Fue el propio jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Gustavo Javier Valverde, quien anunció este jueves la desprogramación de los históricos aviones A-4 AR comprados a la Lockheed Martin a fines de los años 90.
Eran los aviones de caza y ataque ligero modernizados a partir de células del clásico Douglas A-4 Skyhawk, pero cuya degradación y falta de vuelo mostraban también la crisis en la que se encuentra la capacidad aérea de la Fuerza Aérea Argentina.
Para el caso, los McDonnell Douglas A-4AR Fightinghawk estaban sin realizar operaciones de vuelo desde el trágico accidente ocurrido en julio de 2024, en el cual falleció el Capitán Mauro Testa la Rosa. Y desde entonces los cielos de la Argentina permanecen, por decirlo de alguna manera, desprotegidos porque no hay flota aérea, sino un compas de espera hasta que vuelen los F16 supersónicos estadounidenses comprados a Dinamarca. Llegaron seis de una flota de 24, pero se encuentran en fase de entrenamiento los pilotos argentinos con sus pares estadounidenses y daneses.
La desprogramación formaliza el final de un sistema que ya no volaba tras un accidente fatal. La transición hacia los F-16 abre una etapa de dependencia absoluta de la nueva flota y de los recursos para sostenerla.
Ello se suma a que los cinco aviones Super Étendard Modernisé (SEM) adquiridos a Francia en 2018 durante la gestión de Mauricio Macri fueron dados de baja formalmente también este año tras nunca haber volado por la falta de repuestos -especialmente los componentes pirotécnicos de los asientos eyectables-, entre otras fallas que dependían de que el Reino Unido flexibilizara su embargo de armas contra la Argentina.
El comunicado de la Fuerza Aérea en el que se anunció la baja de los A-4AR
“El A4 es por la falta de planificación de la Fuerza Aérea en los años 90. Una aeronave que no estuvo nunca al 100% por completo. Que tuvo problemas de sostenibilidad, armamento limitado.” sostuvo Mariano González Lacroix, director del sitio Zona Militar. Se refiere a que con los serios problemas operativos a lo largo de los años, principalmente debido a la falta de repuestos, la antigüedad de las células y limitaciones presupuestarias, lo que llevó a que gran parte de la flota quedara fuera de servicio en años recientes, la flota nunca operó completa, y tuvo varios accidentes fatales con el de La Rosa último.
Curiosamente, hasta en la gestión de Luis Petri como ministro de Defensa se le asignaron partidas especiales para sostenerlo y levantar las unidades, “en vano” dirá Lacroix.
En el comunicado de este jueves Valverde habló personalmente en Villa Reynolds, San Luis, sede de la base en la V Brigada Aérea. En un comunicado sostuvo que la medida responde a “un exhaustivo análisis de planificación estratégica institucional” orientado a priorizar “eficiencia operativa y sostenibilidad económica”. El comunicado señala además que los costos de mantenimiento y sostenimiento logístico del sistema A-4AR obligaron a reasignar recursos hacia proyectos de largo plazo. Habían costado los 36 unos 365 millones de dólares.
Los aviones A-4AR son una versión modernizada de los A-4 Skyhawk que fueron protagonistas en la Guerra de Malvinas (1982), por sus ataques rasantes contra la flota británica. Se dice que los A-4AR Fightinghawk actuales heredaron el espíritu del Grupo 5 de Caza ("Halcones") que operó los A-4B/C en 1982.
La salida definitiva de los Fightinghawk deja a la Argentina sin un sistema de combate supersónico plenamente operativo hasta que entren en servicio los F-16 adquiridos a Dinamarca, cuya incorporación demandará todavía años de adaptación técnica, entrenamiento y adecuación de infraestructura.
En ese marco, la propia Fuerza Aérea admitió que la llegada del nuevo sistema de armas obliga a concentrar recursos humanos y materiales en la transición hacia los F-16 Fighting Falcon. “El recientemente incorporado Sistema de Armas F-16M Fighting Falcon requiere afectar recursos humanos y materiales institucionales hoy disponibles en la V Brigada Aérea”, sostuvo el comunicado oficial.
Los A-4AR habían sido incorporados en los años noventa como una modernización de los históricos A-4M Skyhawk estadounidenses. Durante años funcionaron como la principal capacidad de intercepción y defensa aérea de la Fuerza Aérea, aunque con crecientes dificultades de mantenimiento, escasez de repuestos y limitaciones presupuestarias.
La desprogramación también refleja un problema más profundo: la prolongada pérdida de capacidades militares argentinas en materia de defensa aérea. Desde la baja de los Mirage en 2015, la Argentina no logró consolidar una capacidad supersónica estable y plenamente operativa. Los A-4AR quedaron entonces como una solución transitoria que se extendió mucho más de lo previsto.
Ahora, toda la expectativa oficial está puesta en los F-16, un sistema muy superior en capacidades tecnológicas y de combate, pero cuya implementación exigirá inversiones sostenidas y un complejo proceso de adaptación operativa.
Con la salida definitiva de los A-4AR, la Fuerza Aérea cierra un ciclo de casi tres décadas y entra en una etapa de transición crítica, en la que el éxito o fracaso del programa F-16 será determinante para recuperar una capacidad de control efectivo del espacio aéreo.
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