El envejecimiento del cerebro ya no se entiende como un proceso inevitable y pasivo, sino como un fenómeno influido por múltiples factores modificables a lo largo de la vida.

En las últimas décadas, la neurociencia ha demostrado que los hábitos cotidianos tienen un impacto directo sobre la salud cognitiva, el estado de ánimo y la capacidad de adaptación del cerebro frente al paso del tiempo. Desde el descanso hasta las relaciones sociales, distintos elementos pueden contribuir a ralentizar el deterioro cerebral.

En esa línea, el sueño aparece como uno de los pilares centrales. No solo por su función reparadora, sino también por su papel en la regulación emocional y la memoria. Cada fase del descanso cumple una función específica, y dentro de ellas, el sueño REM —asociado a los sueños más intensos— adquiere un rol cada vez más relevante en la comprensión del envejecimiento cerebral saludable.

Diego Redolar, neurocientífico: “Es bueno tener pesadillas y cuanto más negativas, mejor”

El neurocientífico Diego Redolar sostiene que el descanso profundo permite al cerebro “recuperarse de lo que ha sucedido en vigilia” y eliminar residuos metabólicos acumulados durante el día, una función clave para prevenir enfermedades neurodegenerativas. “Si esta función no se realiza, el riesgo de tener enfermedades como el Alzheimer es mayor”, advierte.

Aunque generan malestar, las pesadillas podrían ser parte de un proceso natural que fortalece la salud mental.Foto: Pexels

Sin embargo, uno de los aportes más llamativos de su planteo se centra en el valor de las pesadillas. Según explica a La Vanguardia, durante el sueño REM el cerebro no se apaga, sino que “aumenta incluso más que en vigilia”, dando lugar a experiencias oníricas intensas. En ese marco, afirma: “Es bueno tener pesadillas y cuanto más negativas, mejor”.

Desde el punto de vista de la neurociencia cognitiva, Redolar afirma que estas experiencias cumplen una función adaptativa. Tal como describe, actúan como una especie de simulación emocional: “Es como si nos entrenáramos durante el sueño”, ya que el cerebro activa las regiones implicadas en el procesamiento de las emociones.

El beneficio radica en que ese “entrenamiento” ocurre en un entorno ficticio. De esta manera, cuando una persona enfrenta situaciones reales de estrés o carga emocional, las estructuras cerebrales responden de forma más regulada. “Cuando llega la vida real, esas estructuras se activan menos”, lo que permite una mejor gestión emocional.

Este mecanismo tiene implicaciones directas en el envejecimiento cerebral. Redolar remarca que evitar trastornos como la ansiedad o la depresión es fundamental, ya que estos afectan negativamente al cerebro no solo en el plano emocional, sino también cognitivo. En este sentido, las pesadillas funcionarían como una herramienta natural de prevención: ayudan a entrenar la respuesta emocional y, por lo tanto, a reducir el impacto de estos trastornos a lo largo del tiempo.

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Es que, en palabras del especialista, el envejecimiento saludable no depende de un único factor, sino de la combinación de hábitos sostenidos. “Podemos llevar a cabo acciones en nuestro día a día que promueven la salud cerebral”, señala, destacando que existe evidencia creciente sobre cómo estos comportamientos influyen en la cognición y el estado de ánimo.

Entre esos factores, el control del estrés ocupa un lugar central. A nivel cerebral, el exceso de cortisol puede alterar áreas clave como el hipocampo (vinculado a la memoria) y la corteza prefrontal (relacionada con la toma de decisiones). Cuando este estado se prolonga, se dificulta la regulación emocional y se incrementa el riesgo de deterioro cognitivo.

Para contrarrestarlo, se destacan elementos como el apoyo social, el ejercicio físico y prácticas como la meditación. “El apoyo social sería el factor imprescindible”, afirma, ya que reduce significativamente los efectos del estrés sobre el cerebro.

Las pesadillas podrían contribuir a un envejecimiento cognitivo más saludable.

En conjunto, estas conductas contribuyen a lo que se denomina “reserva cognitiva”, una especie de capital cerebral que permite resistir mejor el paso del tiempo y retrasar la aparición de síntomas asociados a enfermedades neurodegenerativas. “Si a lo largo de nuestra vida vamos implementando buenos hábitos, le damos a nuestro cerebro reserva cognitiva”, explica.

Así, el planteo del especialista redefine la forma de entender el descanso y las emociones negativas. Las pesadillas, lejos de ser un signo de alerta, podrían cumplir un rol protector: entrenan al cerebro, fortalecen la regulación emocional y contribuyen, de manera inesperada, a un envejecimiento cerebral más saludable.