Las plantas de interiores no solamente decoran, renuevan el aire y cambian por completo cualquier ambiente del hogar. Para quienes no quieren complicarse, hay opciones que prácticamente se cuidan solas y no exigen demasiada atención en el día a día. Son prácticas, fáciles de mantener y aportan un toque fresco y moderno en cualquier rincón, sin sumar trabajo extra.

Drácena

La Dracaena marginata es una planta muy elegida para sumar altura y un toque elegante en interiores. No requiere demasiados cuidados, pero necesita buena luz sin sol directo para mantener su color.

Dracena. Foto. Freepik

Lo ideal es ubicarla cerca de una ventana y lejos de corrientes de aire. El riego tiene que ser moderado, ya que el exceso de agua puede dañar las raíces, pero el riego insuficiente hace que se sequen las puntas. Se adapta mejor a ambientes húmedos, cálidos y estables, entre 20 y 25 grados, evitando cambios bruscos.

Cinta o Lazo de amor

El lazo de amor (Chlorophytum comosum) es una de las plantas de interior más fáciles de cuidar. Necesita un ambiente con buena humedad, por lo que en verano lo mejor es regarla cada dos o tres días, mientras que en invierno se puede espaciar, siempre evitando que la tierra se seque por completo.

Planta cinta o Lazo de amor. Foto: archivo

En cuanto a la luz, se adapta bien a interiores luminosos, pero el sol directo puede dañar sus hojas. Si se coloca en exterior, lo mejor es ubicarla en semisombra.

También se adapta bien a distintas temperaturas: soporta el frío hasta -2 °C y el calor moderado, aunque no es conveniente exponerla a heladas. Más allá de lo decorativo, la Cinta o Lazo de amor también ayuda a mejorar el aire en espacios cerrados. Estudios científicos comprobaron que puede reducir el formaldehído, un contaminante presente en muebles y productos de limpieza.

Peperomia

A diferencia de otras plantas tropicales, la peperomia es muy adaptable, pero tiene algunos cuidados que hacen la diferencia. Se desarrolla mejor en ambientes con luz indirecta brillante y es preferible evitar el sol directo, ya que sus hojas son sensibles y pueden quemarse.

Peperomia. Foto: Shutterstock

Como sus hojas almacenan agua, no es necesario regarla con frecuencia y conviene dejar que el sustrato se seque casi por completo entre riegos. El exceso de agua puede pudrir las raíces, por eso es fundamental que tenga buen drenaje.

En invierno alcanza con regarla cada 10 ó 15 días, y en verano depende de la humedad del ambiente. Se desarrolla mejor entre los 18 y 25 grados, y en climas secos ayuda pulverizar sus hojas o ponerla cerca de otras plantas para generar más humedad.