Algunas personas le caen bien a todo el mundo y otras provocan un malestar inexplicable. Las primeras resultan agradables, pero las segundas tienen el efecto contrario porque son una fuente de negatividad. Desde la psicología logran explicar este sentimiento.

Porque, en realidad, no es fenómeno aislado, porque el malestar que generan estas “personas tóxicas” pueden comenzar a multiplicarse y transformarse en un cuadro de ansiedad social.

Malestar, irritabilidad, cambios de humor y ansiedad son solo algunos de los sentimientos que constituyen el “aura” de estas personas que le caen mal a casi todos, sin motivo alguno.

En realidad, para los psicólogos, hay motivos detrás de esas personalidades que generan sentimientos para rechazar. Todo tiene que ver con un tipo de estrés poco conocido.

Qué significa que una persona te caiga mal sin motivo

La persona que te cae mal es con la que terminas peleando siempre.

El estrés relacional antagónico es el resultado de la acumulación de una gran carga emocional y de distintos patrones. Puede afectar las relaciones entre las personas y sus vínculos, que en lugar de florecer y perdurar tienden a agotar a quienes lo sufren.

El portal Psicoactiva explica que:

  • Este tipo de estrés “surge debido a las interacciones negativas que mantenemos de forma habitual con otras personas, en especial aquellas que forman parte de nuestra red cercana de relaciones: pareja, familiares, amigos íntimos o colegas de trabajo con quienes existe un contacto frecuente”.


  • Añade que “a diferencia del estrés ocasional producido por un malentendido pasajero o una discusión aislada, el relacional antagónico se construye sobre dinámicas repetidas de hostilidad, crítica, rechazo, sarcasmo, manipulación o falta de apoyo”.


  • Por tanto, el estrés relacional antagónico no se limita a una sensación psicológica de malestar y correlatos fisiológicos. Porque las tensiones recurrentes en las relaciones íntimas activan los mismos sistemas neuroendocrinos que responden a las amenazas físicas, como en todos los tipos de estrés.

Al verse en una situación que el cerebro interpreta como de peligro, sea real o no, el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal (HPA) y el sistema nervioso simpático actúan para protegernos y liberan la llamada hormona del estrés, el cortisol. Con el tiempo, el estrés crónico facilita la aparición de enfermedades cardiovasculares e inmunológicas.

El llamado estrés relacional antagónico se puede producir con familiares, amigos íntimos o colegas.

Por otra parte, los especialistas en salud mental informan que no es necesario que exista un conflicto puntual para que una persona nos genere irritabilidad o ansiedad cada vez que estamos con ella.

El impacto del estrés relacional antagónico puede afectar el bienestar físico y mental, provocando problemas de ansiedad, anímicos y de sueño. Además, se manifiesta en relaciones que, aunque puedan ser importantes, generan un desgaste continuo:

  1. Conversaciones que nos dejan emocionalmente agotados.
  2. Necesidad constante de justificarse frente al otro.
  3. Sensación de no poder comportarse con naturalidad.

El contacto permanente es lo que vuelve intolerable el estrés relacional antagónico.

Establecer límites claros es una de las principales recomendaciones de los expertos, así como entender que no estamos obligados a mantener relaciones y vínculos que provoquen malestar, ansiedad e irritabilidad.