La relación entre el psicoanálisis, el surrealismo y la Argentina abarca un extenso entramado que desde hace años despierta la curiosidad de Leandro Martínez Depietri, que busca decodificar sus recovecos, a través de 85 obras de artistas reconocidas, desplazadas e incluso olvidadas, así como una nueva generación que instala facetas poco abordadas para desentrañar cruces, similitudes y guiños inconscientes que salen a la luz en Continente oscuro. Feminidad, disidencia y surrealismo en Argentina, en el Museo de Arte Contemporáneo (MACBA).

Cuando le preguntan al curador cómo descubrió la única pintura que se conoce de Alejandra Pizarnik, responde pícaramente que hay fuentes que no se revelan. Ella se une al resto de las artistas que de forma directa e indirecta dialogan con la corriente vanguardista que cuenta con una compleja tradición, para insertarla en la actualidad.

América. De Lucía Franco (1969)

El surrealismo, que surgió entre las dos grandes guerras de la mano de “El club Breton”, reunido en una París alborotada y que planteó metodologías a partir de la interpretación de los sueños y el automatismo psíquico, contó con aportes fundamentales de mujeres y disidencias, que desarrollaron un cuerpo de obra elevado, donde se hacía presente la intimidad, el cuerpo y el psicoanálisis, desde Leonora Carrington y Remedios Varo hasta Claude Cahun, Maruja Mallo o Leonor Fini entre tantas otras y que no recibieron su merecido reconocimiento hasta décadas más tarde.

En relación a eso, se destacan errores ya divulgados, como cuando André Breton, lejos de ser un conocedor de la cultura mexicana, anunció que esa era la tierra surrealista por excelencia, posicionando a Frida Kahlo bajo sus alas, cuando por lo contrario no creaba en base a metodologías sino pura intuición. En respuesta, el artista que creía saberlo todo recibió una dosis de humildad. Este tipo de relatos, demasiados para enumerar en un solo texto, resaltan lo importante que es exigirle más a estos cánones agotados. Y si bien son muchas las investigaciones que ya han conseguido revertir la problemática, esta muestra hace su aporte desde un contexto donde el surrealismo siempre estuvo vigente, aunque tamizado y transformado.

Adiós. Obra de la serie de Graciela Sacco.

En el inicio del recorrido se plantea el término “El continente oscuro”, acuñado por Freud para describir la sexualidad femenina en su libro “La cuestión del análisis profano”, donde manifiesta una falta de entendimiento en relación a esta cuestión. Por lo tanto, lo que se busca aquí es invertir su valoración. “Estas palabras, que también fueron usadas para hablar del continente africano, tiene connotaciones patriarcales y coloniales. Me interesa que se analice como una zona oscurecida en el discurso moderno. Aquí proponemos tomarla como un sitio de crítica”, explica el curador.

En la sala de la planta baja se propone un análisis que denomina “Formas sumergidas”, donde aparecen representaciones del inconsciente y estados límites de la consciencia en la obra de Valentina Quintero, Clara Esborraz y Dignora Pastorello, que demuestran que si bien suele pensarse que el surrealismo deviene de la construcción de mundos fantásticos, es, por el contrario, la liberación de la mente frente al racionalismo.

Contemporánea. Obra de Josefina Labourt.

En Tiro al parto, un gran dibujo de Florencia Rodríguez Giles, la artista explora su experiencia personal para aborda la instancia del parto y el inicio de la maternidad, analizando el temor o trauma que puede generarse. A unos pasos, se hacen visibles pequeñas cabezas de muñecas realizadas en cerámica de Catalina Oz, que lloran sin parar, un abrazo maternal que une a dos figuras dolientes en una pintura de Florencia Marrapodi, un video de Mónica Heller, donde un cuerpo se alimenta a sí mismo -transformando la figura de la madre, históricamente representada como la virgen que amamanta y una obra de Ornella Pocetti que ubica al arco de histeria, representado por Louise Bourgeois, que tantas veces indagó los complejos lazos familiares y el patriarcado, en un plano contemporáneo.

Tótem. Obra de Magda Frank, 1970.

Estos trabajos anulan interpretaciones trilladas y advierten que hace tiempo quedaron de lado los discursos unilaterales y complacientes. La línea de investigación dialoga a su vez con obras que cargan con un compromiso político, como las de Silvia Brewda, creadas durante la última dictadura militar, cuando se volvió una urgencia procesar lo que estaba sucediendo. Aparecen también los espacios cotidianos, la intimidad, la sexualidad, la liberación y la oscuridad para demostrar que el surrealismo estuvo siempre más cerca de la condición humana y la realidad que de la fantasía, un sentir que se traslada, incluso entre las artistas que reinterpretan interrogantes, fórmulas, esquemas y estrategias de la corriente sin abanderarse.

De esta manera, Martínez Depietri teje una extensa red que invita a descubrir nexos entre Mildred Burton, Trinidad Metz Brea, Laura Codega, Alicia Penalba, Liliana Porter, Elba Bairon, Lea Lublin, Verónica Gómez, Emilia Gutiérrez, Narcisa Hirsch y muchas artistas más, que por primera vez se reúnen en este simposio de estímulo y catarsis.

  • Continente oscuro. VVAA
  • Lugar: MACBA, Av. San Juan 328
  • Horario: lun. a dom. de 12 a 19
  • Fecha: hasta el 2 de agosto
  • Entrada: general $8.000