“Ahora estoy yendo a la escuela, cuando vuelva te cuento mi historia –dice Nicolás Dayke, músico incipiente de 20 años y padre de dos hijas– Estoy intentando volver a cursar mis últimos años del secundario para terminar mis estudios y poder dedicarme a lo que amo: la música”.
Dayke nació y vivió en el barrio de La Loma, en Gregorio de Laferrere, toda su vida. Su niñez la pasó en las calles de su barrio, entre salidas con amigos y partidos de fútbol. Sin embargo, algo que nunca cambió fue el lápiz y el papel en sus bolsillos; ya a sus diez años sabía que quería dedicarse a la música.
“Nunca importó dónde estuviera, siempre escribía lo que se me venía a la cabeza. Mientras jugaba un partido de fútbol, si se me ocurría una idea, sacaba mi libreta y mi lápiz, y me alejaba del partido y escribía –recuerda– Antes de tener celulares táctiles y Wifi, me grababa con el celular de tapita, y cantaba”.
Nicolás con Cataleya, su primera hija.
Una vez llegado a la adolescencia, Dayke dejó el colegio en tercer año, con la finalidad de concentrarse en la música y conseguir su propio dinero: “Durante esa época empecé a profesionalizarme. Pero también tenía el deseo de ganar plata para pagar mi comida, mi ropa y las cosas que necesitaba para expandirme dentro de la música”.
Luego de abandonar el secundario, se dedicó a moler plástico en una fábrica de bolsas, trabajo en el que estuvo hasta el 2024. Desde entonces, se dedica a las changas: “A veces me llaman para trabajar como albañil, otras veces para lavar autos o cortar el pasto”.
Es así que a través de los ritmos del RKT y del perreo, Dayke busca dar a conocer su vida: “Desde un partido de fútbol, una cerveza con mis amigos, el llanto de una de mis hijas o una salida al boliche. Todo eso es material que uso para mis letras –explica– Sale del alma, nunca de la cabeza”.
Nicolás con chicos del barrio La Loma.
"Por siempre te recordaré en todas las canciones (…) Cataleya”, dice una de las canciones que le dedicó a su primera hija, Cataleya: “Los chicos son muy curiosos…, a veces demasiado curiosos –dice Nico con la voz temblorosa– Ella estaba en la casa de su abuela dentro de su andador, cuando se acercó a un enchufe que había en la pared. Parece que tocó el enchufe con su dedito y, bueno…, el golpe fue demasiado fuerte para una chiquita. No llegué al hospital a tiempo para verla”, concluye.
Esa historia marcó su vida, lo impulsó a ser mejor, por él, por su familia, por Cataleya: “Yo la llamaba ‘Pupipu’. Cada vez que le dedicó una canción, me cuesta cantarla, el recuerdo de ella es hermoso, pero también difícil de interpretar para luego representarlo en mis canciones”. Desde aquel día, Nicolás tuvo otra hija que nació en enero del 2025, Luz Catalina Contreras.
Nicolás festejando el primer cumpleaños de Luz, su segunda hija.
Hoy Nicolás está intentado volver a hacer el secundario, para así lograr conseguir trabajo y tener el dinero para dedicarse a la música: “Hay que seguir adelante, hay que levantarse después de caer, hay que guerrear sin parar –dice Nicolás Dayke, padre de dos niñas, estudiante del secundario y apasionado de la música– Al igual que todos, pasé por situaciones desafiantes. Solo no hay que parar. Yo voy a cantar hasta que no me dé la garganta”.
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