Javier Milei cree todavía, al igual que su hermana Karina, que el escándalo que rodea a Manuel Adorni es producto de una confabulación entre los medios de comunicación, algún sector del Poder Judicial y la mano negra de la oposición. Rémora del lawfare que ha blandido siempre Cristina Fernández para eximir su corrupción. No se trata de un reflejo novedoso en los hermanos del poder. Pero enfrentaría ahora una dificultad seria.
A medida que las revelaciones sobre el patrimonio del Jefe de Gabinete se vuelven más oscuras y se confunden irregularidades con dispositivos de desestabilización suceden dos cosas. La opinión pública galvaniza una percepción desfavorable sobre el Gobierno. La fidelización de la tropa propia, por reiteración de la lógica, se deteriora y desarticula la gestión gubernamental. Los funcionarios que no opinan en esta coyuntura (todos) lo hacen por miedo. No por convencimiento.
La composición del Presidente y de la Secretaria General resulta muy sencilla. El empeño y la velocidad con que el fiscal Gerardo Pollicita impulsa la investigación por enriquecimiento ilícito contra Adorni sería una evidencia incontrastable. La Justicia, según ellos, no acostumbra a comportarse de ese modo. No sería momento de cambiar pese a que la narrativa libertaria viene pregonando exactamente lo opuesto. Los ojos se posan también sobre el juez Ariel Lijo que ha trazado su trayectoria en Comodoro Py en base a la parsimonia. Nadie olvida cómo su postulación a la Corte Suprema en 2025 fue resistida por la oposición. Abrió fuertes internas además en La Libertad Avanza.
Los hermanos del poder descubren una inmediata conexión entre Comodoro Py y los medios de comunicación. No entienden cómo cada declaración testimonial por el escándalo Adorni llega enseguida a la televisión, las radios y los periódicos web. Javier y Karina estallaron cuando ni bien terminó de declarar el contratista, Matías Tabar, rodó la información de que el Jefe de Gabinete había abonado cash U$S245 mil por la refacción de su casa de fin de semana en un barrio privado de Exaltación de la Cruz.
Dentro de semejante dispendio que deberá explicar habrá que rescatar en Adorni un rasgo de lealtad ideológica a la causa libertaria. La cascada en la piscina (en verdad un chorro amplio y fuerte) sería lo de menos. El funcionario hizo climatizar el agua con una bomba de calor. Motor accionado por combustible. Nada de paneles solares ni recursos del mundo ambientalista.
El estallido de los hermanos del poder no tuvo que ver tanto con el contenido de la noticia como la forma “sensacionalista” de difundirla. La pintoresca y lega diputada, Lilia Lemoine, que custodia la Comisión de Juicio Político, se escandalizó disparando tuits en los que afirmó que los medios “toman de estúpidos” a la gente por hacer bambolla con la presunta cascada. Milei corrió detrás de todas esas consideraciones.
Antes de que trascendieran los abundantes gastos de Adorni el Presidente había distribuido un bando contra el periodismo luego de rehabilitar, con restricciones, la Sala de Prensa de la Casa Rosada. Clausurada por un supuesto acto de espionaje. Siempre la visión conspirativa. Acusó a los periodistas de vivir en “una Torre de Marfil” y sostuvo que en esta nueva etapa “se acabaron los privilegios”. No dijo cuáles serían, aunque dejó una pista: el financiamiento de los medios a través de la pauta oficial. Que, dicho sea de paso, existe solo para pocos privilegiados.
El Jefe de Estado trazó un paralelismo entre el sector empresario y el periodístico. Afirmó que, así como los primeros deben aprender a competir en una economía abierta, los periodistas deben enfrentar la realidad de un mercado sin protección estatal. En esa línea subrayó que la sociedad “debería mandar a la quiebra a aquellos medios que publican falsedades”. Si solo de eso se tratara, su cuenta de X podría ser cerrada y la Oficina de Respuesta Oficial debería extinguirse.
La versión de mayor densidad sobre la función del periodismo, sin embargo, corrió por cuenta de Martín Menem. En una muestra de plasticidad de pensamiento el titular de la Cámara de Diputados sostuvo que todas las informaciones, grandes o pequeñas, poseen encubiertas un interés económico. Sostuvo que siempre hay que identificar al patrocinador. De allí que –contó-- ni se inmuta cuando lee informaciones. Cuando el periodista lo interpeló acerca de si la mirada era solo para las opiniones críticas o también para las favorable, farfulló. El relato no cierra.
La tercera pata de la confabulación que suponen los hermanos Milei radicaría en la política. La diputada ex libertaria, Marcela Pagano, pidió la detención de Adorni por una presunta interferencia en la investigación de la Justicia. El testigo Tabar dijo ante el fiscal que el Jefe de Gabinete se había contactado con él antes de su presencia en Comodoro Py para ofrecerle la colaboración de su equipo de abogados. El contratista le ofreció a Pollicita el contenido de su celular.
Pagano sería, según la Casa Rosada, la proa de una maquinaria que operaría su actual pareja, el abogado penalista Franco Bindi. Ex abogado de Leonardo Fariña y Lázaro Báez, empresario de medios, de buenos contactos con Venezuela y cercanías periféricas con la órbita pero-kirchnerista.
El problema de advertir confabulaciones detrás de cada conflicto impide el ejercicio de la introspección. La posibilidad de detectar errores y corregirlos. Ese proceso permite que la realidad se torne cada vez más sólida y, en algún momento, estalle en las narices. El Presidente mucho más que su hermana, vale recordarlo, actuó de esa manera cuando afloró el vínculo del ex candidato a diputado bonarense, José Luis Espert, con un empresario ligado al lavado de activos. Que atraviesa una causa en Estados Unidos, donde está siendo sometido a juicio.
Aquel dilema el líder libertario lo resolvió fácil. Se deshizo del economista y empinó en la lista bonaerense a Diego Santilli. Ahora ministro del Interior. Dio vuelta la debacle electoral que había sufrido en septiembre en la Provincia y se impuso en las legislativas de octubre.
El caso Adorni posee otra dimensión. Constituye casi la única pieza de pureza libertaria (funcionario y candidato) que supieron construir los hermanos Milei. Sigue siendo el portavoz del gobierno. Es Jefe de Gabinete de un elenco que le costará conducir de ahora en más. Estaba en la grilla para darle en los comicios del año próximo el golpe de gracia al macrismo en la Ciudad. Ya no podrá ser.
Adorni compartió en estos años el mundo político interior de Karina y de Martín y Eduardo “Lule” Menem. Ha sido para ellos una pieza de gran utilidad con acceso a los lugares donde el poder se vuelve espeso. Quizás se trate del argumento central que tiene Milei para resguardarlo tanto. Incluso por encima de la proclamada confabulación.
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