Llegar a los 60 años sin un círculo íntimo de amigos puede parecer, desde fuera, un fracaso personal. Pero nuevas investigaciones sobre los cuidadores de personas con demencia y la soledad sugieren una interpretación más profunda de esta situación.
Un análisis sobre comportamiento social difundido por el portal especializado VegOut, sostiene que muchas personas que llegan a los 60 años sin amistades íntimas no carecen de habilidades sociales, sino que durante gran parte de su vida cumplieron el papel de apoyo emocional para quienes los rodeaban.
Es decir, fueron quienes escucharon, acompañaron y sostuvieron a familiares, compañeros de trabajo o amigos en momentos difíciles, aunque ese apoyo no siempre fue correspondido con la misma intensidad.
Hay adultos que, lejos de ser antisociales, eligen la soledad porque las relaciones superficiales les resultan más agotadoras que el tiempo a solas. No se trata de una incapacidad para socializar, sino de un cálculo personal: el contacto social trivial les consume más energía de la que les aporta.
La cultura suele etiquetar a estas personas como “antisociales”. Pero el antisocial desprecia las normas y el bienestar ajeno. Acá no hay desprecio: son adultos amables, cálidos y socialmente competentes en los encuentros que la vida les exige. Lo que no hacen es buscar más encuentros superficiales de los necesarios.
Múltiples factores
En muchos casos, el problema no radica en la falta de habilidades sociales ni en la aversión hacia las personas. Puede ser la larga carga del cuidado de otros, el agotamiento emocional y los años dedicados a ser el apoyo de los demás, sin recibir apenas ayuda a cambio.
Un estudio reciente publicado en The Journals of Gerontology, Series B, examinó a 223 cuidadores de personas con demencia, con una edad promedio de aproximadamente 61 años. Los investigadores analizaron si el número de amigos cercanos, las interacciones diarias y la carga del cuidado estaban relacionados con la soledad en tiempo real.
La cultura suele etiquetar a estas personas como “antisociales”.
Los resultados fueron claros, pero no simplistas. Los cuidadores con más amigos cercanos tendían a reportar menor soledad momentánea, y las interacciones con amigos se vincularon con una menor sensación de soledad, especialmente entre aquellos que asumían una mayor carga de cuidados.
Eso importa porque el cuidado de una persona puede reducir silenciosamente su mundo. Entre citas médicas, horarios de medicación, estrés familiar y simple cansancio, incluso responder un mensaje de texto puede convertirse en una tarea más en un día ya de por sí ajetreado.
El estudio no afirma que toda persona mayor de 60 años sin amigos íntimos haya pasado la vida cargando con las emociones de los demás. Eso sería demasiado simplista, y la vida real rara vez es tan ordenada.
El estudio no afirma que toda persona mayor de 60 años sin amigos íntimos haya pasado la vida cargando con las emociones de los demás.
Lo que esto sugiere es que la soledad en la vejez merece ser contextualizada. Para quienes cuidan a personas con demencia, la escasez de amistades cercanas no era simplemente un rasgo de personalidad. Formaba parte de un panorama más amplio, marcado por el estrés, la presión del tiempo y las exigencias emocionales de cuidar a alguien cuyas necesidades aumentan constantemente.
Piénsalo. Si alguien pasa años respondiendo a todas las llamadas de emergencia, gestionando los sentimientos de los demás y dejando sus propias necesidades en último lugar, la amistad puede dejar de ser un consuelo y empezar a sentirse como otro lugar donde debe actuar.
Cuidado
El cuidado de una persona con demencia no es un estrés común. El estudio señala que el deterioro cognitivo y el comportamiento impredecible pueden limitar la capacidad del cuidador para salir de casa, asistir a eventos sociales o mantener sus relaciones.
Personas que nacieron en los 60 y 70 y llegan a los 60 años sin amigos cercanos.
También existe el dolor emocional de ver cómo cambia una relación. Cuando un ser querido deja de reconocer al cuidador o se comporta de manera diferente, la persona que brinda los cuidados puede sentir una especie de soledad, incluso cuando rara vez está físicamente sola.
Ahí reside lo extraño. Una persona puede estar rodeada de obligaciones familiares, llamadas telefónicas y el bullicio del hogar, y aun así sentirse profundamente desconectada. Agenda repleta, red de apoyo vacía.
Para la psicología, las personas de 60 años que no tienen amigos no son antisociales.
Reciprocidad
Otro estudio , publicado en Aging & Mental Health, ayuda a explicar por qué los adultos mayores pueden volverse más selectivos con sus amistades. Descubrió que, para los adultos mayores, las amistades emocionalmente beneficiosas se asociaban con una mayor satisfacción vital que las amistades estrictamente recíprocas.
En pocas palabras, recibir más apoyo emocional de los amigos del que estos brindaban no era necesariamente algo malo para los adultos mayores. De hecho, en ese estudio se asoció con una mayor satisfacción con la vida.
Este hallazgo da un vuelco a una creencia común. Tras décadas de entrega, algunas personas quizás ya no deseen intercambios emocionales perfectamente equilibrados. Tal vez necesiten relaciones donde finalmente se les permita estar cansadas, tranquilas, necesitadas o simplemente humanas.
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