Uno de los acontecimientos más esperados en nuestra Feria Internacional del Libro, que este año está cumpliendo sus bodas de oro con la literatura, tuvo lugar el sábado a la noche con la sala José Hernández colmada, una de las más importantes por su capacidad de butacas y por su excelente acústica.
El Premio Nobel de Literatura Mo Yan el sábado en la Feria del Libro. Foto: Matías Martin Campaya.
Se trata de la presentación del Premio Nobel chino, Mo Yan (que significa, literalmente, “no hables”), lo que constituyó uno de los eventos principales, compartiendo estelaridad con otras grandes figuras nacionales e internacionales como el Nobel sudafricano J.M. Coetzee; el español Arturo Pérez-Reverte, el cubano Leonardo Padura, el peruano Jeremías Gamboa, entre muchas otras personalidades de las letras que pasaron por esta ya clásica fiesta de la lectura en Buenos Aires.
Mo Yan nació en 1955 en Gaomi, provincia de Shandong, en una familia de origen rural y humilde. A los 12 años, dejó la escuela durante la Revolución Cultural para trabajar en el campo y, posteriormente, en una fábrica. En 1976, se alistó en el Ejército Popular de Liberación y empezó a estudiar literatura y también a escribir. Su primera novela, Densa lluvia en la noche primaveral, fue publicada en una revista literaria en 1981.
Entre sus obras destacan: Sorgo rojo (1987), llevada al cine por el director Zhang Yimou; Las baladas del ajo, publicada en 1988; La República del vino (1992); Grandes pechos, amplias caderas (1996); La vida y la muerte me están desgastando (2006) y Rana (2009). El 11 de octubre de 2012 recibió el premio Nobel de Literatura por “su estilo único que combina el realismo alucinatorio con relatos tradicionales, historia y la época actual”.
Su visita en Buenos Aires
Apenas llegado a la Argentina, Mo Yan había sido recibido con honores en nuestro primer Coliseo, el Teatro Colón, donde se le otorgó la distinción de Huésped Ilustre. Allí agradeció “a Borges y a Cortázar, a Maradona y a Messi” y confesó: “Me gusta muchísimo la Argentina y por eso pienso que he llegado tarde, tendría que haber venido antes”.
También visitó el Museo Nacional de Bellas Artes, dirigido por Andrés Duprat, quien, además de ser arquitecto y curador de arte, es el guionista de la película argentina El ciudadano ilustre (2016), dirigida por Gastón Duprat y Alejandro Cohn, que narra el regreso de un escritor premio Nobel argentino a su pueblo natal.
El Premio Nobel de Literatura Mo Yan el sábado en la Feria del Libro. Foto: Matías Martin Campaya.
En el penúltimo día de la feria y con una enorme concurrencia de público, entre ellos, una fuerte presencia de la comunidad china, el Premio Nobel chino Mo Yan dialogó con Ezequiel Martínez, director de la Feria, y Alejandro Vaccaro, expresidente de la Fundación El Libro.
Minutos antes, había ofrecido una conferencia de prensa a un grupo reducido de periodistas, donde respondió a preguntas sobre su relación con el realismo mágico de Gabriel García Márquez y la influencia en su estilo de escritura de autores argentinos como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar:
“Leí a Julio Cortázar, La autopista del sur, y los cuentos de Borges. Tras leerlos, me dije: necesito reformar mi forma de narrar”. Recordó que esas lecturas en los años 80 marcaron un giro en su escritura y que, como García Márquez con Kafka, entendió que se podía narrar de otra manera.
En cuanto a la actualidad, se refirió al impacto de la inteligencia artificial en la literatura: “En la actualidad, la IA todavía no puede sustituir el trabajo creativo de un escritor”. Defendió la idea de que los escritores aprenden unos de otros: “Entre los escritores del mundo uno aprende y recibe del otro, es muy común en el círculo literario”.
El Nobel sorprendió con una confesión sobre su llegada al país: “Antes de venir, leí literatura argentina, pero también vi muchos partidos de los equipos argentinos; la literatura y el fútbol son dos grandes tradiciones de este país, pero la gastronomía también me ha fascinado: la carne y los mariscos son riquísimos, me gustaron muchísimo. Ahora pienso que podría haber llegado antes, ¡tengo que repetir mi viaje a Argentina!”.
Preguntado sobre si había recibido presiones a la hora de escribir, dada la crudeza con que describe, principalmente en Sorgo rojo, la violencia y la lucha por la supervivencia, Mo Yan respondió que nunca había recibido intimidaciones ni sugerencias de censura, solo comentarios de sus editores relacionados con cuestiones de estilo.
El Premio Nobel de Literatura Mo Yan el sábado en la Feria del Libro con el director de la muestra Ezequiel Martínez y el expresidente de la Fundación El Libro Alejandro Vaccaro. Foto: Matías Martin Campaya.
El momento más esperado
En diálogo con los directivos de la Fundación El Libro y acompañado por un traductor simultáneo, el Nobel chino se mostró gratamente sorprendido por la cantidad de concurrencia del público argentino en la Feria: “La verdad es que he participado en muchas ferias alrededor del mundo y para mí es una novedad”, dijo.
Alejandro Vaccaro quiso saber cómo había sido el momento en que recibió la noticia del Nobel.
Mo Yan contó que media hora antes del anuncio oficial había recibido la llamada de la Academia Sueca. En ese lapso no había aceptado recibir a los periodistas, a pesar de que ya había cerca de doscientos de ellos en la puerta de su casa, queriendo hablar con él.
“Tuve que jugar a las escondidas, esconderme de los medios para poder escribir”.
Mo Yan dijo que, al momento de recibir el premio, él tenía 57 años y todavía era joven, así que sintió que estaba lejos de cumplirse esa especie de “maldición” que sostiene que, después de recibir el Nobel, el autor está acabado, y aludió a El ciudadano ilustre y a su encuentro con Duprat.
Por eso, después de haber recibido la distinción, publicó dos obras de dramaturgia, dos guiones de teatro y también dos libros de cuentos. “Hace un mes publiqué un nuevo libro de cuentos muy cortos, hoy se cumplen 30 días de publicación y hemos vendido 600 mil ejemplares. A lo largo de estos 14 años no desperdicié mi tiempo y he podido agradecer a mis lectores a través de mi creación literaria”.
“El Nobel no es una meta sino un nuevo comienzo. La mejor forma de agradecer a la Academia Sueca es escribir mejores obras”.
Ezequiel Martínez, director de la Feria, lo comparó con García Márquez y la transformación de Aracataca. Mo Yan aludió a la película de los Duprat y Cohn: “Lo que contó El ciudadano ilustre también lo viví, aunque no de manera tan exagerada”.
Y describió cómo su pueblo natal se convirtió en un centro turístico: “Hoy es un lugar de interés 4A en China –que significa un lugar muy destacado de interés turístico– con decenas de miles de visitantes. Vecinos venden mis libros y artesanías, incluso un compañero de infancia prosperó con ese negocio”.
El Nobel, que había publicado Sorgo rojo en 1987, relató su origen: “En 1985, con motivo del 40 aniversario de la victoria antifascista, escribí sobre un conflicto real de 1938 en mi pueblo. Tardé apenas diez días. No traté al sorgo como una planta, sino como algo con vida, con pensamientos. No me centré en la guerra, sino en los sentimientos humanos. Rompí el tiempo lineal y recurrí a un lenguaje colorido, casi impresionista”.
La charla se volvió más íntima cuando Martínez lo llevó a su autobiografía. Mo Yan explicó la presencia de un camión soviético en la autobiografía: “Cuando estaba en el servicio militar soñaba con manejar ese vehículo. En mi pueblo, quien sabía conducir era considerado un semidiós. Pensé incluso en escribir un cuento infantil donde dos camiones se convierten en espíritus y se enamoran”.
Vaccaro lo interrogó sobre sus géneros preferidos. Mo Yan recordó: “En los años 80 me sentía cómodo escribiendo novelas. Sorgo rojo la escribí en una semana, La vida y la muerte me están desgastando en 40 días, con audífonos puestos y música que marcaba el ritmo. Hoy me siento más cómodo con el teatro, porque es como una discusión fuerte con otra persona”.
Admiración por Borges y Cortázar
El Nobel, que había confesado en la conferencia su admiración por Borges y Cortázar, habló de América Latina: “Entre 1981 y 1985 comencé a leerla. Aprendí mucho de sus técnicas narrativas. Últimamente leí a Roberto Bolaño. América Latina es un gran continente de autores, con una estética única que enriqueció la literatura universal”.
El Premio Nobel de Literatura Mo Yan el sábado en la Feria del Libro con el expresidente de la Fundación El Libro Alejandro Vaccaro. Foto: Matías Martin Campaya.
La última pregunta de Martínez fue sobre una frase de cambios: “Para un árbol cambiar de sitio es la muerte. Para un hombre, cambiar de sitio es la vida”. Mo Yan reflexionó: “Un árbol, al mudarse, rompe sus raíces y muere. Pero una persona, cuando se encuentra en apuros, puede cambiar de lugar, encontrar un nuevo trabajo y un futuro diferente. Es una frase positiva que mucha gente de mi pueblo cita”.
Mo Yan se presentará este lunes 11 de mayo en el MALBA, donde habrá un recitado de prosa poética tradicional china, luego de lo cual, el Nobel dialogará con Alejandro Vaccaro, en un evento organizado por la Embajada de la República Popular China, con entrada libre y gratuita hasta agotar la capacidad de la sala.
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