Las últimas cifras de comercio exterior y las proyecciones de exportaciones para los próximos años parecerían confirmar el final de los ciclos “stop&go” que caracterizó la economía argentina desde los años 50 y que mereció una frondosa literatura para explicar el fenómeno en términos estructurales y diferenciarse de las propuestas de los modelos convencionales.
Las posibilidades de un mayor crecimiento de las exportaciones del agro sumado a la incorporación decisiva de los sectores de energía y minerales a la composición exportadora alejarán quizás indefinidamente los riesgos de una crisis de la balanza de pagos, y con ello la recurrencia en devaluación-recesión para equilibrar las cuentas externas.
Hasta los años 70, las dificultades para superar el estrangulamiento externo que impedía el crecimiento sostenido fueron calificadas como un problema estructural de la Argentina. Esto dio lugar a consideraciones sobre los efectos de las devaluaciones, sus consecuencias sobre el salario real por los aumentos de precios, las limitaciones para el crecimiento de exportaciones agrícolas y la dependencia del sector industrial de las importaciones.
La transformación del mercado financiero internacional en la década del 70 abrió las posibilidades del endeudamiento para sortear las crisis de la balanza de pagos con la expectativa de efectuar con tiempo ajustes para obtener un incremento en el saldo de la balanza comercial como producto de un aumento de las exportaciones y una caída de las importaciones.
Sin embargo, las recurrencias al mayor endeudamiento constituyeron soluciones transitorias al crear nuevas exigencias sobre los flujos de la balanza de pago que reiteraban las crisis descriptas en los modelos “stop&go”.
La falta de divisas para afrontar las obligaciones y a su vez satisfacer la demanda de los ahorristas nacionales para protegerse de la inflación, a pesar del medio siglo transcurrido, sigue ocupando la mayor parte de los pronósticos de los analistas económicos que no cesan de especular sobre sus “ignominiosas” secuelas.
Los países asiáticos enfrentados a los problemas de pobreza generalizada no perdieron mucho tiempo en discusiones académicas de modelos para descubrir causales estructurales de su atraso relativo respecto a otras regiones. En un estadio de desarrollo caracterizado por una baja productividad agrícola y una tasa de urbanización sensiblemente menores a las de América Latina, la preocupación central fue generar condiciones macroeconómicas para crear empleos y aumentar las exportaciones para financiar los cambios en sus parámetros de producción.
Dadas las limitaciones para la expansión de las exportaciones agrícolas tradicionales, los países asiáticos alentaron las inversiones ofreciendo condiciones atractivas para evitar la salida de capitales y promover la radicación de empresas extranjeras por sus efectos multiplicadores sobre el resto de la economía. La incorporación de China a partir de 1978 a los cambios en el continente asiático fue el impulso decisivo al proceso de reorientación de los capitales y el traslado de las empresas industriales hacia esa región.
Las empresas extranjeras jugaron un papel fundamental en el aumento de las exportaciones asiáticas. La participación de las multinacionales en el total exportado por China fue del 60% en el año 2000 y en la actualidad aún alcanza al 30%.
En Vietnam, que constituye la estrella del momento por su rápida expansión, explican el 70% aunque marcando un cambio de época, las inversiones provienen mayoritariamente de China, Corea y Taiwán. La receptividad de las inversiones extranjeras en Asia a pesar de su pasado colonial contrasta con la hostilidad que todavía manifiestan algunas corrientes por razones ideológicas que no tomar en cuenta los cambios producidos por la globalización en las operaciones y composición del capital de las grandes empresas.
Los nuevos sectores que se incorporaran a las exportaciones argentinas con sumas crecientes en los próximos años brindan la oportunidad de independizar los ciclos de la economía de su dependencia del resultado de la balanza de pagos.
Estos sectores no solo serán independientes de los saldos de comercio exterior si no que crearán oportunidades para la utilización de sus derivados como insumos para otros sectores que beneficiará a la economía en su conjunto. Quizás el país esté en el umbral de enterrar el “stop&go” para iniciar un largo ciclo de “go&go”.
Todavia no hay comentarios aprobados.