Si contar la historia de la humanidad es contar la historia de la violencia, el artista y performer Matías Umpierrez se propuso crear una obra en la que se explore cuál es la relación de la ficción con el odio y cómo funciona como un motor de lucha. Luego de una exitosa temporada en Madrid, con funciones a sala llena para más de 600 personas, este creador argentino radicado en España llega a Buenos Aires para presentar Play, su nuevo montaje luego de 13 años sin estrenar en el país, y que tendrá funciones durante mayo en ArtHaus, el centro de creaciones contemporáneas ubicado en el Microcentro.
Play es una investigación escénica sobre los discursos de odio, los modos de habitar el poder, el infierno y el paraíso de la conciencia. Sólo en escena, Matías Umpierrez desarrolla una conferencia performática que funciona como una orquesta de voces, amplificada por antiguos radiograbadores y pone en acción una instalación que funciona como el desmontaje de la sociedad teatral en la que vivimos: hay casetes, esculturas, radios, teléfonos y personas que muestran un atlas del resentimiento. El espectáculo es, en un punto, un archivo sobre el odio.
"Play", de Matías Umpierrez. Foto: Dominik Valvo/Prensa
La idea de archivo es fundamental en el trabajo de Umpierrez, que siempre presenta sus obras desde un lugar fronterizo: con otras artes, con los países y culturas y con la propia identidad. “El modo de trabajo comienza siempre por recopilar información sobre la historia de la ficción en relación al odio, que también es la historia de los seres humanos en relación al odio. Comienza con mitologías que terminaron construyendo religiones, inclusive tratados políticos, conflictos sociales, conflictos de guerra, etcétera. La investigación me permitió ir entendiendo cómo en las distintas épocas se fue absorbiendo al odio como un motor de lucha. Existe una idea de que si no hay un enemigo no puedo progresar. Es una posición históricamente muy cobarde y muy masculina, que pertenece a otra generación, se podría sintetizar en tener que enfrentarse al otro de manera violenta, para poder definirse a sí mismo. Detonar todos estos archivos en escena permite empezar a construir otra idea también de memoria y de presente”, explica este creador y gestor, conocido también por obras como Distancia y Eclipse.
Con el uso en vivo de varias disciplinas expresivas y lo que él llama “fósiles tecnológicos”, ya que utiliza objetos descartados como teléfonos de disco, radios y cassettes, conectándolos mediante sistemas de inteligencia artificial, el espectáculo funciona como un desmontaje de la realidad, una deconstrucción de los discursos de odio que limitan y atrofian el funcionamiento social.
“Yo no puedo entender la realidad tal cual es porque me lastima, me angustia, pero sin embargo, a través del arte o inclusive ver al otro a través del arte me permite entender que la vida es absolutamente extraordinaria en ese sentido. Es muy difícil y es compleja, pero también cuando encuentro que el camino que yo puedo pisar y con el cual me puedo conectar con el otro es a través de mi mirada artística, el otro se vuelve un personaje muy interesante. Hice muchas instalaciones donde invito a personas para que cuenten historias y construimos mitos a partir de esas historias. En esos encuentros aparecen todas las texturas sensibles con las que un artista puede trabajar. A través de esa mirada es que siento que tiene mucho sentido mi vida en relación a la realidad”, explica.
"Play", de Matías Umpierrez. Foto: Dominik Valvo/Prensa
De Argentina al mundo
Instalado en España y con gran proyección internacional, Matías Umpierrez desarrolla la performance en todo el mundo, fue convocado para un proyecto escénico en Japón con Robert Lepage (reconocido artista multidisciplinar canadiense) y ahora tiene prevista una gira por México y Suiza. Sin embargo, su formación y sus raíces argentinas son un punto clave de su obra.
“Una de las herramientas más poderosas que puede tener alguien que se formó y empezó a producir en Buenos Aires es la capacidad de contener tantos saberes y experiencias que no son tan fáciles de adquirir en otros países. La Argentina es un lugar muy generoso para alguien que empieza, es un lugar muy desprejuiciado y muy fácil de acceder para los nuevos creadores. Si uno sueña con algo en Argentina relacionado con el arte, es muy posible de producir, por más que esa producción sea incómoda y precaria. Hay una parte que no es precaria, que tiene que ver con la profesionalidad de todos los compañeros que te dicen: 'Dale, sí, hagámoslo'”, sostiene Umpierrez, que también como gestor fue el creador en 2014 de la Plataforma Fluorescente, un dispositivo interdisciplinario que promueve la colaboración de artistas de todo el mundo; hasta el momento, más de 50 instituciones y 400 artistas han participado en diversos proyectos.
“Soy parte de una generación que ve la caída de las instituciones y por ende me parece que tenemos que crear nuestras propias instituciones. Tenemos que proponer otros modos de gestión que dinamicen los procesos más burocráticos o más tradicionales. Y en ese sentido me siento en una responsabilidad para mi generación de poder producir espacios de convivencia, de salud cultural y que habiliten a los que están empezando y necesitan una red”.
"Play", de Matías Umpierrez. Foto: Dominik Valvo/Prensa
Los interesados en un arte que se corre de lo canónico y lo tradicional y dialoga con fuerza con este presente, la propuesta de Play de indagar en archivos a partir de mitologías, discursos, historias, obras, fantasmas y hasta la figura del diablo, es lo más cercano al arte experimental para pensar el mundo contemporáneo.
Avisa su creador: “La obra funciona como un espacio de conversación. No es mi opinión sobre la realidad, no hay una bajada de línea, porque confío en el sentido crítico del público. Mi trabajo trata de incitar al sentido crítico. Le dice al espectador que es el dueño y la dueña de su propia subjetividad y de su propia capacidad de edición de la realidad. Es una forma de plantearle al otro, a través del arte, que se haga cargo de su propia sensibilidad y de complejizar el aparato que estamos consumiendo en relación a los discursos de odio y llevarlo a un sentido más abierto”.
*Play tiene funciones entre el 8 y el 23 de mayo, a las 20, en ArtHaus, Bartolomé Mitre 434.
PC
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