El Presidente confiesa cierta decepción porque su narrativa política, viga maestra muchas veces de sus éxitos, parece estar atascada en un pantano. Dejó de tener el efecto que tenía. No repara en la posibilidad de que sus errores hayan causado esa mutación. Menos aún en la influencia de una oposición espectral. El verdadero enemigo, según su interpretación, ha pasado a ser el periodismo al que empuja siempre con descalificaciones al centro de la escena.

La multiplicación de la ofensiva de Javier Milei obedece a una admisión y una lógica. Ha dicho días pasados en una reunión en Olivos que “la batalla contra los medios la tengo perdida”. Pero no está habituado, según dice, a frenar en las curvas. Así surgió la clausura temporaria de la Sala de Prensa de la Casa Rosada. La posterior apertura con restricciones. La afirmación histérica durante un reportaje telefónico por televisión de que “el periodismo le arruina la vida a la gente”.

El motivo de la ira del líder libertario responde a los sucesivos fracasos para coagular la sangría política y social que le produce el escándalo de Manuel Adorni. La primera rueda de prensa del portavoz, apenas trascendieron aspectos de su turbia situación patrimonial, solo sirvió para encender la mecha. Ninguno de los recursos posteriores alcanzó a sofocarla. Una entrevista, la teatralización de un blindaje político en torno al informe que brindó en Diputados, otra rueda de prensa vacua, el anuncio por boca de Milei de que el jefe de Gabinete adelantará su declaración jurada patrimonial. Una conferencia de Luis Caputo y Alejandra Monteoliva, la ministra de Defensa, a la cual llevaron de ornamento al portavoz. Coreografía de supervivencia.

La obstinación presidencial puso al descubierto demasiadas debilidades del Gobierno que durante mucho tiempo resultaron enmascaradas por la estabilidad macroeconómica y las expectativas de una mayoría. Una lección es que la comunicación representa una herramienta muy importante. Nunca determinante ni eterna.

No vale reparar en la batalla que Milei alucina contra los medios de comunicación. El gobierno libertario viene perdiendo también por paliza en las redes sociales desde que el escándalo Adorni escaló. Hablamos del territorio de hegemonía libertaria. Hay un trabajo de la consultora Ad Hoc, especializada en ese rubro, que lo refleja: las menciones negativas sobre el oficialismo y el Presidente treparon al 57%; las positivas quedaron en 32% y existe un 11% de prescindentes.

Es cierto que Santiago Caputo, el artífice de la comunicación oficial, no podría hacer milagros frente a un escándalo como el de Adorni, que se asemeja a una bomba de racimo. Dispara infinidad de esquirlas de sospecha. Deja heridos potenciales. No es menos evidente que la lucha interna con Karina Milei y su pérdida de posiciones internas en el poder ha retraído el activismo de las Fuerzas del Cielo.

Regresaron sin el entusiasmo de antes con el objeto de acobardar a los testigos que aportan novedades sorprendentes sobre la solvencia económica del jefe de Gabinete. El constructor Matías Tabar le dijo al fiscal Gerardo Pollicita que había recibido de parte del contador un pago cash de US$ 245 mil por la refacción de la casa en un barrio privado de Exaltación de la Cruz. Lo etiquetaron kirchnerista. Milei arremetió con esa muletilla falsa. Hubo un episodio extraño de violencia cerca de la casa de Tabar.

Tampoco aquella es una refriega novedosa. Ni la más sobresaliente. Patricia Bullrich ha quedado ahora en medio del fuego karinista. La senadora fue quien más insistió para que Adorni brinde alguna explicación clara sobre su patrimonio. Fue la primera que hizo pública la perentoriedad para que presente su declaración jurada. Milei dijo que se le anticipó. Incomprobable. La mujer tenía otra carta que no mostró: un pedido de licencia del jefe de los ministros hasta que la Justicia concluya su labor.

Bullrich se adjudica un margen de maniobra política que en el gobierno ultra verticalista de los hermanos Milei no dispone nadie. Tal vez una excepción en cuotas sea “Toto” Caputo, el ministro de Economía. La senadora, por esa ambición autonomista, se viene ganando la desconfianza de Karina. La hermanísima la tiene en la grilla de la Ciudad ante el naufragio de la candidatura de Adorni. Pero experimentará hasta el año que viene con otras figuras.

Se le atravesó en la garganta aquel abrazo cálido que Bullrich se dio en la Fundación Libertad con Mauricio Macri. Ronda el temor de que el PRO pueda en 2027 llevar, como pregona el ingeniero, su propio candidato. ¿Surgiría de la reconciliación de la pareja política que en 2023 obsequió los votos a Milei para que triunfara en el balotaje?. Sería la ruina para el proyecto de la reelección.

Esos temblores libertarios tienen quizás otros epicentros de importancia similar. El escándalo Adorni exhibe fallas en la conducción política, en manos exclusivas de los hermanos del poder. Está dejando al Gobierno como rehén de la suerte de un funcionario. El portavoz se atrevió a aventurar que “pegarme a mi es lastimarlo al Presidente”. Asoma otro costado poroso: de la nada, el portavoz terminó por convertirse en una pieza clave del sistema. Difícil saber si ha sido por su extrema destreza o por la ausencia de figuras libertarias relevantes. La Libertad Avanza ha crecido cuantitativamente, sin dudas, pero siembra interrogantes sobre el salto de calidad.

Tal vez esa endeblez política de la maquinaria oficial explique el vahído que percibirían los Milei ante la amenaza del tropezón final de Adorni. Valdría detenerse en eso para intentar comprender la evolución del escándalo. No han existido respuestas para asuntos básicos. De estricto sentido común. ¿Tan difícil resulta justificar un patrimonio de tres propiedades y dos autos?. ¿Por qué razón esperaron dos meses para recurrir a la declaración jurada?. ¿Qué indujo al jefe de Gabinete a asegurar que el patrimonio provenía de su actividad previa a la llegada al poder cuando las investigaciones judiciales demuestran lo contrario?. Si supone que su palabra pública podría considerarse una obstrucción a la investigación judicial. ¿No lo fue acaso su ofrecimiento por chat al contratista Matías Tabar de acercarle su equipo de abogados antes de su declaración?

Aquella cadena de interpelaciones podría colocar en hipótesis bajo un cono de sombra el apoyo irrestricto de los hermanos Milei. ¿Nunca supieron nada de eso?. ¿Adorni les ha contado otra historia?. ¿O ha sido partícipe también de enjuagues polirubros non santos?. Tal sendero de enigmas puede desembocar en otra inquisición. ¿Los Milei son protectores o socios de Adorni?. ¿O ambas cosas?.

La declaración jurada con la cual los hermanos del poder y el jefe de Gabinete prometen poner fin a la saga no deberá dejar el mínimo resquicio. Tendrá que ser excelentemente confeccionada. Esa ingeniería demorará su presentación. Estará bajo cuatro lupas de la opinión pública y de la Justicia. Ariel Lijo, que sustancia la causa por enriquecimiento ilícito, pidió que se ausculte otra fuente de ingresos que podría haber tenido el contador Adorni. La consultora Más BE, dedicada a la humanización de empresas, que pertenece a su esposa Bettina Julieta Angeletti. Se fundó a mediados del 2024 cuando su marido ya integraba el Poder Ejecutivo. Tuvo entre sus clientes a firmas estatales, como Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

El escándalo Adorni no constituye, con evidencia, un episodio más relacionado con oscuridades del poder. Es una mancha de aceite que se expande sobre un piso ya de por sí resbaladizo. “Toto” Caputo lamentó que la permanencia del caso haya empalidecido cierta mejora del riesgo país y el repunte de acciones argentinas en Wall Street. También, que un nuevo anuncio sobre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) se haya evaporado rápido.

En geografías del mundo donde se sigue con atención el experimento de Milei que, en muchos casos, cosechó elogios, los problemas de la falta de transparencia libertaria también empiezan a ocupar la primera línea. The Economist y The Financial Times (ambos ingleses) y The New YorK Times coincidieron en largos artículos que el gobierno argentino empieza a chocar con una serie de problemas en los cuales se mezcla la crisis social con la corrupción.

Sin recurrir a menciones lejanas, la combinación de aquellos tópicos aflora en los trabajos cualitativos de opinión de la consultora ARESCO. En ellos se advierte que Milei seguiría reteniendo un apoyo del 39%. Con un desmenuzado interesante. El 25% afirma que lo seguirá respaldando contra viento y marea. El 14% coloca condicionamientos ligados sobre todo a la realidad económico social. Permanecen, sobre todo, por el temor al posible regreso del pasado. Serian votantes del PRO.

El Gobierno afronta esta coyuntura tormentosa con una sola ventaja objetiva. La oposición continúa su larga peregrinación por el desierto. Parece ir siempre por detrás de los focos de conflictos importantes que se van gestando. En especial, ligados a la educación y la salud. Axel Kicillof se sigue ofreciendo como la alternativa a Milei con un libreto desactualizado. También, con el desinterés de Cristina Fernández y la resistencia de La Cámpora. Sergio Massa juega a que el espectro peronista se fragmente y termine convergiendo en su postulación. Hay quienes suponen que el camporismo se terminará “bregmanizando”. Confluencia con la líder de la izquierda, Miriam Bregman.

Sectores peronistas (incluidos algunos intendentes) y radicales fuera de ese circuito apuestan a encontrar la figura propicia que encaje en el clima de época. Vienen hablando con Jorge Brito, el banquero ex presidente de River que sistemáticamente rechazó las ofertas para pensar en el 2027.

Aseguran que podría regresar de Países Bajos, a donde viajó, con una opinión distinta.