alumnos, desde el inicio de la escolaridad hasta finalizar el ciclo secundario, no pueden utilizar celulares ni computadoras ni ningún artefacto parecido. Se vuelve a la escritura manual y al papel. Por fin alguien le puso un corte, o quizás un plan B, a tanta enfermedad por la tecnología. Vengo de intentar comprar medicamentos esenciales para mi salud con una receta “inserta” en mi celular. En la farmacia, la computadora expone “receta no vigente”. Según me informan es porque tal vez no está cargada y no está en la “nube”. Por favor, menos Inteligencia Artificial y algo más de inteligencia natural en los humanos.
Gustavo O. Colla
“La Bota, en Tigre, no es un terreno vacío”
Quienes vivimos en La Bota, en Benavídez, no somos un terreno vacío ni un espacio disponible para ser redibujado sin historia. Somos una comunidad viva, constituida, con identidad, con memoria y con una forma de vida que elegimos conscientemente. Nuestro barrio cuenta con una zonificación R1A, de carácter semiurbano, que durante años garantizó un equilibrio entre desarrollo y entorno que hoy está en riesgo. No por el crecimiento en sí, sino por la forma: sin planificación clara, sin infraestructura acorde y sin escucharnos. Pero además, lo que agrava esta situación es que, aun existiendo una zonificación vigente, vemos cómo se otorgan aprobaciones de obras a través de ordenanzas y excepciones que resultan, cuanto menos, arbitrarias. La Bota es mucho más que un conjunto de lotes. Es, en la práctica, uno de los pocos pulmones verdes que quedan en el Partido de Tigre. Este barrio es el resultado de un modelo de baja densidad que hoy se pretende alterar. Nos preocupa que, en nombre del desarrollo, se avance con proyectos de complejos multifamiliares. Agua, cloacas, desagües, tránsito, electricidad: todo tiene un límite. Forzar ese límite no es progreso, es colapso anunciado. Frente a esto, hemos iniciado acciones, presentado reclamos formales e incluso judicializado proyectos irregulares. Pedimos algo básico: ser escuchados, ser considerados y que el desarrollo, si existe, sea responsable, planificado y respetuoso del entorno y de quienes lo habitamos.
Veronica Iglesias
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