La calle Ayacucho está vallada y custodiada por un vistoso cordón policial en la esquina con Comercio. También hay vallas y policías con sus armas largas en todo el perímetro de la Plaza Murillo, donde está el Palacio Quemado -antigua sede de la Presidencia de Bolivia-, el Parlamento y la Catedral. Para llegar a la entrada de la Gran Casa del Pueblo, el imponente edificio construido durante la presidencia de Evo Morales para trasladar las oficinas del Ejecutivo, hay que caminar poco más de una de las cuadras más empinadas del centro de La Paz. Allí no cesó el movimiento este sábado, mientras el gabinete del presidente Rodrigo Paz trabaja sin pausa para lograr un diálogo con los sectores opositores para tratar de aplacar una crisis que lleva varias semanas sin solución a la vista.
Allí, en el piso 20 de esa torre moderna, con una vista privilegiada a los cerros de La Paz, el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, recibió a Clarín, poco antes de emprender, junto con otros ministros y la mediación de la iglesia católica, una ronda de conversaciones con algunos de los grupos campesinos que desde hace tres semanas bloquean rutas en reclamo de la renuncia del presidente.
-¿Por qué estalló esta crisis y qué plan tiene el gobierno?
-Hoy día yo veo tres áreas que se han juntado. Una que son las reivindicaciones salariales periódicas, como en cualquier parte, para reponer el poder adquisitivo por la inflación del año pasado, que afecta a maestros rurales, maestros urbanos, empleados fabriles, mineros asalariados, sector público. Y son reivindicaciones legítimas por los canales correspondientes para discutir su posición salarial. En el otro extremo se han instalado grupos claramente antidemocráticos, desestabilizadores, que caen en el campo de la sedición y que van con una sola consigna, que es inaceptable y es anticonstitucional, la renuncia del presidente. Estos grupos son los que pertenecen al pasado que no termina de irse. Bolivia está en un punto de inflexión.
El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo. Foto: AFP
-¿Por qué?
-Esta no es una crisis social ni un conflicto social únicamente, es un ataque claro y directo a la democracia de quienes perdieron por el voto popular en las elecciones del año pasado y que se resisten a perder sus privilegios, a perder el poder, el autoritarismo con el que estaban manejando al país, y la crisis a la que nos trajeron. Una crisis sin precedente que no sólo es económica. Es política, es social, es moral, es institucional, es resultado de más de 20 años. Bolivia sale en democracia, en libertad y en paz de este período de 20 años. Pero un grupo muy pequeño pretende desestabilizar esto. Rodrigo llegó con el 55% de los votos, los grupos movilizados no sobrepasan las 30 mil personas, pero claramente son activistas muy fuertes que cercan la ciudad de La Paz.
-Usted habló de tres grupos...
-Esos son los dos extremos. Pero al medio hay un grupo que es el que le estamos dando la mayor atención y es de mayor nivel de complejidad hoy. Son los sectores campesinos de Occidente boliviano, que han sido históricamente postergados y desatendidos, pertenecen a La Paz, Oruro y Potosí. Son grupos de ascendencia aymara en su mayoría, y también quechua. Bolivia es un país plural y hay que enfocarlo de esa manera. Si no somos capaces de tener una estructura inclusiva para desarrollar también a estos sectores, obviamente se generan este tipo de contradicciones y general algo que es muy grave en Bolivia: la polarización entre regiones, con contenidos todavía étnico raciales, lo cual obviamente nos hace muchísimo daño como sociedad. Estos grupos votaron masivamente por el presidente Paz y sintieron que Paz se fue a gobernar más en una región moderna como Santa Cruz con el empresario. Entonces tenemos que tener una política clarísima de desarrollo y de inclusión social con este grupo. Ese es el mayor esfuerzo que hoy estamos haciendo. Por eso los hemos convocado al diálogo, con la mediación de la Iglesia Católica y otras organizaciones.
-¿Qué rol juega el ex presidente Evo Morales en las protestas de estos grupos que usted llama sediciosos?
-Para nosotros, no existe una mesa de negociación con este grupo, porque la democracia no se negocia, la democracia se defiende y eso es lo que vamos a hacer y tenemos felizmente el apoyo de la gente, que votó libremente en democracia y también de los países de la región que apoyan la institucionalidad democrática en Bolivia. Este grupo que se resiste a irse tiene una sola consigna que es ilegal, la renuncia del presidente. Y Evo Morales ha mostrado la misma postura. Es inaceptable. Ellos han estado 240 meses en el gobierno, han deshecho el país, nos han dejado un país arrasado, y en seis meses no les gusta el presidente y quieren su renuncia. Eso es absolutamente inaceptable. En estos seis meses hemos privilegiado la estabilidad, las bases del crecimiento, la gobernabilidad, y tocan ahora las grandes reformas.
La Policía de Bolivia realiza un operativo de desbloqueo en la vía de La Paz con Oruro este sábado, en Ventilla. Foto: EFE
-¿Por qué estalla ahora esta crisis?
-Por un factor oportunista que probablemente deberíamos haber visto antes. Siempre hay un tema salarial que genera conflictividad social. Hubo en enero un movimiento de todos estos grupos campesinos del occidente de Bolivia que fue una primera advertencia y campanazo que debió tal vez verse con mayor atención. Y a estos grupos se junta este movimiento desestabilizador aprovechando lo que estaba ocurriendo.
-¿Esto tiene relación con el juicio contra Evo Morales por supuesto abuso de una menor?
-Puede ser porque ya ha salido una orden de aprehensión contra Evo y obviamente el juicio está avanzando. Pero yo creo que lo más fuerte es la resistencia al cambio. Bolivia votó por el cambio y estos grupos se resisten al cambio porque quieren guardar esos privilegios. Recordemos cuándo y por qué se va Evo: porque se quiere quedar eternizado en el poder, y Bolivia reacciona y lo echa. Deja un vacío de poder, se va a una sucesión constitucional, se llama a elecciones y vuelve a ganar el MAS, legítimamente. Y gobierna cinco años más y nos lleva a una crisis tremenda.
-El gobierno apuesta a lograr una solución este fin de semana. ¿Con qué Bolivia nos encontraremos el lunes?
-Desde la perspectiva nuestra como responsables en el gobierno, esta crisis política, social que estamos viviendo tiene que servirnos para realmente estructurar el pais, que sea viable, que sea gobernable. La estabilidad está en la Asamblea Legislativa (Parlamento) pero también en las calles de Bolivia. Y en las calles tiene que haber un nivel de comprensión adecuado para ver los beneficios de lo que queremos hacer con el país. Esta política de inclusión, de integración de desarrollo de estos sectores, más lo que se viene trabajando con el Oriente de Bolivia, el sector orientado a las exportaciones, al sector privado, creo que va a terminar de consolidar esta visión de gobernar un país plural, complejo, con inclusión pero con una visión de apertura y trabajo claro hacia adelante.
Camiones varados en la ruta a La Paz tratan de avanzar tras el desbloqueo de las rutas. Foto: REUTERS
-Muchos analistas en estos días señalaban al gobierno de Rodrigo Paz como débil, pues no logró evitar que se llegara a esta grave situación de desabastecimiento en La Paz por los bloqueos de rutas. ¿Tiene el gobierno la fuerza suficiente para resolver el conflicto?
-Este es un tema muy importante, porque es una cuestión de pulso, celeridad y responsabilidad. En Bolivia tradicionalmente, los gobiernos, incluso democráticos, han hecho uso del estado de sitio, del estado de excepción cuando había convulsiones sociales de esta naturaleza. Pero los bloqueos se alimentan de violencia. Cuando deja de haber violencia, la energía de los bloqueos se acaba. Los violentos se alimentan de más violencia. Las provocaciones que se han dado para que nosotros reaccionemos con una represión más fuerte hacia los sectores movilizados buscaba muertos, era una provocación para entrar en una espiral de violencia. Y tiene un costo inmenso para nosotros no hacerlo. Pero tiene un resultado muy importante que es instalar el diálogo. La clase media de la ciudades nos dice: haz algo, garantizame medicinas, comida, y tienen razón. Pero no confundamos la firmeza con la torpeza. No le echemos más gasolina al fuego y no generemos más violencia. Yo sigo creyendo que el diálogo es el mejor y más eficaz instrumento.
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