Las estaciones de servicio europeas siguen suministrando combustibles y los aeropuertos siguen llenando los depósitos de los aviones, pero el cierre del Estrecho de Ormuz y el choque energético que provoca podría cambiar pronto esa situación de relativa normalidad. La Comisión Europea ya adelanta que si nada cambia en los mercados energéticos habría que empezar a tomar medidas en semanas o meses y ya está indicando a los gobiernos del bloque qué decisiones serían las primeras para consumir menos combustible, sobre todo queroseno de aviación y diésel para en transporte de mercancías por carretera.

El comisario de Energía del brazo ejecutivo de la Unión Europea, el danés Dan Jorgensen, contó al diario Financial Times que la Comisión Europea está evaluando “todas las opciones” porque “los precios de la energía serán más altos durante mucho tiempo” aunque se reabra Ormuz y vuelva a salir el petróleo y el gas del Golfo Pérsico. Fuentes comunitarias llevan días explicando que Europa no está todavía en una crisis de suministro, pero que podría estarlo si el conflicto, que ya cumplió seis semanas, se alarga. Esas mismas fuentes aseguran que no ven muchas probabilidades en un cierre limpio y rápido del choque entre Irán, por un lado, y Estados Unidos e Israel por el otro, y que eso tendrá consecuencias en los mercados energéticos europeos.

Jorgensen asegura que no hay que racionar por ahora, pero sí hay que prepararse para hacerlo en los próximos meses si sigue el conflicto.

Las primeras medidas que apunta la Comisión Europea no son muy disruptivas, pero los ciudadanos podrían empezar a notarlas pronto. Sobre todo en el sector del transporte.

Bruselas pide a los gobiernos, por ejemplo, que reduzcan la velocidad máxima en autopistas para reducir el consumo de combustible (se calcula que un auto que circula a 100 kilómetros por ahora consume un 15% menos que uno en las mismas condiciones a 120 kilómetros por hora).

Una valla publicitaria que muestra una imagen del líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Khamenei, en el centro de Teherán, Irán. Foto AP

En la carta de Jorgensen a los gobiernos se les señala también que deben fomentar el uso del transporte público y del teletrabajo para reducir los movimientos de personas y empezar a reducir el número de vuelos, aunque eso empieza a hacerlo el mercado por su cuenta por el aumento del precio del queroseno de aviación, que se ha doblado en estas semanas de guerra.

La carta no apunta más medidas, pero la Comisión Europea sí estudia, cuentan las mismas fuentes comunitarias, una lista de sugerencias que hizo hace dos semanas la Agencia Internacional de la Energía. Entre ellas una que no se activa en Europa desde los años 70 del siglo pasado. Se trataría de reducir a la mitad el uso del auto alternando su uso en función de su matrícula. Los días pares podrían salir a las calles y carreteras los autos con matrículas pares y los días impares los autos con matrículas impares.

El discurso y las sugerencias de Jorgensen y de la Comisión Europea variaron en apenas días. Si ahora empiezan a pedir esas medidas, el 20 de marzo pasado, con la guerra ya por su tercera semana, decían que no había ningún riesgo para el suministro en Europa, que no veían necesidad de tomar medidas excepcionales y que el continente estaba “relativamente protegido” porque sus importaciones de hidrocarburos desde el Golfo Pérsico en particular y desde Oriente Medio en general eran limitadas.

La única medida que se planteaba hace un mes es una que se toma cada año desde que empezó la guerra en Ucrania, el llenado de las reservas europeas de gas en primavera y verano para tenerlas llenas antes de las próximas estaciones de otoño e invierno. Ahora mismo esas reservas no llegan al 30% de su capacidad.

La subida radical del precio del queroseno de aviación preocupa en la Comisión Europea porque una reducción sustancial de vuelos en Europa en los próximos meses podría afectar de lleno a la campaña de primavera y verano del turismo, un sector económico esencial en el bloque y vital para las economías europeas del Mediterráneo.

El combustible, cuenta la Comisión Europea, supone entre un 25% y un 30% del coste total de operación de las aerolíneas, por lo que duplicar su precio les hace un agujero económico. Según la IATA (siglas en inglés de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo) el barril de queroseno de aviación pasó de 99,4 dólares el 27 de febrero a 195,19 dólares un mes después, el 27 de marzo.

PB