En las estribaciones de los Andes argentinos, el enorme radiotelescopio chino se encuentra en uno de los mejores lugares del mundo para observar las estrellas, rodeado de vastas y onduladas cadenas montañosas y bajo un cielo libre de contaminación lumínica. También se encuentra en el lado opuesto del planeta con respecto a Beijing, lo que ofrece a China una ventana a la mitad del cielo que de otro modo no podría ver.
Pero el telescopio chino en el lugar, el observatorio Cesco en la provincia de San Juan, no capta ninguna señal. Después de que el gobierno de Estados Unidos presionara repetidamente a las autoridades argentinas sobre el tema, estas detuvieron la finalización del proyecto. Al carecer de piezas clave, el telescopio yace ahora desarmado y su gigantesca antena apunta ciegamente al cielo.
A medida que Estados Unidos ve cada vez más a Beijing como un rival en el espacio, las estrellas sobre Sudamérica se han convertido en puntos álgidos de una lucha geopolítica, en la que altos funcionarios estadounidenses intentan detener proyectos astronómicos en los desiertos andinos por temor a que China los utilice con fines militares.
El gobierno de Donald Trump afirma estar aplicando una versión actualizada de la Doctrina Monroe, en parte para contrarrestar la creciente presencia de China en el hemisferio occidental. China es un socio comercial clave para muchos países de América Latina e intenta establecer vínculos científicos y de seguridad. Sus relaciones en la región podrían ser tema de conversación en las conversaciones oficiales de esta semana en Beijing entre el presidente Trump y Xi Jinping, líder de China.
El año pasado, Chile detuvo un proyecto de observatorio astronómico chino en el desierto de Atacama tras la fuerte insistencia del embajador de Estados Unidos. Y en el caso del proyecto del radiotelescopio chino del observatorio Cesco —que sería el más grande de su tipo en Sudamérica—, las autoridades han retenido en la aduana algunas piezas finales clave durante unos nueve meses.
El año pasado, Chile detuvo un proyecto de observatorio astronómico chino en el desierto de Atacama.
Según un documento del jefe de gabinete del gobierno argentino, las violaciones de procedimiento en la renovación del acuerdo con China impidieron que el proyecto siguiera adelante. El gobierno se negó a comentar si la diplomacia estadounidense influyó en la decisión.
Pero funcionarios estadounidenses, algunos de los cuales hablaron bajo condición de anonimato para discutir asuntos diplomáticos delicados, dijeron que el gobierno de Estados Unidos había expresado repetidamente su preocupación a las autoridades argentinas sobre el radiotelescopio chino, al temer que pudiera utilizarse para rastrear satélites estadounidenses y comunicarse con los chinos.
La campaña comenzó durante el gobierno de Joe Biden y continuó bajo el mandato del presidente Trump.
Los astrónomos argentinos, que han pasado la mayor parte de sus vidas observando estrellas a años luz de distancia, han recibido un curso intensivo de política terrenal.
Los científicos esperaban con ansias compartir el telescopio con China y otras naciones. Luego se enteraron de que los esfuerzos de Estados Unidos por frenar a China habían llegado a los desiertos de Sudamérica y amenazaban su exploración de la inmensidad del espacio. “Hemos quedado en este auguro negro de la política”, dijo la astrónoma Ana María Pacheco, de 61 años.
El radiotelescopio, dijo, habría ayudado a compensar la relativa escasez de este tipo de instrumentos en el hemisferio sur en comparación con el hemisferio norte.
El Departamento de Estado no respondió a las solicitudes de comentarios.
En 2015, mientras China expandía su presencia por Sudamérica, el ejército chino construyó otra instalación, una estación de control de misiones espaciales y satelitales de 50 millones de dólares en la provincia de Neuquén, en el desierto patagónico de Argentina. Argentina cedió a China el uso del terreno donde se construyó la estación, sin pago de renta, por 50 años.
Para los partidarios de una línea dura contra China en Washington, esa base patagónica se convirtió en un símbolo de cómo Argentina era arrastrada a la órbita de China, y la antena del lugar se erige como una advertencia de 450 toneladas.
La Estación Espacial China de Neuquén
Foto: Emmanuel Fernández
El gobierno de Trump ha forjado un estrecho vínculo con Javier Milei, el presidente de derecha de Argentina, y lo ayudó con un salvavidas de 20.000 millones de dólares antes de las cruciales elecciones intermedias del año pasado.
Durante su campaña presidencial, Milei expresó hostilidad hacia China. Pero tras ser elegido en 2023, suavizó su tono, tal vez al enfrentarse a la realidad de que la economía china está entrelazada con la de Argentina a través del comercio, la infraestructura, los proyectos mineros y la asistencia financiera, al igual que en otros países latinoamericanos.
Las autoridades estadounidenses afirman que son conscientes de que será difícil desplazar a China de América Latina. Aun así, consideran que el bloqueo del radiotelescopio de San Juan —construido en colaboración entre la Universidad Nacional de San Juan y el Observatorio Astronómico Nacional de China— es una señal de que la diplomacia estadounidense puede contribuir a frenar ciertos aspectos de las ambiciones espaciales de China, y tal vez también sus ambiciones militares.
La Embajada de China en Buenos Aires dijo en un comunicado que Estados Unidos estaba buscando “una excusa para contener y reprimir a China”. Aseguraron que el proyecto tenía como objetivo promover el progreso científico tanto en Argentina como en China, con beneficios para toda la humanidad. Afirmaron que el posicionamiento de Estados Unidos “resulta a la vez ridículo y lamentable”.
Cuando el proyecto del observatorio chileno se suspendió el año pasado, la embajada china en Santiago dijo en un comunicado que Estados Unidos también utiliza telescopios en Chile y lo acusó de una “pura y dura manifestación de hegemonismo”.
Estados Unidos tiene una presencia astronómica significativa en Sudamérica, y la NASA utiliza varias estaciones espaciales para rastrear satélites.
El observatorio argentino de San Juan, donde se encuentra el controvertido telescopio chino, fue inaugurado en la década de 1960 en colaboración con las universidades de Yale y Columbia. Argentina cuenta con algunos de los cielos más despejados y sin nubes del mundo, y las instituciones alemanas, rusas y brasileñas construyeron telescopios que ahora salpican los terrenos del observatorio. Se ha iniciado la construcción de un nuevo telescopio en colaboración con la Universidad de Texas.
El observatorio argentino de San Juan, donde se encuentra el controvertido telescopio chino, fue inaugurado en la década de 1960 en colaboración con las universidades de Yale y Columbia.
Pero la iniciativa con China puso a prueba los límites de este cosmopolitismo astronómico.
El Radiotelescopio China-Argentina fue una inversión de 32 millones de dólares que comenzó hace unos 15 años. Cuenta con una antena de 40 metros de ancho: una gigantesca antena parabólica que permite a los científicos captar ondas de radio invisibles del espacio para cartografiar el nacimiento de estrellas y galaxias lejanas. Gracias a este tipo de telescopios, los astrónomos captaron la primera imagen de un agujero negro en 2019.
En 2023, 100 camiones que transportaban los enormes componentes de hierro del telescopio subieron por estrechas carreteras de montaña hasta el observatorio. Junto con la maquinaria llegó un equipo de técnicos chinos que se instaló en Barreal, la localidad más cercana, donde caballos y vacas deambulan junto a casas de baja altura.
Desde los inicios del gobierno de Biden, altos funcionarios de seguridad nacional de la Casa Blanca y diplomáticos del Departamento de Estado estaban al tanto del proyecto. En agosto de 2021, Jake Sullivan, el asesor de seguridad nacional, y Juan González, el principal asesor de la Casa Blanca para América Latina, plantearon el tema durante una visita a Buenos Aires.
Los funcionarios estadounidenses le dijeron a Alberto Fernández, entonces presidente de Argentina, que les preocupaban varios proyectos chinos, entre ellos el radiotelescopio, un puerto en Ushuaia, en el extremo sur, y la base en Neuquén, dijo González.
El presidente argentino dijo que se aseguraría de que los proyectos no se utilizaran con fines militares, dijo González, pero un contrato de arrendamiento de 50 años sobre el terreno en Neuquén significaba que China tenía un sólido argumento legal para seguir utilizando ese emplazamiento.
Los funcionarios estadounidenses, en conversaciones diplomáticas, presionaron más en torno al proyecto del radiotelescopio en San Juan.
El gobierno de Trump mantuvo la presión. En febrero de 2025, el secretario de Estado Marco Rubio discutió la “colaboración espacial” con Gerardo Werthein, el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, según un resumen de la llamada elaborado por el Departamento de Estado.
Esa primavera, expertos del laboratorio Sandia en Albuquerque, dirigido por el Departamento de Energía, viajaron a Buenos Aires para informar a los funcionarios argentinos sobre los posibles riesgos que planteaba el telescopio chino, dijeron funcionarios estadounidenses.
A instancias del Departamento de Estado, la oficina del representante comercial de Estados Unidos incluyó una cláusula en un nuevo acuerdo comercial bilateral que intentaba limitar la capacidad de Argentina para trabajar con China en proyectos espaciales.
El documento establece que Argentina debe cooperar con “expertos técnicos del gobierno de Estados Unidos para implementar medidas de control suficientes en las instalaciones espaciales operadas por otros países a fin de garantizar su uso exclusivamente civil”.
El acuerdo de Argentina con China para construir el telescopio expiró el verano pasado. Poco después, las autoridades aduaneras congelaron algunas piezas clave de la antena en el puerto de Buenos Aires.
En noviembre, el gobierno de Estados Unidos trasladó en avión a científicos de la Universidad Nacional de San Juan al laboratorio Sandia en Albuquerque para impartirles una capacitación de tres días sobre “preocupaciones relacionadas con el doble uso en instalaciones de investigación espacial civiles”, según una invitación a la que tuvo acceso The New York Times.
Marcelo Segura, coordinador del proyecto del radiotelescopio chino en la Universidad Nacional de San Juan, dijo que él y su equipo intentaron convencer a los funcionarios estadounidenses de que el telescopio chino se utilizaría únicamente con fines civiles.
“No fue así”, dijo Segura, quien había estudiado chino para discutir el trabajo del telescopio con sus colegas chinos.
Los blancos componentes metálicos del telescopio yacen inactivos como un esqueleto gigante. En el sótano del telescopio, sobre las mesas, aún se encuentran palillos, latas de salsa de ostras y latas de té verde que dejaron los trabajadores chinos. Un letrero en chino en la pared ofrece orientación sobre cómo actuar ante un encuentro con pumas.
Una situación similar se observa al otro lado de la frontera, en el desierto de Atacama, en Chile. Allí, las autoridades construyeron una carretera a través del paisaje lunar hasta un pico elevado destinado a un observatorio espacial chino.
Iba a incluir 100 telescopios destinados a ayudar a monitorear asteroides y explosiones extragalácticas, según la Universidad Católica del Norte, que estaba a cargo del proyecto. A los científicos chilenos se les permitiría usar el telescopio dos noches al mes, dijeron funcionarios de la universidad.
Esa carretera ahora no lleva a ninguna parte. Las autoridades chilenas bloquearon el proyecto del observatorio tras repetidas presiones por parte de funcionarios estadounidenses.
Bernadette Meehan, embajadora de Estados Unidos en Chile bajo el mandato del presidente Joe Biden, dijo que planteó el tema del observatorio a los más altos niveles del gobierno chileno.
“Para el gobierno de Estados Unidos era muy importante que no se permitiera el proyecto”, dijo Meehan, calificándolo como una de sus prioridades más urgentes.
Las relaciones sólidas con países como Chile y Argentina, dijo, son cruciales para “protegerse contra los esfuerzos de China por buscar una mayor influencia estratégica”.
PB
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