El embajador de la República Argentina ante el Reino de España dice que nunca soñó con serlo. Bautizado con el mismo nombre de su padre -legendario vocero del empresario Alfredo Yabrán-, Wenceslao Bunge fue, hasta mayo del año pasado, un hombre de finanzas y de bienes raíces. También de mundo.
Se fue del país en los ’90 y, mientras agrandaba la familia con María, su esposa, vivió en Nueva York, en San Pablo, en Londres. Lleva un década en Madrid. Tiene seis hijos: dos nacieron en Brasil; tres, en el Reino Unido. La más chiquita, ya en España. Habla español, inglés, portugués y alemán.
En marzo de 2023, el Boletín Oficial del Estado (BOE) español publicó que un decreto del Consejo de Ministros de Pedro Sánchez le otorgaba la nacionalidad española, como se la concedieron a Ricardo Darín.
El BOE lo definía como “alto cargo de la compañía de inversiones inmobiliarias Jones Lang LaSalle Incorporated (JLL) y anteriormente consejero ejecutivo, apoderado y director general de Credit Suisse Bank en el Estado español”.
Hace un año, sin embargo, Bunge renunció a su carrera y a la ciudadanía española. “Confieso que cuando me preguntaron si quería representar a mi país en España, me dio un poco de vértigo”, admitió ante la Comisión de Acuerdos del Senado que en abril del año pasado aprobó su pliego como embajador.
El embajador de Argentina en España, Wenceslao Bunge, recibió a Clarín en la embajada para una entrevista. Madrid, mayo 2026. Foto: Cézaro De Luca
“Sin saberlo me estuve preparando durante las últimas tres décadas. Creo sinceramente, y sin falsas modestias, que la experiencia, las relaciones y el reconocimiento que acumulé a lo largo de mi vida profesional, empresaria, social y familiar me califican para ejercer este cargo”, les dijo a los senadores cuando lo entrevistaron.
A un año de haber asumido el cargo, Bunge recibió a Clarín en su oficina de Madrid.
-Desde que Javier Milei es presidente, estuvo cinco veces en España pero nunca en viaje oficial. Viene a eventos privados y la embajada suele armarle reuniones con empresarios. ¿En qué se traducen esos encuentros?
-Hubo un RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) ya aprobado de un empresario español que compró una mina de oro de San Juan y que invirtió más de 600 millones de euros. El mismo empresario compró una empresa pesquera e invirtió otros 50 o 60 millones en una planta fotovoltaica para la mina. Naturgy acaba de hacer un contrato muy importante de GNL (gas natural licuado) y está analizando más inversiones.
-Pero a los empresarios españoles les preocupa la seguridad jurídica para invertir en Argentina. ¿A usted lo consultan por este tema?
-Todo el tiempo. Es una preocupación. Yo creo que en la Argentina hay seguridad jurídica. En España se han quemado y tienen miedo por lo que pasó (en 2012 el gobierno de Cristina Kirchner expropió el 51 por ciento de las acciones de YPF, que estaban bajo control de la española Repsol). Pero hay ciertos temores que yo creo que son infundados. El tema de Repsol dejó un sabor muy amargo en la boca de los españoles y, como digo siempre, el que se quema con leche ve una vaca y llora. Yo les digo que, al final, el tren no pasa dos veces y no sucede nada si no invierten, porque hay interés por Argentina de tantas otras naciones que no es que Argentina necesite a España. Yo creo que España necesita mucho más a Argentina que Argentina a España.
-¿Lo piensa en serio?
-Para mí es una pena que España no se dé cuenta de que Argentina debería ser la puerta de entrada para los españoles a América Latina, como los argentinos vemos a España como la puerta a Europa. Cuando Argentina empiece a producir un millón de barriles de petróleo, cambiarán todos los pilares económicos del país. Ahí no habría (estrecho de) Ormuz en el medio (conflictivo paso para el tránsito de buques petroleros por la guerra contra Irán), no tendríamos el canal de Suez ni el canal de Panamá. Como dicen, dato mata relato. ¿Sabes cuántos países en el mundo hay que produzcan un millón de barriles por día o más?
-¿Cuántos?
-Diecinueve. A partir de este año, 20. Y ese número 20 es Argentina. Es increíble que Argentina no haya producido petróleo antes, pero necesitaba ordenar las cosas para que alguien invirtiera en la tecnología para poder explotar el petróleo como se está haciendo ahora. Los americanos no tienen esa preocupación por la seguridad jurídica. Son mucho más pragmáticos. Hay más de 75 mil millones de dólares comprometidos con un RIGI.
-Sin embargo la gente no vive mejor y muchas pymes cerraron o la están pasando mal
-Muchas pymes en Argentina la están pasando mal porque se tienen que ajustar a las nuevas realidades. Argentina no puede ser la fábrica de todo. O sea, si no sos competitivo en neumáticos, no los hagas (en alusión al cierre de Fate, la emblemática fábrica de neumáticos que bajó la persiana en febrero). ¿Por qué 47 millones de argentinos tienen que subsidiar a 900 empleados? Argentina tiene que redefinir su estructura empresarial.
-¿Cuánto influye en su objetivo de atraer inversiones que el presidente Milei esté tan explícitamente alineado con Estados Unidos e Israel mientras buena parte de Europa condena la actual guerra en Oriente Medio?
-Yo defino a los embajadores como embajadores diplomáticos de carrera o embajadores políticos. Pero hay una nueva definición de los embajadores políticos: los políticos militantes y los que no lo somos. Yo no era político militante; era empresario. Me considero un empresario al que le han pedido cumplir esta misión diplomática y el mandato que tengo es acercar a los dos países. No tengo un mandato de salir a pelearme con el gobierno de España sino fortalecer las relaciones económicas.
-¿Se lo pidió el Presidente?
-Mil por ciento. El canciller y el Presidente. Acá lo que tenemos que hacer es fortalecer las relaciones económicas y hay un interés muy grande en que los dos países nos llevemos bien.
El embajador de Argentina en España, Wenceslao Bunge. Foto Cézaro De Luca
-¿Coincide también con los modos del Presidente?
-Yo estoy hablando de los hechos. Cada uno tiene su estilo. Hay dos formas de ver si un golfista es bueno o malo. Una es prestar atención a su estilo. La otra es ver dónde cae la pelotita. A mí me parece que al Presidente le cae la pelota siempre en el lugar. Lo que está haciendo con el país es espectacular. Y hay una cosa que tiene el Presidente que para mí es muy única también: valora a su equipo. Como él defiende a sus ministros, a mí me enorgullece.
-¿Le parece que la defensa que el Presidente está haciendo de su jefe de gabinete, Manuel Adorni, es legítima y constructiva?
-A mí no me corresponde opinar sobre lo que está haciendo el Presidente con ninguno de sus ministros porque no tengo toda la información. Yo no soy político. No estoy allá.
-Pero usted en la cara del gobierno argentino aquí, en España…
-El mejor ejemplo soy yo. He dejado mi vida para apoyar este proyecto. Lo que no nos damos cuenta de la Argentina es que Argentina, lamentablemente, en los últimos 20 años se cayó del mundo. No sabés la cantidad de abogados que han venido de los cinco o seis estudios más grandes del país y que no conocían la embajada de Argentina en España. La cantidad de empresarios que habían dejado de venir a esta embajada hace 15, 20 años. Cuando Argentina compra la residencia, Argentina tenía el PBI per cápita tres veces lo que era el PBI per cápita de España. Hoy, el de Argentina es un tercio del PBI per capita español. Estamos viendo en los consulados, también, muchísima gente pidiendo los papeles para volver a Argentina. Hay amigos míos, profesionales que les ha ido bien, que están volviendo.
-¿Usted volvería a vivir en Argentina?
-Yo tengo una familia muy complicada. Muy numerosa y complicada. Ninguno de mis seis hijos nació en Argentina. Han vivido toda la vida en el exterior y yo siempre digo que hay dos cosas que no voy a poner nunca que riesgo: ni la familia ni mi reputación. Entonces va a depender mucho de dónde esté la familia cuando acabe esta misión. Pero yo tengo algunas cosas en Argentina. Tengo a mis padres allí, tengo una hermana que vive allá y voy constantemente.
-¿Cómo se posiciona ante posibles inversores españoles que pregunten, por ejemplo, por el caso $LIBRA (el escándalo del memecoin que Milei promocionó) que aún no se resolvió?
-¿Cuál fue el hecho? El Presidente mandó un tuit y se dio cuenta de que estaba equivocado y lo borró. ¿En cuánto tiempo? ¿20 segundos o 20 minutos? Se equivocó. Lo que estamos queriendo es la perfección de algunos. El que lo critica es un hipócrita. Yo pongo las manos en el fuego por el Presidente. Lo que más admiro es que es una persona muy coherente. Es de las pocas personas que siempre dicen la verdad y no dicen lo que convenga.
-¿Me daría un ejemplo?
-Como cuando dijo: “No hay plata”. Era verdad y yo lo veo en la embajada. A mí este trabajo me cuesta mucho dinero porque la mitad de las cosas las pongo de mi bolsillo. Y no tengo ningún problema en hacerlo porque es lo que nos toca como argentinos, que tuvimos la suerte que nos haya ido bien, para devolverle algo al país.
Sin mudanza a la residencia
Cuando puso un pie en el palacete de los marqueses de Argüeso que el Estado argentino compró en 1957 para que se convirtiera en la residencia del embajador de turno, Wenceslao Bunge tuvo una idea clara: nunca se mudaría allí.
Pensó, desde el primer día, que había que “levantar” el palacete, desde cuyo cielorraso deslumbra un Sorolla auténtico, que estaba muy venido a menos por falta de mantenimiento. “Se me rompió el parabrisas de mi coche personal por una piedrita que cayó de la mampostería”, confesará.
Bunge quiere dejar de pagar el alquiler millonario por los pisos que ocupan las dependencias diplomáticas y el consulado argentino en el edificio pegado a la residencia, sobre la calle Fernando El Santo de Madrid. “En total, vamos a estar ahorrando al país entre 800.000 y un millón de dólares al año”, calcula el embajador.
Hace semanas comenzó la obra de restauración de la casona que la Comunidad de Madrid considera patrimonio histórico. Alojará, en poco tiempo, las oficinas de la embajada.
Todavia no hay comentarios aprobados.