La guerra de Estados Unidos con Irán ha desatado “la mayor crisis energética de la historia”, según la Agencia Internacional de Energía (IEA), superior incluso a las crisis de 1973/Yom Kippur, 1979/Irán/Irak y 2022/Rusia/Ucrania, combinadas.

Al mismo tiempo, EE.UU. lleva gastados más de US$ 25.000 millones en sólo 7 semanas de guerra, concentrados fundamentalmente en municiones, reparaciones y reemplazos; y sucede cuando el gobierno del presidente Donald Trump le ha pedido al Congreso una ampliación de 42% en su presupuesto de Defensa 2027, llevándolo de US$ 1 billón actuales a US$ 1,5 billones el próximo año, todo esto sin contar los gastos específicos y crecientes que acarrea la guerra con Irán.

Todo esto ocurre cuando los mercados bursátiles de Wall Street experimentan el boom de activos más extraordinario de su historia.

El Índice S&P500, por ejemplo, ha aumentado más de 30% en relación al nivel de un año atrás. En abril, el mejor mes de los últimos 20 años, el S&P500 trepó más de 10% sólo en ese período.

Lo notable, y todavía más revelador, es lo que ha ocurrido con el Nasdaq, el índice compuesto de alta tecnología, que creció 15% en los últimos 30 días, el mejor período desde 2020.

Las cuatro grandes compañías high techAmazon, Meta/Facebook, Microsoft, y Alphabet/Google – han resuelto invertir en conjunto en 2026 un record histórico de US$ 725.000 millones, destinados en su totalidad a la construcción de la infraestructura de la Inteligencia artificial (IA), un auge de 77% respecto a 2025.

Hay entre las cuatro high tech un auténtico frenesí inversor donde utilizan esencialmente sus propios recursos que, por la magnitud de sus ganancias, ya son indistinguibles del sistema financiero internacional stricto sensu.

Para todo este mundo high tech norteamericano, en suma, el Estrecho de Ormuz ni siquiera es un ruido disonante que ocurre a la distancia.

Algo semejante sucede con el salto experimentado por el precio del petróleo, donde el Brent trepó por encima de US$ 125/barril la semana pasada y la gasolina alcanzó a US$ 4/galón en EE.UU.

Al contrario, la combinación de estos acontecimientos tuvo como consecuencia que los capitales del sistema global se volcaron todavía con mayor celeridad a los fondos high tech, sobre todo los que invierten en inteligencia artificial.

Las raíces de una crisis como la que experimenta el mundo de hoy son muy profundas y complejas, pero el camino de su superación es de una asombrosa nitidez y simplificación.

Dice Jensen Huang, el dueño e impulsor de Nvidia, que todas las actividades productivas y de servicios son transformadas en sus raíces en el momento actual por la tecnología fundamental de la época, que es la inteligencia artificial. Y que este proceso inexorable de reconversión del sistema mundial va a completarse en los próximos 10 años.

Más aun, puede afirmarse que a través de la reconversión tecnológica que tiene lugar en este momento el sistema mundial se integra irreversiblemente, desaparece para siempre la diferencia entre el “adentro” y el “afuera”. Incluso la idea de la “política doméstica” como distinta y opuesta a la política internacional se convierte en una rémora del pasado sin ninguna sustancia ni contenido en el mundo de hoy.

De esta situación mundial centrada en la alta tecnología es de donde surge el poder excepcional de EE.UU. hoy, por ser el país más adelantado en el proceso de fusión de la inteligencia artificial con todas las actividades económicas, educativas y militares.

“¿Qué es EE.UU hoy?” se preguntó Carl Schmitt en 1946, y respondió con precisión: “Es el poder desencadenado de la técnica sin restricciones de ningún tipo”.

Por eso, como aclaró en su momento Martin Heidegger, refiriéndose ante todo a EE.UU., que “…la esencia de la técnica no es técnica, sino cultural”.

Esta semana el Pentágono firmó una alianza formal con las grandes compañías IA – Nvidia, SpaceX, OpenAI, Google, Microsoft, y Amazon Web Services (AWS) – para integrar sus capacidades con los entornos más sensibles y reservados del sistema militar estadounidense: “Estos acuerdos aceleran la transformación del poder militar norteamericano en una máquina creativa y adaptativa de Inteligencia artificial”, dijo el secretario de Guerra Peter Hegseth, el número 2 después del Comandante en Jefe, que es Donald Trump.

El contenido del poder político también se ha modificado y ahora ha surgido un nuevo “Bloque Histórico” en EE.UU., en los términos del gran pensador que fue Antonio Gramsci, y que está constituido por la alianza entre el gobierno de Trump y Silicon Valley. Lo que fusiona este nuevo “Bloque Histórico” es una ideología del Súper-Optimismo que sostiene que la IA crece sobre sí misma y, a medida que lo hace, aumenta su capacidad de transformación.

Por eso es que se puede afirmar con certidumbre que el poder de EE.UU. con Trump a la cabeza tiene un carácter estructural, no circunstancial, no mercurial, sino estrictamente revolucionario. Y que por eso pone en crisis el status quo en todo momento y en todas partes sin excepción.