La plaga de la chicharrita, que propaga la bacteria Spiroplama y produce la enfermedad de “achaparramiento del país” registró en la última semana un “incremento exponencial” en su población, lo que disparó las alarmas en el sector y la necesidad de reforzar las tareas de control.
Si bien desde la Red de Monitoreo de Dalbulus Maidis aseguraron que la gran mayoría del maíz implantado ya no corre riesgos frente a la plaga, debido a que ya superaron el período de susceptibilidad, remarcaron como imperante ccontinuar obteniendo datos respecto al insecto vector y profundizar el monitoreo para evitar epifitias como la ocurrida en la campaña 2023/24, que le costó al país unas 12 millones de toneladas del cultivo.
“Es importante seguir generando información sobre todo el patosistema, monitoreando trampas y cultivos, remitiendo insectos a la red entomológica para establecer su infectividad e inspeccionando síntomas foliares, para establecer cómo evolucionan las distintas situaciones”, sostuvo el coordinador de la Red, Alejandro Vera.
Según marca el 39º informe de la entidad, con datos relevados entre el 17 de marzo y el 1 abril de 2026, en la región NOA, donde el 99% de las trampas estuvo instalada sobre maíz, fue la zona endémica de mayor crecimiento poblacional en este período: en el 67% de las localidades se capturaron más de 100 Dalbulus maidis por trampa, la categoría más alta.
“Esta marcada fase de incremento se corresponde con un predominio de cultivos que se encuentran en estadios fenológicos reproductivos intermedios (R3–R4). Adicionalmente, el informe presenta datos sobre el porcentaje de individuos portadores de CSS en tres localidades de esta región, que indican niveles moderados de portación del patógeno”, determinó el trabajo.
En la otra zona endémica, el NEA, donde el 97% de las trampas estuvo instalada en cultivos de maíz, la mayoría en estadios fenológicos reproductivos (R2–R3), las poblaciones de Dalbulus maidis también mostraron una marcada fase de incremento, con una dinámica similar a la observada en la región del NOA, y un 67% de las localidades con capturas en el nivel más alto.
En el Litoral, donde el 68% de las trampas fueron instaladas sobre maíz, un 70% registró capturas: el 27% de las localidades presentó niveles bajos (1 y 20 adultos por trampa) y el 24% registró la categoría más alta, principalmente en Entre Ríos.
En la región Centro-Norte, con un 89% de las trampas ubicadas en lotes de maíz, volvieron registrarse aumentos poblacionales del vector, que se detectó en el 87% de las localidades, con un 46% en la categoría máxima.
Finalmente, en el Centro-Sur, donde el 88% de las trampas estuvieron en cultivos de maíz, se observaron ligeros incrementos de la dinámica poblacional: la presencia de Dalbulus maidis pasó de un 20% a un 39% de las localidades, con un 4% en el nivel más alto.
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