Entrevista con Óscar Martínez: “Nayib Bukele no tiene un proyecto ideológico, tiene un proyecto mesiánico para mantenerse en el poder absoluto”

Un graffiti que exalta la figura del presidente Nayib Bukele en Soyapango, El Salvador. Foto: REUTERS/Jose Cabezas

  • En este libro, el desterrado periodista Óscar Martínez traza un perfil electrizante del presidente salvadoreño.
  • El autor es experto en violencia, migraciones, pandillas y fue premiado por la Universidad de Columbia.
  • "Bukele es un hombre que más que ideas tiene ocurrencias", sostiene el autor.

"Estoy viviendo en México, reconocieron mi calidad de exiliado y ya soy residente permanente”, dice Óscar Martínez, notable periodista salvadoreño desde Perú, donde está participando de un congreso sobre periodismo e investigación. Es jefe de redacción de un medio vibrante y notable como ElFaro.net, que ha retratado la historia de su país de las dos últimas décadas. Fue amenazado por el gobierno del presidente Nayib Bukele al igual que otros 50 colegas e innumerables ciudadanos que viven desparramados por todo el mundo.

Óscar Martínez, escritor salvadoreño exiliado en México. Investigó a Bukele y a las mafias de su país.

Martínez, que conoce el terreno y el personaje, publicó un libro titulado Bukele, el rey desnudo (Anagrama), un perfil sobre este presidente y el país que hoy gobierna, que se lee conteniendo la respiración. Sorprenden los giros ideológicos de Bukele, su estilo: todo provoca sensaciones corporales, tal como lo hacía el libro que habla de San Salvador, de Horacio Castellanos Moya, El asco. En un alto del congreso al que estaba asistiendo respondió la llamada desde Buenos Aires.

–¿Cómo es que Bukele pasó de elogiar al Che, a Cuba, de militar en la izquierda a ser hoy un presidente de ultraderecha?

–Bukele arranca en con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que había llegado a la presidencia en 2009. Y Bukele iba vestido de rojo a todas las concentraciones como alcalde de un pequeño municipio llamado Estado de Nuevo Cuscatlán desde 2012 hasta que en 2015 logra ser candidato de la izquierda a la alcaldía de San Salvador. Era alguien que decía que el modelo centroamericano debía ser el de la Nicaragua de Daniel Ortega. Bukele decía públicamente que era de izquierda y lo argumentaba en Twitter. Después intentó borrar 144 tweets donde expresaba sus ideas de izquierda, en ElFaro.net los recuperamos. Sus padres eran dueños de una agencia de publicidad que le hacía campañas políticas a la izquierda salvadoreña. Bukele no es un outsider, durante seis años vistió la camiseta roja de un partido emblemático de la izquierda latinoamericana.

–En su camino político, ¿Alguna vez se autocalificó como liberal?

–Bukele no tiene un proyecto ideológico, tiene un proyecto mesiánico donde la regla esencial es mantenerse en el poder absoluto. Él no dejó la izquierda en El Salvador por razones ideológicas sino porque no le daban la candidatura a presidencia. Bukele forzó su expulsión cuando empezó a criticar públicamente al FMLN. Siempre quiso ser presidente de El Salvador y llegó a la presidencia en 2019 con Gran Alianza para la Unidad Nacional un partido de ultraderecha conocido como GANA, fue el único que se prestó como el taxi para que Bukele se inscribiera como candidato presidencial. En ese momento estaba Trump en su primer periodo. Y como si hubiera tenido una amnesia absoluta, de repente se vendió como un hombre conservador y terminó en el Heritage Foundation dando discursos. Un día Bukele dijo: “Me he decepcionado de mis posturas de izquierda”. De repente apareció siendo un trumpista declarado.

Bukele, el rey desnudo, de Óscar Martínez (Anagrama). Foto: gentileza.

–¿Bukele tiene un plan o va probando y descartando?

–Para volver a ser presidente, Bukele violó cuatro artículos de la Constitución. Después, ganó y salió al balcón a proclamarse ganador. Demostró que incluso la violación de la Constitución era algo simbólico, que a decir verdad él ya se sabía permaneciendo en el poder. Y luego, asume en ese acto al que llega Milei. Desde el balcón le exige a la gente que estaba en la plaza, una lealtad como no lo habíamos escuchado antes, les pide que levanten la mano y recita una especie de oración. Eso no era un acto cívico, era un acto religioso. Un dictador hablando como tal.

Milei y Bukele en el balcón de la Casa Rosada en Buenos Aires, 30 de septiembre de 2024. Foto: AP /Natacha Pisarenko.

–¿Siempre fue religioso o adquirió las formas para mezclarlo con política? ¿Es evangelista?

–No, fíjate que hay varias imágenes reales donde está junto con su familia en actos musulmanes, la religión que muchos miembros de su familia practican. No hay evidencia de que Bukele la haya practicado constantemente, pero está en una mezquita orando junto con sus hermanos. Cuando era del FMLN no mencionaba a Dios. Hay otra foto con representantes de la comunidad LGBTIQ y sale posando como un aliado y se vende como quien va a defenderlos en la campaña presidencial. Luego eliminó cualquier idea progresista y se revistió como un católico, pero con visos evangélicos o neopentecostales. De hecho creó el Día Nacional de la oración.

–¿Cómo neutralizó a las maras, las temidas pandillas?

–Dijo que no tenía idea de cómo había resuelto el problema de las pandillas, que eso a todas luces había sido un milagro. ¿Qué había ocurrido en El Salvador? Era exactamente una batalla literalmente entre Dios y el diablo. Bukele se convirtió en eso porque le pareció que en ese momento eso era lo adecuado. Bukele no era así años atrás.

–Él suele justificar algunas medidas de gobierno diciendo que es la voluntad de Dios…

–Bukele es un hombre que más que ideas tiene ocurrencias. En 2021, anunció la adopción del bitcoin como moneda legal. Una ocurrencia. Y después la derogó cuando el FMI se lo exigió para darle un préstamo de 1200 millones. De repente pacta con las pandillas, y luego ocurre una masacre terrible. Y entonces dice, “Hasta aquí llego” e impone el “régimen de excepción.” Es alguien que de repente se entusiasma y promete que va a haber un tren por todo la costa del Pacífico en El Salvador y luego eso no se vuelve a mencionar. Es alguien que se ilusiona muy rápidamente con las cosas y ahora mismo, en este entorno de contagio político donde Trump está siendo ungido por pastores evangélicos en Estados Unidos, a Bukele le ha resultado que es una buena ocurrencia venderse él de la misma manera. No es alguien que tiene un plan articulado.

Bukele retratado en una taza en un mercado salvadoreño. Foto: Marvin RECINOS / AFP.

–Al mismo tiempo tenemos un estado de pobreza que no se ha modificado...

–Por el contrario, hay más de 300.000 personas que han caído en la pobreza extrema desde que Bukele llegó al poder. Cerca del 60% de la sociedad salvadoreña vive de una economía informal. En las encuestas la gente dice, “No podemos pagar ni la canasta básica.” El Salvador ahora mismo es un desastre económicamente.

–Vos planteás en el libro que El Salvador sí logró alcanzar una tasa más alta del mundo y es la de encarcelamiento. ¿De qué sirvió lograr eso?

–Es algo que no él no previó y que luego no tuvo la valentía política de darle marcha atrás. El 26 de marzo de 2022, la Mara Salva Trucha asesinó 87 salvadoreños, que no eran miembros de pandillas. Y entonces Bukele reacciona de una forma muy violenta. No solo asegura que va a haber un régimen, sino que va acabar con las pandillas y lo ven encarcelar gente. Ese discurso político permea junto con las reglas del régimen de excepción, que eran reglas muy pocas claras que dotaban de poder a militares y policías hacen que la policía salga a llenar ese discurso político. Y en cuestión de semanas había más de 30.000 capturados, sin ningún proceso investigativo, sin tatuajes, algunas delegaciones de policías empiezan a capturar gente que sabían que no era pandilleros. Hay policías que utilizaron este recurso para quitarse de encima a un vecino incómodo o para dirimir un conflicto personal o para desalojar vendedores de las calles.

La ex ministra de seguridad Patricia Bullrich junto al ministro de justicia de El Salvador Gustavo Villatoro durante una visita a la cárcel "modelo" conocida como Cecot, en Tecoluca, El Salvador. Foto: EFE/ Gorbierno de El Salvador.

–El Cecot, esa cárcel modelo que exhibe Bukele y que ya parece un destino del turismo extremo a alcanzar...

–A mí me sorprende cómo el mundo compra pequeñas estampas y cree que entiende. Muchos habrán visto un video de 15 minutos en YouTube del Cecot y creen que Bukele es un estadista de la seguridad. En El Salvador hay 22 cárceles. El Cecot es un montaje que Bukele quiere que ustedes vean, allí están los presos más tatuados. La mayoría, ya estaba capturada antes de que Bukele llegara a la presidencia. Los recolectaron de las demás cárceles y lo llevaron al Cecot. Es claro que son pandilleros o lo fueron. Hay algunos que, incluso con tatuaje en la cara habían salido y habían adoptado el evangelio. Eso es un montaje. Los han puesto en esa cárcel para que los youtubers se paseen, para que los políticos argentinos, estadounidenses vayan y se tomen una foto con 50 hombres con la cara tatuada encerrados en una jaula. En las demás cárceles hay torturas sistemáticas y hay un montón de presos que no tienen ningún tatuaje en el cuerpo. Él es experto en hacer que el mundo mire donde él quiere que mire.

–¿Qué pasa con las mujeres? ¿En qué lugar las ubica?

-No creo que a Bukele le interese particularmente nada vinculado con la equidad de género. Piensa en términos de lealtad, no de género.

Bukele hecho muñeco. Foto: REUTERS/Jose Luis Gonzalez

–¿Cómo es la relación actual con la prensa? Sabemos que hay ataques y de hecho vos estás exiliado…

–La prensa es la que ha descubierto cómo él y su familia han acumulado riqueza. La prensa es quien ha puesto información de esa naturaleza que ha llevado al departamento de Estado de EE. UU. a sancionar a funcionarios públicos de Bukele y que ha llegado a hacer que se mencionen sus pactos con la Mara Salvatrucha en un juicio de Nueva York. Por eso Bukele nos quiere fuera y nos ha mandado amenazas con policías, mensajes a por redes sociales, con acusaciones a medios como El Faro de lavado de dinero, ha ido cercándonos hasta hacernos entender que al final está la cárcel. Ha logrado que la gente se exilie. Yo estoy exiliado como lo están más de 50 colegas míos, según la Asociación de Periodistas del Salvador.

–Esa “levita” que viste ha sido hasta comparada con la de un personaje de Star Wars. Es muy llamativo, quiere distinguirse. ¿Por qué?

–Manda un mensaje articulado con su construcción de imagen. La ropa tiene un mensaje y remite a cuestiones militares, a emperadores, a todopoderosos. Él no se vende como el clásico presidente de derecha o izquierda de América Latina que abraza viejitas y besa niños, se vende como un semidios, un rey, no como un presidente.

Muralismo salvadoreño. Bukele en primerísimo primer plano en un edificio del barrio Zacamil, San Salvador. Foto: Yuri CORTEZ / AFP.

–¿Es un buen orador? ¿Un encantador de serpientes?

–Creo que Bukele es un narrador muy eficiente. Ahora estoy andando por Perú no hay taxista que no te diga lo maravilloso, lo eficiente que es Bukele. Que un hombre dé un discurso diciendo que en un país empobrecido como El Salvador gracias al bitcoin, una moneda que nadie sabe usar, que va a empezar la evolución de la humanidad o que se ponga a orar en una plaza con la mano alzada, y que diga lo que significa tomarse una cerveza en la ONU, es ridículo.

El escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya habla durante un encuentro literario en el Festival Centroamérica Cuenta en Ciudad de Guatemala (Guatemala). EFE/ Mariano Macz

–Leyéndote, siento que no hay respiro por la cantidad de cosas que contás, por el ritmo envolvente y asfixiante. Recordé El asco, el libro de Horacio Castellanos Moya...

–No lo había pensado. Él es mi escritor vivo favorito, lo admiro mucho y he consumido casi todos sus libros. Me encantaría tener algún gesto literario de él. Yo no escribo desde la rabia pero sí hay un tipo de asqueamiento en mí ahora mismo, no lo puedo negar. Me asquea un país que ha sometido tanto a su gente que ni siquiera pueda comprender, ni entender por qué debían de haber defendido la Constitución. ¿Por qué eso que suena tan raro iba a terminar afectando sus vidas? Como cuando piden habeas corpus para preguntar dónde está su hijo al que se llevó un soldado. Ya no hay quien le responda. Me asquea un país dispuesto a entregar incluso a sus inocentes, a sus madres y a sus padres campesinos a cambio de que acaben con una mafia tan violenta como lo fueron las pandillas, me asquea tantos y tantos funcionarios y empleados públicos dispuestos a asumir con cobardía el rol que creen que la historia les ha puesto en sus manos. Me asquean los forenses que están llenando las fichas de los cadáveres que salen de las cárceles calcando la misma causa de muerte: edema pulmonar, edema pulmonar, edema pulmonar. Me asquean los fiscales que dijeron, “Ok, voy a arrestar gente sin pruebas". Me asquean los policías que entendiendo que estaban llevándose un inocente, lo subieron a la patrulla y se lo llevaron. Sí, me asquean muchas cosas de mi país.

Grandes periodistas: Jon Lee Anderson, Ronna Rísquez, Bruno Paes Manso y Óscar Martínez.


Óscar Martínez. San Salvador, El Salvador, 1983.

Es jefe de redacción de Elfaro.net y autor de los libros Los migrantes que no importan, La bestia y Una historia de violencia. Es coautor del libro de crónicas Jonathan no tiene tatuajes y de Crónicas negras. Desde una región que no cuenta. También de Los muertos y el periodista y El niño de Hollywood junto a Juan José Martínez. Recibió el premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia y el Premio Internacional a la Libertad de Prensa, del Comité para la Protección de Periodistas y el Premio Hillman.