Garabatear en los márgenes del cuaderno suele tener mala fama. En la escuela o en la universidad, durante mucho tiempo se interpretó como una prueba de que el estudiante estaba en otra cosa, desconectado de la explicación.
Pero la psicología abrió hace años una posibilidad menos intuitiva: que ese gesto aparentemente inútil funcione, en algunos contextos, como una ayuda para sostener la atención.
La idea resulta llamativa porque contradice una creencia bastante instalada: que prestar atención implica quedarse completamente quieto y concentrado en una sola cosa. Sin embargo, algunos especialistas sostienen que el cerebro no siempre funciona de manera tan lineal.
En tareas largas, repetitivas o monótonas, pequeñas acciones automáticas -como mover una lapicera, hacer trazos simples o garabatear- podrían ayudar a evitar que la mente se desconecte por completo. Y fue justamente eso lo que algunos estudios empezaron a investigar.
Qué encontró la psicología sobre los garabatos y la atención
El estudio más citado sobre el tema lo publicó la psicóloga británica Jackie Andrade en Applied Cognitive Psychology. Allí observó que las personas que realizaban un garabateo simple mientras escuchaban un mensaje monótono recordaban más información que quienes solo escuchaban.
Durante años se creyó que garabatear en clase era señal de distracción o desinterés. Foto: ilustración Shutterstock.
El experimento fue relativamente sencillo. Cuarenta participantes escucharon un mensaje telefónico deliberadamente aburrido. La mitad recibió la consigna de sombrear figuras impresas mientras oía el audio. Luego, sin haber sido advertidos de que habría una prueba de memoria, todos debieron recordar nombres y lugares mencionados.
El grupo que garabateó obtuvo mejores resultados: recordó alrededor de un 29% más de información. La explicación fue que esa pequeña tarea secundaria impedía que la mente entrara en lo que la autora llamó “daydreaming”, una especie de ensueño o desconexión mental. En vez de distraer, el garabato habría ayudado a sostener el hilo de la escucha.
La idea tuvo mucho eco porque cuestionaba una creencia muy extendida: que toda actividad paralela daña la atención. Pero la propia investigación sugiere algo más matizado.
No cualquier dibujo sirve ni en cualquier contexto. Lo que parecía útil era un garabateo simple, repetitivo y de baja demanda, realizado durante una tarea especialmente repetitiva. Es decir, no una ilustración compleja ni una actividad creativa absorbente, sino un gesto mínimo que ocupa lo justo como para que la mente no se escape demasiado lejos.
Más recientemente, sin embargo, otros trabajos pusieron algo de cautela sobre el hallazgo original. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Guelph, en Canadá, no encontró mejoras claras en atención o memoria asociadas al garabateo durante tareas de aprendizaje. Los investigadores sugirieron que el beneficio del garabateo podría depender mucho del contexto y del tipo de tarea.
En otras palabras, no puede afirmarse de forma tajante que todos los estudiantes que garabatean desarrollan automáticamente una ventaja poderosa. Lo que sí puede decirse es que el viejo prejuicio contra el garabato quedó debilitado: en ciertas condiciones, no parece ser una pérdida de tiempo, sino una forma rudimentaria de autorregular la atención.
Un estudio muy citado mostró que, en ciertas tareas aburridas, los garabatos pueden ayudar. Foto: ilustración Shutterstock.
Eso también explica por qué muchos estudiantes dicen que “escuchan mejor” cuando dibujan líneas, formas o patrones mientras alguien habla. Tal vez no se trate de desinterés, sino de una estrategia espontánea para mantenerse en el hilo de la explicación sin sucumbir al tedio.
La psicología no convierte al garabateo en una técnica universal de estudio, pero sí le reconoce algo que antes se le negaba: a veces, esos trazos distraídos son menos una fuga que una forma silenciosa de seguir presentes.
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