Una costumbre extraña, casi improvisada, comenzó a circular con fuerza entre quienes buscan cuidar mejor sus medios de pago. No hace falta comprar nada sofisticado ni cambiar de billetera: el truco se resuelve con un elemento común de cocina.

A simple vista, puede parecer exagerado. Después de todo, envolver tarjetas en papel de aluminio suena más a una ocurrencia casera que a una medida real de seguridad.

Sin embargo, detrás de esa práctica hay una explicación técnica concreta. El consejo no apunta a proteger el plástico en sí, sino a interferir con ciertas señales que usan algunas tarjetas modernas.

La duda, entonces, no es solo si funciona, sino también hasta qué punto vale la pena hacerlo. Porque una cosa es que el aluminio pueda bloquear señales y otra muy distinta es que ese riesgo sea frecuente en la vida cotidiana.

Para qué sirve y por qué lo recomiendan

Envolver tarjetas de crédito y débito en papel de aluminio sirve, en teoría, para bloquear o debilitar las señales de radiofrecuencia que usan las funciones de pago sin contacto, como NFC o ciertos sistemas RFID. Estas tecnologías operan en una banda definida por estándares como ISO/IEC 14443, que utiliza una frecuencia de 13,56 MHz para la comunicación a corta distancia.

Envolver tarjetas en papel de aluminio suena más a una ocurrencia casera que a una medida real de seguridad. Foto: Freepik

El motivo por el que se recomienda es simple: al ser un material metálico, el aluminio puede actuar como barrera física frente a esas señales, algo parecido a lo que hacen las fundas o billeteras con protección RFID. Distintas fuentes técnicas y comerciales coinciden en que los materiales metálicos pueden interferir o bloquear este tipo de comunicación inalámbrica.

La lógica detrás del truco es que algunas tarjetas modernas permiten pagos por aproximación. Eso significa que, con un lector compatible a poca distancia, pueden transmitir información suficiente para autorizar una operación. A partir de esa característica surgió el temor a la lectura no autorizada de tarjetas en espacios públicos (“skimming”).

¿Funciona de verdad?

Que el aluminio pueda bloquear una señal no significa automáticamente que todas las personas necesiten envolver sus tarjetas. Ahí aparece el matiz importante.

AARP, a través de su programa “Fraud Watch Network”, explica que varios expertos en tecnología y en prevención del fraude consideran que las estafas por RFID o por lectura clandestina de tarjetas sin contacto son más teóricas que habituales, y no representan hoy una amenaza especialmente creíble frente a otras formas de fraude mucho más comunes, como el phishing, el robo de datos online o los engaños digitales.

Eso no quiere decir que no exista ningún riesgo. En los últimos meses, además, crecieron advertencias sobre posibles maniobras en las que se intenta acercar lectores a tarjetas o teléfonos con NFC en lugares concurridos para generar cargos pequeños no autorizados. Frente a eso, algunos especialistas recomiendan usar billeteras con protección, activar alertas bancarias y revisar consumos con frecuencia.

El riesgo con las tarjetas de crédito y e contactless. Foto: AP

Por eso, el papel de aluminio puede tener utilidad práctica como barrera improvisada, sobre todo en viajes, grandes concentraciones o situaciones en las que alguien quiera una capa extra de resguardo sin gastar dinero.

Sin embargo, no es la solución más cómoda ni la más elegante. El aluminio puede romperse, deformarse y resultar incómodo para sacar y guardar tarjetas todo el tiempo.

Además, si está mal colocado o no cubre bien, su eficacia puede variar. Algunas pruebas y análisis técnicos indican justamente que el resultado depende del grosor, del ajuste y del tipo de señal que se quiera bloquear.