Desde hace siglos, la humanidad le teme a los espíritus malignos de sus creencias. Principalmente, porque puedan tomar posesión de su cuerpo y de sus actos. A través del tiempo se han recolectado numerosos relatos de este tipo.
Uno de estos fue el de María Crocifissa Della Concezione. Una monja siciliana que afirmó haber escrito una carta poseída por el demonio.
En ese papel había plasmados símbolos desconocidos que desconcertaron a los investigadores hasta 2017 que, trescientos años después, pudieron resolver el contenido de ese escrito.
Isabela Tomasi nació en mayo de 1645, en la ciudad italiana de Agriento. Pertenecía a una importante familia aristocrática de la isla, que estaba bajo el control de la Corona de Aragón.
Creció en un contexto de rigurosa religiosidad y santidad. Sus días comenzaban temprano con una serie de ejercicios de piedad y un examen de conciencia.
Cuando Isabel cumplió 15 años, recibió la llamada del señor y solicitó acceso al convento de Palma de Montechiaro. En octubre de 1660, tomó los hábitos y se desprendió de su apellido, por compromiso a Cristo.
Desde entonces, se llamó María Crocifissa della Concezione. Como novicia, su rol en el convento era realizar las tareas más humildes y obedecía vehementemente a sus superioras. Pasaba desapercibida entre las hermanas, hasta aquella noche de 1676.
Isabella Tomasi, mejor conocida como María Crocifissa della Concezione. Foto: Wikipedia.
¿La posesión del demonio y su mensaje?
Una de sus compañeras pasaba por los tétricos pasillos del convento, cuando vio a María cubierta de tinta negra tras haber escrito una misteriosa carta.
La joven se encontraba sentada en el suelo, con medio rostro manchado por ese oscuro líquido. Gemía agotada pero, aunque las religiosas lo intentaban, no había forma de sacarla del trance. Sobre sus rodillas, se sostenía el tintero vacío, y en una de sus manos sostenía una hoja de papel.
Cuando agarraron aquel papel, notaron que era una carta escrita con una simbología desconocida.
Cuando volvió a eje, María alegó que habría sido poseída por Satanás, quién le habría obligado a escribirla.
Dijo que habría intentado abstenerse pero "el señor de los infiernos la obligó a tomar aquella pluma y papel". A partir de acá, la historia se nubla entre la realidad y la leyenda.
Se cuenta que María, completamente asustada, abandonó inesperadamente el convento, pero no los hábitos. A pesar de eso, sus compañeras le creían porque siempre había tenido una buena actitud.
El relato de este evento, que involucraba una posesión demoníaca, no tardó mucho tiempo en viajar a través de monasterios y conventos, por ende, terminaría en oídos de la gente. Podría desatar el caos, porque si una súbdita de Dios había sido poseída, cualquiera podría serlo.
La "carta del diablo" completa. Foto: Wikipedia.
La reacción de la Iglesia
Entonces la Iglesia, con prisa, salió a dar explicaciones de la situación en pos de conciliar el dogma católico y los intereses de Roma, resaltando la resistencia de María. Se le dio gran importancia a cómo se había impuesto ante la "tentación del mal" y la reconocieron como una "religiosa venerable".
La carta, tan mencionada, fue conservada como prueba de la lucha de María contra los espíritus malignos. La iglesia inició una investigación sobre el caso para examinar y reunir pruebas sobre qué pasó aquella noche y descubrir qué decía.
Se recolectaron testimonios en el convento de las hermanas, algunas aseguraban que María habría enriquecido sus dones sobrenaturales con éxtasis y visiones; una de las hermanas dijo que había vencido con satisfacción las tentaciones del demonio, por el amor a Jesús.
La comisión de investigación confirmó que María era una buena cristiana. Dicen que los años posteriores, tuvo varias visitas divinas, pero eso no aplacó sus males. Pasó los últimos años de vida con fiebre y malestares intermitentes. Murió en octubre de 1699, recitando sus últimas palabras: "Santo, santo, santo".
Años después, la Iglesia retomó su historia para legitimar la existencia de Dios. Entonces, en 1701, Roma inició un juicio sobre su vida y virtudes, y en 1704, se publicó una biografía escrita por testamento del obispo.
Se publicaron cientos de sus cartas, y el Papa Pío VI aprobó su reconocimiento como Santa de la Iglesia Católica. Además, inspiró a varios escritores sicilianos, pero persistía la pregunta...
¿Qué decía la famosa carta?
Las letras correspondían a una mezcla de alfabetos antiguos desconocidos, formando símbolos enigmáticos. Tanto monjas como sacerdotes contaban con un amplio conocimiento en las lenguas muertas y gráficas. Sin embargo, esa carta era indescifrable.
De hecho, durante más de tres siglos, muchos intentaron transcribir y traducir el documento sin éxito. El texto parecía combinar griego, latín y cirílico con lenguas geográficamente más lejanas.
La única palabra que lograban entender fue ohimé, aunque solo lograban leerla. A pesar de los intentos, tampoco podían encontrar su significado.
La carta original, que aún existe, se conserva en el Monasterio de Palma di Montechiaro, donde se redactó. Esperaba a alguien que pueda descifrarla hasta que en la actualidad, con las nuevas tecnologías y la dark web, llegaron los medios para hacerlo.
Monasterio de Palma di Montechiaro. Foto: Itailia.it.
En 2017, un grupo de especialistas del Museo de ciencia de Catania, consiguió leer la famosa carta con un software de descodificación, similar al que utilizan los hackers.
Una de las palabras detectadas fue "Stiche", que es uno de los cinco ríos del inframundo según la mitología grecorromana. Y después, menciona la capacidad de la intervención de mal en los asuntos de los hombres.
Para sorpresa de los fervientes creyentes de la versión autorizada de la Iglesia, la carta no contiene más que palabras al azar y frases sin sentido. En el caso de que el demonio hubiese poseído a la monja, denotaría cuáles son las intenciones.
Miembros del equipo de investigación contaron que se habrían comunicado integrantes de grupos satánicos para denunciar que la traducción de la carta habría sido modificada por influencia de la Iglesia. Para esta traducción se reunieron documentalistas, lingüistas y psicólogos.
Los psicólogos refutados, hicieron un profundo análisis de la ahora Santa en busca de patologías mentales teniendo en cuenta su infancia y su dedicación al convento en la adultez. La posibilidad que contemplaron era la de que esa vida ortodoxa pudiera haberla afectado psicológicamente.
Ella se fue de su casa y cambió su nombre, pero las exigencias monásticas estaban ahí, lo que podría haberle provocado un trastorno de bipolaridad, aunque los datos eran insuficientes para diagnosticarla.
Algunos creen que toda la escena de la carta fue intento de llamar la atención -que salió bien-, con sus capacidades lingüísticas. Nadie la vio escribir la carta o combatir al demonio, pero sí se sabía que María sufría recurrentes ataques de pánico y desmayos.
La única explicación racional que algunos le dan al misterio es que una enfermedad mental le haya causado alucinaciones por el aislamiento al que ella misma se obligaba.
Resulta que la carta no tiene un mensaje real, no hay ni una oración comprensible en sus 14 versos, aunque sí hay detectables evidencias de referencias al ancestral enfrentamiento entre Dios y el Diablo. De todas formas, el misterio no concluyó aún: queda el 30 por ciento del texto por ser traducido.
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