Un barco hecho con cañas de totora, construido por aimaras bolivianos y movido solo por los vientos alisios, cruzó el Océano Atlántico entre África y América hace ahora 56 años en una travesía que duró dos meses.
De los ocho integrantes de aquella aventura llamada "RA II", capitaneada por el mítico explorador noruego Thor Heyerdahl, famoso por su expedición Kon-Tiki de 1947, no queda nadie con vida.
Heyerdahl eligió el puerto marroquí de Safi como punto de partida de su barco de totora por ser aquel uno de los más antiguos puertos documentados de África, construido por los fenicios seis siglos antes de Cristo.
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Las imágenes de 1969, cuando comenzaba la hazaña.
EL RASTRO DE LOS NAVEGANTES EGIPCIOS
Aquel viaje que comenzó en realidad un año antes, en 1969, con un primer intento fallido porque el primer barco hizo aguas en mitad del Atlántico.
Heyerdahl estaba muy interesado por las similitudes entre las civilizaciones del Antiguo Egipto y las de Mesoamérica, como la adoración al sol y la momificación de cadáveres, e intrigado por el hallazgo de restos de objetos arqueológicos de los antiguos egipcios en el Atlántico.
Para demostrar la existencia de contactos entre las civilizaciones de ambos continentes y reivindicar los conocimientos de la Antigüedad que la ciencia moderna subestimaba, el aventurero noruego decidió construir una embarcación de papiro, que bautizó con el nombre de RA, en homenaje al dios del sol en la mitología egipcia, para emprender su viaje en el Atlántico.
Con 15 toneladas de papiro importadas desde las fuentes del Nilo en Etiopía, Heyerdahl trajo a cinco obreros aimaras desde la región del Lago Titicaca de Bolivia (donde pervive el arte y el oficio de la totora, prima hermana del papiro), quienes en seis semanas construyeron el RA II, un barco más fuerte y más corto que el primero, de 15 metros de largo y 6 de ancho.
El barco de la primera tentativa (RA I), fue construido literalmente frente a las pirámides en Egipto ante las cámaras de los periodistas de todo el mundo, y posteriormente llevado hasta el puerto marroquí de Safi, pero se hundió en el Atlántico tras completar más de la mitad del viaje.
Aferrado a su sueño, Heyerdahl mandó construir un segundo barco de papiro, esta vez en la misma ciudad de Safi, con la colaboración de las autoridades de Marruecos pero casi en secreto para evitar el ruido mediático anterior.
Con 15 toneladas de papiro importadas desde las fuentes del Nilo en Etiopía, Heyerdahl trajo a cinco obreros aimaras desde la región del Lago Titicaca de Bolivia (donde pervive el arte y el oficio de la totora, prima hermana del papiro), quienes en seis semanas construyeron el RA II, un barco más fuerte y más corto que el primero, de 15 metros de largo y 6 de ancho.
El mítico explorador noruego Thor Heyerdahl, famoso por su expedición Kon-Tiki de 1947, fue el capitán del RA II.
UNA TRIPULACIÓN MULTINACIONAL
Además del noruego y el marroquí Mohamed Ait Ouhanni, la tripulación estaba formada por diferentes nacionalidades y religiones: el mexicano Santiago Genovés, el estadounidense Norman Baker, el italiano Carlo Mauri, el ruso Yuri Senkevich, el egipcio Georges Sourial y el japonés Kei Ohara.
Cada miembro tenía una misión determinada: el ruso era el médico de la tripulación; el egipcio, el buceador que controlaba la quilla del barco; el estadounidense, el especialista en navegación y el italiano controlaba el cordaje y la vela.
El mexicano estaba encargado de las provisiones y el racionamiento de la comida, el japonés era el cámara del equipo, y el marroquí tenía por misión observar y registrar la contaminación del océano.
Vivieron diferentes peripecias, entre ellas avistaron tiburones y ballenas.
El inglés era la lengua común y todos convivían en coordinación y perfecta sintonía, cumpliendo así con uno de los objetivos del explorador noruego de lanzar un mensaje al mundo sobre el "vivir juntos" en un contexto marcado entonces por las crecientes oleadas de racismo.
Otro propósito de la expedición era el ecológico: Heyerdahl quería denunciar la contaminación de los océanos en un informe que había presentado a la ONU, y que le permitió poner el barco RA II bajo la bandera celeste de la organización.
UN PATO, UN MONO Y OCHO HOMBRES
El periplo replicó en lo posible los viajes en barco de los antiguos egipcios: la tripulación se llevó un pato y un mono a bordo, almacenaron carne, pescado y frutos secos, huevos y pan artesanal en recipientes de barro, y agua en el pellejo de ovejas.
El periplo replicó en lo posible los viajes en barco de los antiguos egipcios: la tripulación se llevó un pato y un mono a bordo, almacenaron carne, pescado y frutos secos, huevos y pan artesanal en recipientes de barro, y agua en el pellejo de ovejas.
También vivieron diferentes peripecias: avistaron tiburones y ballenas, sufrieron frío y calor, pero lo más grave fue cuando una de las innumerables tormentas les destrozó el timón, o cuando tuvieron que cortar parte de la proa y de la popa para garantizar la flotación del barco.
Por fin un día la paloma bravía que viajaba con la expedición salió del barco y ya no regresó, lo que constituía una buena señal: la tierra estaba cerca.
El 12 de julio de 1970, tras haber surcado 6.400 kilómetros, el RA II llegó a su destino en Barbados, donde fue recibido con todos los honores por los habitantes de la isla, encabezados por el mismo gobernador general, Winston Scott.
El RA II está guardado actualmente en el museo de Kon-Tiki en Oslo, que recoge todas las embarcaciones y objetos atesorados por Tohr Heyerdahl a lo largo de su vida aventurera.
El RA II está guardado actualmente en el museo de Kon-Tiki en Oslo, que recoge todas las embarcaciones y objetos atesorados por Tohr Heyerdahl a lo largo de su vida aventurera.
Agencia EFE.
GML
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