El año pasado, Marcos Valle (Río de Janeiro, 1943) comprimió el tiempo. Más de seis décadas fueron reducidas a una noche, en la que el prolífico compositor carioca hizo desvanecer la distancia entre sus primeras grabaciones y su debut en suelo argentino. Pero aquella cita en Deseo (la misma sala que lo recibirá en septiembre) tuvo poco de retrospectiva. Aunque tocó canciones de todas las épocas, el repertorio fue pleno presente: un catálogo que sigue fresco y que renueva oyentes en la generación de sus nietos fascinados por la amplitud y diversidad de una obra aún en desarrollo. En medio de nuevas grabaciones, Valle regresa a Buenos Aires con el ansia de repetir el hechizo.
–Contaste que tu primera inspiración para hacer música fue mirar hacia afuera, a tu ciudad. Río ha cambiado mucho, pero te sigue cautivando. ¿Qué diferencias hay entre la ciudad de tu niñez y la actual?
–Cuando tenía 13 años, mis padres se mudaron de Copacabana a Leblon, que era un lugar bastante salvaje entonces. Todos le decían a mi padre que estaba loco por irse a vivir ahí. Pero él quería construir su casa allí. Y como no teníamos mucho dinero, tuvimos que vender lo que teníamos y mudarnos a la casa cuando todavía estaba en obra. Convivíamos con los albañiles, que se reunían cerca, con otros colegas suyos de la zona, a tocar música. Sonaban sambas y la música de la macumba, y yo escuchaba desde mi casa. Más tarde, Tom Jobim se mudó enfrente de nosotros. Para entonces, ya había varias casas en la cuadra. Fue fantástico porque nos hablábamos de una vereda a la otra: a veces su piano estaba desafinado, entonces nos pedía que fuéramos a nuestra casa. Muchas veces he tenido a Jobim tomando un scotch con mi padre, incluso con Dorival Caymmi y Jorge Amado. Fue un tiempo maravilloso que me rodeó de música. Ahora vivo un poco más lejos del centro, en Recreio dos Bandeirantes. Estoy cerca de la playa, y puedo ir en cinco minutos. Es algo espiritual para mí poder ver el mar y las montañas. Y es importante que haya poco ruido, es por eso que vine: para estar tranquilo, cerca del mar y la naturaleza. Y aunque no estoy cerca del centro tengo todo lo que necesito, incluso los estudios de grabación.
–¿Qué vínculo creés que hay entre la idiosincrasia de Río de Janeiro y el surgimiento de la bossa nova?
–Si bien tiene influencias del samba tradicional, y existieron antecesores como Johnny Alf, que ya hacía cosas armónicamente distintas, yo diría que la bossa nova nació en 1958. Yo pertenezco a la segunda generación de músicos de la bossa: mi primera canción se grabó en 1962. Era un tiempo perfecto para esa música porque era una época feliz en Brasil. Teníamos a Juscelino Kubitschek, que era “el presidente bossa nova”: amaba la música e invitaba a los artistas a su casa y los alentaba. Era un ambiente propicio y Río era tan soleada como hoy pero con menos gente, la playa no estaba tan atestada y el agua estaba más limpia. Era un lugar más seguro, había menos cosas por las que preocuparse. Y esa mezcla, junto al sol y la sensualidad que tenemos en Río, junto a un proceso político optimista, hicieron que fuera un tiempo muy bueno para la cultura brasilera en general. Como nací en Copacabana, estuve desde muy joven en la playa. Mi padre amaba la música, pero también el ejercicio como una forma de bienestar y disciplina. Así que desde chico estuve en la playa nadando, corriendo y surfeando. Ese sentimiento de estar en la playa está plasmado en mis primeras canciones, que están muy orientadas a la bossa nova.
–¿Qué inspiración te ha dado la ciudad a vos personalmente?
–Siempre amé Río. Soy su fan. Y fue muy difícil para mí estar tantas veces lejos de la ciudad. Cuando me convertí en músico profesional y empecé a viajar, nunca dejé de sentirme nostálgico cada vez que me iba. La ciudad tiene una naturaleza de gente agradable, playa y montañas, con un clima fantástico, que siempre me inspiró y que siempre me hizo extrañarla. Pero obviamente las cosas cambian. Y aparecen los problemas de las grandes ciudades. Aún así la amo de la misma manera que lo hacía en los 60. Para mí, sigue siendo la ciudad más linda del mundo.
Marcos Valle: "Río sigue siendo la ciudad más linda del mundo". Foto: Jorge Bispo
Colaboraciones estelares
–En tus primeros viajes a Estados Unidos compartiste agenda con Sergio Mendes, otro gran músico de tu generación que falleció recientemente. ¿Qué cosas los unían y cómo fue exponerse a la fama siendo tan jóvenes?
–Sergio era un amante de la música como yo. Así que estábamos escuchando cosas todo el tiempo. Teníamos un interés muy fuerte por llegar a ser, algún día, artistas profesionales. Teníamos eso en común. Y los dos estábamos abiertos a colaborar con otros músicos, de jazz y de otras tendencias. La exposición a la fama fue encantadora al principio, porque dedicarme a la música era mi sueño, pero nunca sabés si vas a poder lograrlo. Y cuando, siendo casi un chico, pude publicar mi música y recibir premios por ella, estuve muy sorprendido. Cuando hice "Samba de verão" con 20 años, y la canción se convirtió un hit tan grande en Brasil y en Estados Unidos, fue muy fuerte. Viajé a Estados Unidos, estuve en programas de televisión e hice una gira de costa a costa, y si bien me gustaba también me sentía un poco inhibido, porque era muy tímido. Y estar expuesto tan pronto a una audiencia tan grande fue difícil, aunque hermoso.
–A lo largo de tu trayectoria tuviste muchos colaboradores. ¿De cuál de esas sociedades has aprendido más?
–Es muy difícil elegir una. Porque han sido tantas y tan importantes. Con Leon Ware tuve una sociedad realmente fantástica, desde el 75 hasta el 80. Estábamos en Los Ángeles y él trabajaba con Marvin Gaye, que era una de mis mayores influencias. El disco I Want You (1976), que Leon hizo con él, es increíble. Así que si tuviera que elegir una quizás sea la que tuvimos con él, además claro de mi hermano Mauro Sergio Valle. Pero Leon Ware fue muy importante. Cuando escribíamos música juntos la música brasilera y el rythm & blues se mezclaban tan bien… Era algo muy especial, y una época muy hermosa. De hecho, he estado incluyendo algunas de esas composiciones en mis últimos proyectos, cosas que no habíamos grabado entonces. En mi nuevo álbum hay algunas también.
–Este año marca el 40° aniversario de Tempo da Gente, el disco con el que celebraste el regreso de la democracia a Brasil. ¿Cómo recordás esa época?
–Cuando me fui de Río, en el 75, uno de los motivos de mi partida fue la dictadura. Era muy pesado, y duró muchos años. Pasaban cosas terribles y el problema de la censura era serio. Todo eso comenzó a afectarme espiritualmente, me sentía muy deprimido y empecé a tener problemas incluso para subirme al escenario o siquiera hablar: tenía problemas severos para proyectar mi voz. Así que sentí que era momento de irme. No sabía por cuánto tiempo, pero me fui. Estoy muy feliz con lo que hice en ese tiempo, grabando con Sarah Vaughan, Chicago, Leon Ware, pero en un punto tenía la necesidad de volver. Y cuando lo hice, en 1981, la dictadura estaba terminando. Grabé dos discos, Vontade De Rever Você (1981) y Marcos Valle (1983). En el segundo ya estaba "Estrelar", una canción que hablaba sobre la naturaleza democrática de la playa, pero que también traficaba la alegría de saber que estábamos cerca del fin de la dictadura. Y para Tempo da gente (1986) el régimen ya había terminado, era de nuevo un tiempo feliz. El regreso de la democracia era algo fundamental para mí porque la música tiene que ser libre.
–Llevás más de cinco décadas componiendo y grabando. ¿Qué cosas han cambiado en tu forma de trabajar en este lapso?
–He estado componiendo y grabando por más de sesenta años ya. Y ahora estoy grabando algo nuevo, que está quedando muy hermoso. Son canciones nuevas exclusivamente. Estoy muy comprometido con el álbum. Amo estar en el estudio. Y mi enfoque no ha cambiado a lo largo de los años: mantengo la misma energía, y mi mente siempre me está dando muchas ideas. Para serte sincero, siempre estoy pensando en la música. No hay otra cosa para mí. Y como disfruto del groove y del ritmo tanto como de las melodías y las armonías, hay veces en que me descubro bailando solo. Y eso es bueno porque me da pistas de lo que funciona. Una vez que entro al estudio me comprometo por completo con lo que estoy haciendo. Como todo está en mi cabeza, ir al estudio es hermoso, porque ahí finalmente averiguo cómo suenan mis ideas.
–Seguís produciendo nueva música. ¿Cómo mantenés activa la creatividad?
–Mi cabeza está llena de música todo el tiempo. La inspiración y la intuición están totalmente vivas, y estoy muy agradecido por eso. Toco el Rhodes, el piano, la guitarra y los arreglos y armonías aparecen. Mi rutina cambia. Ahora, que estoy grabando mi nuevo LP y un EP en colaboración con el músico británico Tom Misch, estoy todo el tiempo en el estudio. Todos los días. Y cuando estoy en casa, estoy escribiendo para esas grabaciones. Después están los tours. Y cuando estoy en casa no tengo una rutina para trabajar. Simplemente dejo que fluya según el día. Tomo mi desayuno, estoy un rato con mi perro y después voy al piano. Tengo una habitación con mis teclados, mi guitarra y mi Rhodes, y es un lugar al que amo ir y quedarme. Ahí están también mis vinilos. Y ahí es donde me encuentro con mi espíritu. Pero lo que más me gusta son las noches, que es cuando toco y canto solo, para poder sentir mi voz en algunas canciones.
–En los últimos años has revisado y remezclado algunas canciones viejas. ¿Qué cosas te sorprenden de ese artista que fuiste hace 30 o 40 años?
–Los fans más jóvenes son los que me impulsan a revisitar mis composiciones del pasado. Los más intensos, que están dispersos por todo el mundo, siguen interesados y siguen preguntándome por cómo y por qué hice tal o cual grabación. Cuando me hacen preguntas tan específicas, voy y escucho el material. Y es algo muy bueno, porque cuando lo hago me doy cuenta de que hay cosas interesantes y que aún quedan cosas por hacer con ellas. Incluso con YouTube tengo la posibilidad de verme en viejos shows o apariciones televisivas, lo que me da mucho gusto. Porque cuando te volvés viejo podés aplicar la experiencia a tu nuevo trabajo. Has pasado por tantas cosas que podés sentirte más completo. Pero cuando escucho los discos que hice los respeto mucho. Escucharlos también me recuerdan cómo los grabé, en qué lugar, con qué cosas. Al principio, en 1963, solo tenía dos pistas: una para la orquesta y otra para mi voz. Así que te podés imaginar la diferencia con la actualidad, que tenés tantas pistas como quieras. Así que yo mismo me sorprendo por cómo grabé esas cosas en aquel momento. Respeto cada álbum, cada grabación que he hecho. Y estoy muy agradecido por haberlas hecho. Pero hoy estoy más contento, porque con todo el tiempo transcurrido aún estoy aquí haciendo música nueva.
*Marcos Valle se presenta el 16 de septiembre en Deseo, Chorroarín 1040. Ana Frango Elétrico será la artista invitada.
PC
Todavia no hay comentarios aprobados.