“Casi nadie es profeta en su tierra. En el ámbito del análisis político, con centro en Euskal Herria –territorio vasco-, he sido reconocido en mi país y esa labor se desconoce, por razones obvias, en el exterior. En cambio, en el ámbito de la comunicación y la cultura he sido reconocido en España y en América Latina, pero no en mi país”, contó Ramón Zallo en su biografía política, titulada Retrovisor y bisturí. Luego de su muerte, el lunes 30 de marzo de 2026, el libro puede leerse como una despedida en primera persona que sirve ahora para repasar esa doble vida capaz de combinar la actividad académica destacada en el campo de la comunicación con la militancia política, incluido su paso por la ETA en la época del franquismo.

Zallo nació en 1948 en una ciudad de Guernica que por entonces todavía tenía huellas visibles del bombardeo de 1937. “El miedo era tal que, al igual que otras muchas familias –y a diferencia de otras que felizmente se arriesgaron–, no nos transmitieron el euskera a pesar de que era la lengua de todos mis progenitores”, contó. Lo aprendió ya siendo mayor, aunque siempre lamentó no haber llegado a manejarlo con la destreza propia de una lengua natal. A los 9 años se fue a vivir a Bilbao, aunque nunca perdió el vínculo con Guernica y cuando se jubiló volvió a vivir allí.

Imagen del 26 de abril de 1937 del pueblo vasco de Guernica destruido tras un bombardeo de aviones italianos y alemanes que respaldaban al general Francisco Franco. Foto AP.

Estudió Derecho en la Universidad Literaria de Deusto y Economía en la Universidad Comercial de Deusto, donde escribió su tesina sobre la teoría de la dependencia aplicada a la economía de América Latina, con libros en su mayoría prohibidos o de difícil acceso. “En realidad, eran como cuatro carreras al mismo tiempo: Derecho, Economía, contraprogramación –lecturas alternativas– y militancia, primero social, y luego, a partir de tercer curso, en ETA”, recuerda.

“Podías hacer dos cosas en el tardofranquismo. Una avenirte a no molestar, para que no te pasara nada. Y la otra, comprometerte, con los riesgos que ello implicaba. Era el dilema de la época. Yo opté por lo segundo. Pero no era una militancia fácil. En ese momento solo había una ETA”, remarca.

Su militancia se concentró fundamentalmente en el ámbito cultural-político, pero eso no lo salvó de la cárcel. Fue detenido tres veces por las fuerzas franquistas entre 1967 y 1969 y sometido a distinto tipo de vejaciones. “Aquellas torturas humillantes fueron un marcaje en mi vida”, relata en el libro, aunque aclara que después de oír los testimonios de numerosas víctimas de torturas a lo largo de décadas, le restó importancia relativa a lo que había sufrido en carne propia y fue recién en abril de 2023 cuando decidió aportar su testimonio a la denuncia contra los crímenes del franquismo planteada por el Ayuntamiento de Guernica-Lumo como parte de la Querella Argentina.

En la VI asamblea de ETA de 1970, Zallo se sumó a quienes rechazaban la lucha armada, aún durante el franquismo. Si bien le seguía pareciendo legítima la violencia en dictadura no la consideraba útil para acumular fuerzas. “Era más relevante generar sociedad civil, auto organización, tener grupos organizados de gestión social, sindical, en los barrios, concienciar... para lograr la libertad, la soberanía y las conquistas sociales, en lugar de polarizar todas las energías sociales en proteger al grupo armado”, aseguró.

Zallo fue portavoz de ETA VI, de orientación marxista, y de LCR-ETA VI, surgida cuando ETA VI se vinculó con la Liga Comunista Revolucionaria, un partido de origen trotskista. Luego integró la Liga Komunista Iraultzailea (LKI), sección vasca del LCR, hasta que abandonó la militancia organizada en 1985. Todos esos espacios eran tildados de “españolistas” por el Partido Nacionalista Vasco, ya que subordinaban la reivindicación independentista a la revolución en España.

Ramón Zallo. Foto: Dani Blanco (Argia.eus)

Zallo dejó en claro en su biografía que nunca renegó de su pasado etarra, sobreactuando condenas para lavarse la cara, pero cuestionó sin dudar el uso de la violencia en democracia.

Referente de la Economía Política de la Comunicación

En 1982 había comenzado a escribir su tesis doctoral en economía aplicada a la comunicación, pero fue recién después de abandonar la militancia política activa cuando se dedicó tiempo completo a la academia. “Mi contribución personal fue la relectura de la metodología marxista y de la teoría del valor para aplicarla a la cultura de nuestro tiempo, en lugar de tratarla como un ‘sector improductivo, aunque necesario’”, afirmó. Fue de los primeros en incursionar por esa senda en España.

Su metodología fue desde lo micro para hacer el análisis de los procesos de trabajo y de valorización de cada una de las industrias culturales y, de ahí, inducir lo común a todo el campo cultural-comunicativo. De aquel trabajo surgió en 1987 su tesis doctoral que al año siguiente publicó, resumida, en su ya clásico “Economía de la Comunicación y la Cultura”, una referencia ineludible en este campo de estudio.

Ese mismo año coordinó junto con su colega Enrique Bustamante Las industrias culturales en España y en 1992 publicó El mercado de la cultura, otro clásico donde combinó fragmentos todavía inéditos de su tesis con materiales nuevos.

A partir de entonces, se fue consolidando como un referente de la Economía Política de la Comunicación desde la Universidad del País Vasco, donde alcanzó el grado de Catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en 1994. Además, se dedicó al diseño de políticas culturales. Fue asesor de Juan José Ibarretxe, presidente del gobierno autonómico vasco, entre 2002 y 2009, y ocupó un lugar clave en el diseño del Plan Vasco de Cultura y la puesta en marcha del Observatorio Vasco de la Cultura.

Siempre mantuvo un vínculo estrecho con América Latina. Como responsable de la cooperación de la Universidad del País Vasco, viajó a Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador, mientras que como conferencista visitó Brasil, Ecuador, Uruguay y Argentina.

Ni la jubilación ni el cáncer de pulmón, que le detectaron en 2019 y al que le dio pelea durante varios años, lograron que dejara de escribir. Su interés como teórico de la comunicación estuvo puesto en los últimos tiempos en la hegemonía transnacional de las plataformas tecnológicas.

Le preocupaba que los nuevos tecno-oligarcas hayan saltado ya hacia todos los ámbitos de la economía y de la vida de forma omnipresente. “En su insaciabilidad, también acompañan a los liderazgos políticos tóxicos –EE.UU., Italia, Argentina, Hungría, Rusia, India...–, buscando desarticular regulaciones en todo el mundo y capturando sustanciosos contratos”, advirtió. Frente a esta avanzada, Zallo reivindicaba la necesidad de dar batalla en múltiples frentes, con más democracia, multilateralismo, regulación y educación. Tareas pendientes para todos aquellos dispuestos a honrar su memoria.