Rutas aéreas suspendidas, hoteles cerrados y cifras de visitantes en caída libre: Cuba tiene en estado de coma al turismo de la isla, un sector económico crucial para el país -y para el régimen castrista-, que ya atravesaba serias dificultades.
La agonía en la que entró la isla golpeó de lleno en la única joya que podía exhibir hasta ahora: entre enero y marzo hubo 48% menos de turistas que en el mismo período del año pasado
El régimen cubano, un actor clave en este ámbito con el control de hoteles, agencias, marinas y transporte, se cita a partir de este jueves con las principales empresas del ramo en la feria del sector FITCuba mientras culpa al bloqueo petrolero de Estados Unidos.
La propia feria, el mayor evento de la industria turística en Cuba, se vio afectada por la falta de combustible: recortó fechas y llevado el tramo para profesionales al campo virtual.
Los organizadores prepararon una plataforma con puestos virtuales para las empresas con posibilidad de interactuar y un sistema de videoconferencias para poder mantener reuniones privadas. Una evidencia de la crisis.
Ante la incertidumbre geopolítica y el derrumbe del mercado internacional, el foco del sector está puesto en el turismo nacional como único revulsivo para la locomotora económica de la isla. "No es una opción, es una necesidad", dijo a la agencia EFE un importante cargo de esta industria que prefiere guardar el anonimato.
Ante la caída, el régimen castrista lanzó paquetes que incluyen transporte, bajado notablemente ciertas tarifas y promovido ofertas para cubanos residentes en el exterior, pero difícilmente pueden compensar la fuerte pérdida de viajeros internacionales.
La Plaza de La Catedral, en La Habana, vacía; un símbolo de la crisis del turismo en Cuba. Foto EFE / Ernesto Mastrascusa
Entre enero y marzo el número de turistas extranjeros cayó hasta los 298.057, un 48% menos que en el mismo periodo del año anterior, que ya había sido el peor de los últimos ejercicios, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
El primer trimestre, que coincide casi completamente con la temporada alta en la isla, se vio amargado desde el principio, cuando la intervención militar estadounidense del 3 de enero en Caracas significó para Cuba el fin del suministro de petróleo venezolano.
Tres semanas más tarde llegaría la amenaza de Washington de imponer aranceles a quien suministrase crudo a la isla. Desde entonces sólo llegó a Cuba un petrolero del exterior, con apenas un 12% de las necesidades mensuales del país.
Aviones en tierra y hoteles vacíos
Las cuatro aerolíneas canadienses que volaban a la isla y las dos que viajaban desde Rusia (responsables en 2025 de transportar en torno a la mitad del turismo internacional a Cuba) suspendieron sus vuelos en febrero de manera temporal pero indefinida por falta de combustible para aviones.
Varias aerolíneas más cancelaron luego sus vuelos, como la turca Turkish Airlines y la francesa Air France; o reducido sus frecuencias, como es el caso de la española Iberia (que dejará la ruta en suspenso en junio) y la panameña Copa, entre otras.
Ante la falta de demanda y la escasez de combustible, el régimen cubano anunció una reorganización de los hoteles por motivos de eficiencia energética que en la práctica es el cierre temporal de la gran mayoría de las instalaciones de la isla, incluidas muchas en Varadero, el principal polo de turismo de sol y playa.
La crisis petrolera llegó a Cuba en un momento en el que el sector turístico se encontraba ya en un estado de gran debilidad por la combinación de múltiples factores internos y externos, según los expertos.
Perjudicaban su desempeño la grave crisis del país, que lastra el servicio y la experiencia; la decisión de EE.UU. de no conceder la visa rápida ESTA a quienes hayan visitado previamente Cuba; el cierre de rutas aéreas; y la competencia de destinos equiparables como Cancún (México) y Punta Cana (República Dominicana).
En 2025 se registraron las peores cifras turísticas desde 2002, sin contar los años de pandemia de covid. Cuba recibió el año pasado poco más de 1,8 millones de visitantes extranjeros, frente al objetivo gubernamental de 2,6 millones. La ocupación hotelera quedó en el 18,9%, según la ONEI.
En comparación, en 2024 habían sido 2,2 millones de visitantes extranjeros y en 2023, unos 2,4 millones, con lo que ya el volumen de turistas se situaba en torno a la mitad de los máximos del sector, registrados en 2018 (4,6 millones) y 2019 (4,2 millones), en los años del deshielo diplomático con Washington.
Desde que Cuba se abrió al turismo en los años 90, esta industria fue una de los principales rubros de la economía y de las principales cajas para el castrismo, tanto por los ingresos y el empleo que genera como por el aporte en divisas, esencial para un país que importa el 80% de lo que consume.
Con información de EFE.
DS
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