Es poco usual que un país del Sur Global, que padeció una guerra internacional, que requiere una base material para superar años de declive, que necesita diversificar su inserción mundial para asegurar bienestar, seguridad y autonomía, que precisa recuperar niveles esenciales de cohesión social, y que está ubicado en una zona de paz, tenga un gobierno que le otorga a la agresión y lo belicoso un lugar inusitado e ideológico en la política internacional y que con esto abandona la defensa y la promoción del derecho internacional.
Esto no debería sorprender, pues la política exterior está siempre entrelazada con la política interna. El combate, la lucha, la guerra son parte sustancial del discurso oficial. Por ejemplo, en su alocución ante el Liberty International World Conference del 16 de agosto de 2025, el presidente Javier Milei aseveró: “la República Argentina es, por lo tanto, un campo de batalla donde está en juego el futuro de millones de personas, y en donde se enfrentan dos modelos de país totalmente antagónicos”.
Un país, donde están “los argentinos de bien” frente a los otros; la escoria, el mal. Afuera, por lo tanto se replica este esquema categóricamente binario sin reparar qué implica eso y qué consecuencias tendrá para los intereses nacionales.
Solo para tomar el último año –de mayo 2025 a mayo 2026–, las expresiones y acciones son múltiples en el frente externo. Por ejemplo, en junio del año pasado, ante una resolución (142 favorables, 19 abstenciones, 12 negativos) de la ONU que pedía el alto el fuego en Gaza, la Argentina votó en contra.
El 13 de junio se produjo el ataque de Israel a Irán ante el que no hubo pronunciamiento alguno de la presidencia o la cancillería. Pero, el 15 de junio, “la Oficina del Presidente condena el vil ataque perpetrado por la República Islámica de Irán contra el Estado de Israel”.
Desde septiembre de 2025 hasta la fecha, Estados Unidos ha bombardeado, en violación del derecho internacional, presuntas narcolanchas en el Caribe y el Pacífico, produciendo 194 muertes: a la fecha no se conoce pronunciamiento alguno del gobierno de La Libertad Avanza. En aquel mes, la CELAC se pronunció contra esos ataques y en favor de preservar América Latina y el Caribe como zona de paz: la Argentina no apoyó el comunicado.
En noviembre, el gobierno, junto con Bielorrusia, Corea del Norte, Nicaragua, Rusia, Paraguay y Estados Unidos votó en contra de una resolución de la ONU sobre el informe anual de la Corte Penal Internacional. En ese mismo mes, el país, junto con Estados Unidos e Israel votó en contra de una resolución sobre la prevención y cesación del uso de la tortura (169 favorables, 4 abstenciones, 3 negativos). En diciembre, la Argentina se ausentó de la votación de una resolución para instituir el día internacional contra las medidas coercitivas unilaterales (116 favorables, 6 abstenciones, 51 negativos).
Ya en 2026, la exaltación de lo bélico se incrementó. El 3 de enero, por primera vez en 200 años de historia interamericana, Estados Unidos atacó a un país de América del Sur, Venezuela, que no amenazaba de modo alguno a Washington.
El gobierno no cuestionó este hecho de profundas repercusiones legales, diplomáticas y geopolíticas. Por el contrario, “la Oficina del Presidente celebra la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte del gobierno de los Estados Unidos de América.” Rápidamente, el gobierno se sumó a la “Junta de Paz” (26 miembros) creada por Trump y establecida el 22 de enero: un mes después, Washington lanzaba una nueva guerra. El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel atacaron Irán.
En el mundo, las declaraciones oscilaron entre críticas a los ataques y reacciones cautelosas y tímidas; todas a favor de no escalar la confrontación. Ningún gobierno respaldó frontalmente a Washington y a Tel Aviv. Pero, la Argentina se expresó así: “la Oficina del Presidente celebra la operación conjunta llevada adelante por los Estados Unidos e Israel en el día de hoy que resultó en la eliminación de Alí Jameneí, Líder Supremo de la República Islámica de Irán”.
En marzo, en el marco de una nueva visita a Estados Unidos, Milei aseveró, como si el país fuera parte del conflicto, “vamos a ganar”. Y el 19 de abril –en medio del cese de hostilidades entre Washington y Teherán–, el presidente reafirmó “nuestro firme apoyo a Estados Unidos y a Israel en su guerra contra el terrorismo y contra el régimen iraní”.
En marzo, el país mostró su disposición a sumarse a otra guerra: ahora contra el narco-terrorismo. 16 ministros de Defensa latinoamericanos –entre ellos, el de la Argentina– y el secretario de Guerra estadounidense firmaron una declaración en ese sentido.
Acá pasó casi inadvertida, pero en la Proclama del 7 de marzo de la Casa Blanca se dice con claridad: se trata de “un compromiso de líderes militares y representantes de 17 países que demuestra que la región está preparada para operacionalizar la fuerza militar para derrotar a las amenazas a nuestra seguridad y civilización.”
Una Argentina vulnerable, como la Argentina actual, necesita tranquilidad internacional para afrontar los enormes desafíos internos acumulados. Celebrar los conflictos, sumarse a cruzadas, sostener dobles estándares ante el uso de la fuerza y desconocer el valor del derecho internacional no harán más que debilitar los intereses nacionales.
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