Durante décadas, la sexología fue un tema relegado a los márgenes de la academia. Aunque desde hace años existen investigaciones y espacios de formación, recién en el último tiempo comenzaron a desarrollarse propuestas universitarias que buscan consolidarla como un campo de estudio con reconocimiento formal.
La psicóloga y sexóloga clínica Silvana Savoini dirige la Especialización en Sexología de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), la primera carrera universitaria de posgrado con título de especialista en el país, orientada específicamente a la práctica clínica en sexualidad.
Sostiene que la carrera, que arrancó en agosto de 2025, busca ofrecer un marco académico y ético en un contexto donde conviven divulgadores, coaches e influencers que también hablan sobre sexualidad, pero no siempre cuentan con formación en salud.
Actualmente también es coordinadora de la Diplomatura de Estudios Avanzados en Sexología y Neurociencias, y profesora titular de la cátedra de Psicopatología y Neurofarmacología de la Facultad de Psicología, ambas de la UNR. “La sexología es una disciplina incómoda”, afirma.
- La sexología es ineludiblemente interdisciplinaria. ¿Eso la hace más difícil de estudiar?
- La formación del profesional que se dedica a la sexología como disciplina específica es compleja, porque la sexualidad humana también lo es. Involucra múltiples dimensiones del ser humano y requiere el aporte de distintas áreas de la salud. El profesional de la medicina tiene herramientas que no tiene el de la psicología, y viceversa. Por eso nunca se trabaja en soledad.
"Una intervención clínica requiere formación específica para detectar aspectos que exceden la respuesta sexual en sí misma", dice Savoini. Foto: Tomás González.
- ¿Por qué es importante que la sexología ingrese en la educación superior formal?
- Cuando una disciplina entra en el sistema educativo formal ofrece ciertas garantías: permite saber desde qué marco teórico y ético trabaja un profesional. Las prácticas terapéuticas están enmarcadas en una ética y una deontología profesional que regulan las intervenciones.
- Hoy muchas personas hablan de sexualidad en redes sociales. ¿Qué diferencias existen entre la divulgación y la práctica profesional?
- La sexología tiene dos vertientes: educativa y clínica. En el campo educativo, los educadores sexuales pueden hacer educación sexual, pero no pueden hacer atención clínica.
Con la globalización de la información aparecen influencers, coaches sexuales o personas que asesoran desde distintos lugares. Esos saberes pueden ser valiosos, pero una intervención clínica requiere formación específica para detectar aspectos que exceden la respuesta sexual en sí misma. Por ejemplo, una disfunción eréctil puede ser un síntoma centinela de un problema cardiovascular. El profesional debe poder evaluar el estado de salud general de la persona.
Del tabú al aula: qué se aprende en una carrera universitaria sobre deseo, orgasmo y vínculos
Durante años, la formación en sexología se desarrolló principalmente por fuera de la universidad, en asociaciones e institutos privados de gran nivel. Uno de los precedentes en cuanto a formación universitaria fueron los cursos impulsados por el doctor Juan Carlos Kusnetzoff en la UBA, considerado uno de los pioneros clave para instalar el tema en ámbitos académicos cuando todavía resultaba incómodo.
El doctor Juan Carlos Kusnetzoff es considerado uno de los pioneros en instalar el tema en ámbitos académicos cuando todavía resultaba incómodo. Foto: Néstor Sieira.
Además, existen varios antecedentes de formación en sexología dentro de las universidades, por ejemplo, seminarios y materias sobre sexología en carreras de grado de diferentes universidades públicas del país. Tal como narra Silvana, estos valiosos espacios formaron a generaciones de profesionales, pero no contaban con una validación universitaria formal.
- Durante mucho tiempo la sexualidad estuvo por fuera de la academia. ¿Por qué tardó tanto en consolidarse como campo de estudio?
- De la misma manera que ocurre con la tanatología (como lo decía Freud, la sexualidad y la muerte, o sea, el origen y el fin de la vida han generado interrogantes, miedos, prejuicios y tabúes en la humanidad desde todos los tiempos), la sexualidad fue -y sigue siendo- un tabú.
La sexología es una disciplina incómoda: ha crecido en los márgenes de la academia, los discursos sociales sobre sexualidad estaban sesgados por una visión reproductivista, donde el placer sexual quedaba vetado. En ese marco, ¿cómo un profesional universitario va a formarse en algo que tenga que ver con el placer sexual? Parece una banalidad.
"Como ocurre con la tanatología, la sexualidad sigue siendo un tabú", dice Silvana. Foto: Tomás González.
- ¿Qué ideas sobre sexualidad que antes se enseñaban hoy quedaron obsoletas?
- Son varias, como ocurre en cualquier disciplina. Durante mucho tiempo se pensó, por ejemplo, que la respuesta sexual era universal y funcionaba igual en todos los géneros, algo que hoy sabemos que no es así. También se creía que la excitación era sólo una fase fisiológica de la respuesta sexual, cuando en realidad existe una dimensión subjetiva que tiene un peso central (excitación fisiológica y subjetiva).
Otra idea extendida era equiparar orgasmo con satisfacción sexual: hoy se entiende que son cosas distintas, y que puede haber satisfacción sexual sin orgasmo, y haber orgasmo y que la persona no se sienta satisfecha sexualmente.
A eso se suman ciertas concepciones sobre la sexualidad femenina que aún tienen vigencia en ciertos discursos sociales o académicos, provenientes del constructo teórico freudiano, que aún hoy generan en muchas mujeres la percepción de que no son capaces de disfrutar.
Cómo elegir un sexólogo/a: 7 claves para encontrar un profesional confiable
Más allá de la formación académica y la pertenencia a entidades profesionales, Savoini sostiene que el ejercicio de la sexología clínica requiere una combinación de conocimientos técnicos, sensibilidad humana y trabajo interdisciplinario.
Calidez, respeto y empatía, algunas de las claves de un buen sexólogo/a. Foto: ilustración Shutterstock.
- ¿Cuáles dirías que son las características que hacen a un buen sexólogo/a?
- La calidez, ya que hablar de algo tan íntimo suele resultar muy difícil para la persona que consulta, la calidez humana facilita el establecimiento de la confianza en la consulta.
El respeto profundo por las diversidades sexuales y las disidencias relacionales, así como por la diversidad de prácticas que conforman el espectro de la función erótica, para no patologizar ni caer en la medicalización de la vida y/o la sexualidad.
Una mirada psico-bio-social de la sexualidad humana en toda su complejidad, para no ser reduccionista al evaluar las causas o al diseñar las estrategias terapéuticas.
La empatía, como condición para la comprensión genuina del padecimiento del otro.
Una perspectiva de género que le permita analizar las relaciones de poder entre los géneros para detectar situaciones de inequidad y su impacto en la sexualidad.
La humildad de no creer que sabe o puede con todo lo que le pasa a quien consulta, y por tanto no prometer soluciones mágicas o infalibles, conocer los alcances y límites de su actuación profesional.
El sentido elemental de responsabilidad y ética profesional.
Exigencias de época
- En una época donde se habla más que nunca de libertad sexual, en consulta aparecen problemas como falta de deseo. ¿Hay más presión por tener una vida sexual “exitosa”?
- Que hoy se hable más de sexualidad no es garantía de satisfacción ni de deseo, ya que son fenómenos subjetivos y complejos. En la actualidad, lejos de los mandatos restrictivos, la presión social asume la forma de un “imperativo de goce”, donde el placer pasa a integrar la lista de “tengo que” o los “debería”. Desde ya que esto atenta contra el deseo, porque el deseo -por definición- no tiene un objeto o una forma determinada, no es voluntario ni domesticable. Entonces, cuando se pretende reglarlo, pierde su esencia.
- En ese sentido, ¿las redes sociales generan más libertad, o más exigencias sobre el desempeño sexual?
- Cuando hay sobreinformación sobre las maneras de experimentar placer, e incluso de técnicas para lograrlo, se pierde la magia de lo intempestivo propio del deseo. Si hay fórmulas, no hay sorpresa, no hay exploración, no hay interrogantes; sin misterio no hay curiosidad y deseo.
Debemos asumir que no sabemos cómo llegar al encuentro erótico, para que el erotismo se produzca. Cuando vas cargado de instrucciones para el “éxito”, estás siguiendo un guion que no escribiste, y perdés el protagonismo en tu propia historia.
Creo que tenemos que atrevernos a conocernos y a conocer a la otra persona sin prescripciones de eficacia, y allí es donde emerge el deseo, que siempre es irreverente, y ahí es donde se produce un encuentro genuino.
- ¿Y sobre las apps de citas?
- Las redes y las aplicaciones de citas generan un consumo de perfiles a modo de catálogo, cuando en realidad los humanos somos incatalogables. Por un perfil creen saber sobre otra persona, y cuando se encuentran se producen más desencuentros que encuentros.
Esto, además, acentúa la idealización. Es una ficción de control creer que lo que sabemos de alguien a través de las tecnologías nos acorta el camino del conocimiento: en verdad, lo entorpece. Cuando íbamos al encuentro con la mirada ingenua de no saber con quién estábamos hablando, teníamos más chances de conocimiento mutuo.
"Actualmente no existe una matrícula habilitante para sexólogos", explica la psicóloga y sexóloga clínica. Foto: Tomás González.
Una “garantía” para los pacientes
“La formación en sexología ha sido, y de hecho sigue siendo, muy buena; estas asociaciones y organismos nacionales e internacionales funcionan brillantemente bien. Pero la gente no siempre puede saber si esa formación está respaldada por un reconocimiento oficial”, describe Silvana Savoini.
La Federación Sexológica Argentina (FESEA), la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH), la Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología o la Asociación Sexológica Argentina (ASAR) -a su vez nucleadas en la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual (FLASSES) y la World Association for Sexual Health (WAS)- son algunas de las entidades más respetadas en el país.
Actualmente no existe una matrícula habilitante para sexólogos. Hasta ahora, distintas entidades acreditan la formación de los profesionales a través de su comité de acreditaciones. Sin embargo, explica Savoini a Clarín, cuando existe una instancia formal de educación superior, la validación de saberes queda respaldada por una universidad y permite otorgar un título de especialista a partir de una carrera de base en salud, como Psicología o Medicina.
En ese sentido, advierte que algunas personas realizan maestrías o cursos y luego se presentan como “sexólogos”, aunque no cuenten con formación sanitaria para el ejercicio clínico.
“La Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU) reconoció oficialmente el título de la Especialización, y eso le da validez incluso de cara al exterior. A futuro, esto también podría derivar en una colegiatura o matrícula profesional específica para la sexología, algo que hoy no existe”, señala.
Y agrega: “Después habrá que gestionar esa matrícula ante el Ministerio de Salud. Para eso primero tiene que existir una especialidad académica reconocida, como sucede con endocrinología y otras especialidades. Es un debate que hoy se está dando a nivel mundial”.
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